Amalia Correcher, deporte contra la esclerosis: “Me salvé de la silla de ruedas porque seguí moviéndome”
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Amalia Correcher, deporte contra la esclerosis: “Me salvé de la silla de ruedas porque seguí moviéndome”

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Seguramente llorar, venirte abajo ante el drástico cambio de hábitos que va a tener que sufrir tu vida y lamentar lo que ya no podrás hacer en el futuro… aunque también hay gente que lucha, que prefiere explorar los límites de su cuerpo y de la enfermedad antes que dejarse caer en brazos de una existencia sin alicientes.

Es el ejemplo que, a través de su vida diaria, manda la valenciana Amalia Correcher a todos aquellos que, enfermos o no, se interesan por seguir hacia adelante contra viento y marea. Una luchadora incansable que supera a diario la esclerosis múltiple gracias al deporte y al crossfit, de la mano de su ‘socio’ y pareja Quique García en un proyecto de entrenamiento y motivación llamado ‘BodyLab’.

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El deporte como salvavidas al que aferrarse

A Amalia ningún médico le ofrecía una solución clara y concisa a su problema en las piernas. “Cuando tenía 25 años empecé a caerme, se me dormían las piernas al levantarme, al hacer deporte y en definitiva al hacer una vida normal. Iba al hospital y sólo me decían que me duchara con agua caliente y fría, que era una cosa de nervios o estrés”, cuenta la joven pedagoga valenciana. Y ella, por si acaso, nunca estuvo quieta ni dejó que este contratiempo lastrara su pasión por la actividad física.

No paré nunca de practicar deporte. En aquella época además yo acababa de empezar a correr más en serio y me introduje en el mundillo de las 10K, estaba enloquecida con ese tema. Iba al gimnasio y salía a correr siempre que podía, pensaba que si me quedaba en casa iba a ser peor. Conozco casos de mi enfermedad en los que, al no haber seguido practicando deporte, los afectados ahora van en silla de ruedas”, añade Amalia.

Su enfermedad, la esclerosis múltiple, no le golpeó a ella con la dureza que de primeras influye en otros pacientes, porque ya se sabe que cada caso es un mundo, pero hasta dar con la respuesta a sus problemas de salud hubo que pasar primero por uno de los episodios que recuerda con más dolor Amalia. “Medio año después de lo de las piernas empecé con problemas en un ojo, pero el trabajo y el estrés diario no me dejaban prestarle atención”.

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“Era un aviso del cuerpo, porque un día al terminar de trabajar y subirme al coche para irme a casa ya no veía nada. Llegué andando a Urgencias con la ayuda de un hombre que pasaba por la calle y allí me dijeron que era un orzuelo, que si me sentía igual de mal al día siguiente acudiera al especialista”, recuerda indignada, consciente de que lo que se encontró en el diagnóstico médico poco después era aterrador. “Al día siguiente me dijeron que si no llego a volver a Urgencias me hubiera reventado el ojo, y me hubieran tenido que poner uno de cristal”.

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A partir de ahí permaneció ingresada casi un mes después de haber sufrido 3 neuritis ópticas en un año, sin recuperar totalmente la visión y sin un diagnóstico exacto sobre las causas de tanto dolor, hasta que por fin le dijeron las palabras clave: esclerosis múltiple. Fue una ‘bomba’ que destrozó su rutina y esquemas de vida, pero a la vez le animó a encontrar la forma de afrontar cada obstáculo del camino, le dio fuerzas para no dejar jamás de mirar hacia adelante.

Te dan unas pautas, pero también me dijeron que investigara mi cuerpo. En ese momento decidí echarme aún más en brazos del deporte, y creo que puedo decir que me salvé de la silla de ruedas porque seguí moviéndome”, afirma con rotundidad.

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De casi quedarse ciega a correr un Maratón

“Me replanteé mi vida, con 25 años y sabiendo que mis prioridades tenían que cambiar. Mi prioridad era no quedarme ciega, lo del ojo fue el peor episodio de mi vida. He sufrido muchas experiencias desagradables, pero pensé que si el deporte me sentaba tan bien por qué iba a dejar de hacerlo, así que tras el diagnóstico de la esclerosis múltiple me decidí a correr mi primer Maratón”, recuerda.

Y fue entonces cuando se cruzó en su vida Quique García, la otra mitad de Amalia, y juntos forman BodyLab Unconventional Gym. Una forma diferente y nada convencional de hacer deporte, pero sobre todo de sentirlo. Juntos son más fuertes, y juntos se motivan día a día para mejorar ellos mismos y ser un gran ejemplo de esfuerzo y compromiso para sus alumnos.

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Quique, entrenador personal con una dilatada trayectoria en deportes como el triatlón desde los tiempos en los que esta práctica era terreno abonado únicamente para los más “salvajes”, ya tuvo en casa el ejemplo de su padre que en los 80 fue de los primeros que corrió triatlones en España, y en su ADN ha tenido siempre grabada a fuego la “filosofía de esfuerzo y hacer las cosas bien”. Fue el complemento perfecto para la actitud vital de Amalia, y desde entonces son pareja personal y profesional.

Su unión hizo posible que Amalia acudiera en 2013 a su primer Maratón, el de Valencia que completó en 4 horas y 15 minutos, y no han parado de acudir a citas de este calibre buscando siempre una nueva aventura en el horizonte. “Ahí sentí que la enfermedad no me iba a dominar”, cuenta ella.

Amalia Correcher y la zona de confort

El proyecto ‘BodyLab’

La iniciativa ya la desarrollaba Quique en solitario pero desde su unión como pareja, BodyLab (pincha para visitar su página de Facebook) no se entiende sin la combinación de ingenio, compromiso, motivación y sacrificio con la que ambos llenan su vida a diario.

Tienen diferentes grupos de personas a las que entrenan desde primera hora de la mañana hasta la noche, en la calle y siempre buscando lugares donde el crossfit sea divertido y efectivo a partes iguales. “Le dimos un enfoque diferente al entrenamiento, es físico y mental para que ante lo que te pase en la vida seas capaz de superarlo”, detalla Quique, añadiendo Amalia que “en tu cabeza tienes dos chips, el de antes y el de después, y yo antes veía la vida de una forma y ahora la veo de otra muy diferente. Me enfoco en mejorar cada día para entrenar mejor y estar mejor de salud, tengo un objetivo y estoy enfocada”.

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Combinan en sus grupos a gente sin enfermedades con algunos que sí padecen alguna dolencia, pero el mensaje es claro y lo detalla Quique: “En BodyLab tratamos a todo el mundo por igual. Se adapta a todo el mundo, tenemos a personas enfermas y a otros sanos, pero el objetivo es entrenar al máximo que tú puedas en cada momento. Intentamos llevar a la gente más allá de sus límites”.

Todo esto de la esclerosis me ha enseñado a vivir de una manera diferente y me gusta, hace que me esfuerce todos los días”.

Y no se trata de entrenar hasta hacerse daño, sino de avanzar, de romper esas barreras que nuestra mente genera cuando tenemos ante nosotros un reto. Con ‘BodyLab’ tanto Quique como Amalia tratan de cambiar las vidas de sus alumnos como el deporte y el crossfit (“nos basamos más en ejercicios funcionales, de calistenia y más aplicables al día a día”) lo ha hecho con las suyas, sobre todo con Amalia y su enfermedad. “Todo esto de la esclerosis me ha enseñado a vivir de una manera diferente y me gusta, hace que me esfuerce todos los días”.

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El reto del Kilimanjaro

Amalia Correcher es un gran ejemplo vital de cómo coger por los cuernos una enfermedad y hacer que ella se adapte a ti, no al revés. Su caso aún sigue asombrando como el primer día a su neurólogo, quien no podía imaginar que esa joven a la que recomendó reposo y tranquilidad para el resto de sus días y que tuvo que “aprender a caminar casi de cero” ahora corra Maratones, se prepare para Ultra Trails y ya tenga entre ceja y ceja un futuro Ironman. “Se me da fatal la bici, por eso necesito más tiempo para prepararlo”, indica Amalia al respecto, entre risas.

Entrenamientos HIIt y Enfermedades NeuroDegenerativas

Estar cerca de ella o de Quique invita a pensar que te están tomando el pelo. Si no se quita las gafas no se atisba ni rastro de la enfermedad, sólo entonces se percibe su ojo derecho algo más cerrado que el izquierdo. Sus dolores de cabeza cuando está nublado, el no poder estar con grandes aglomeraciones de gente, la medicación diaria o las revisiones cada 3 meses le recuerdan que no puede olvidarse del todo de su ‘amiga’ la esclerosis múltiple, pero los retos que les proponen y la admiración de todos los que conocen su caso también alimentan sus ganas de compartir sus vivencias con más gente.

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Y el reto del Kilimanjaro en África apunta a ser uno de esos acontecimientos que marcan un antes y un después en la vida de una persona. En la de Amalia y Quique, cuando acudan en 2017, seguro que lo hará, pero el objetivo es que sirva de inspiración para millones de personas en todo el mundo.

Tengo ganas de hacerlo porque va a tener mucha repercusión, lo que puede ayudar a las personas como yo. Quiero que me conozcan por animar a la gente a hacer estas cosas y a luchar por mejorar con su enfermedad, que la gente pueda tener un referente y no se achanten ante nada. Que sigan para adelante”.

Miguel Ángel Gavilán, militar retirado responsable de Montañeros sin Barreras además de Director de la Escuela Municipal de Guadarrama, y Paulino Hernández y Tana de ‘Outdoor Sin Límite’ son los ‘culpables’ de que Amalia y Quique ya estén como locos por afrontar esta aventura, que desea indagar en los efectos de la altura en enfermos de esclerosis múltiple como ella. Falta cerrar el asunto de la financiación, donde esperan contar con la colaboración del neurólogo que sigue alucinando cada día que ve a Amalia, y será un paso más en el conocimiento de su cuerpo. Como ellos dicen, “nadie se conoce mejor que uno mismo”.

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Y si todo va bien, además de seguir con sus charlas en asociaciones de enfermos de esclerosis múltiple, el proyecto de ‘BodyLab’ y todo lo que se les ponga por delante, planean acudir en 2018 al Aconcagua y en 2019 al Himalaya. Ambos continúan investigando y leyendo a diario sobre el deporte y sus beneficios para enfermedades como la suya, y desde hace unas semanas también están metidos de lleno en la famosa dieta Paleo.

Porque la correcta alimentación, están plenamente convencidos, es la otra herramienta que mejorará su calidad de vida.

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Y si algo no va bien, Amalia siempre puede echar un vistazo a su muñeca y leer la frase que recoge la pulsera que compró en el Maratón de Valencia del año pasado: ‘Lo mejor es lo que viene’. “Cuando te das cuenta que estas superando algunos límites, que sólo están en tu cabeza, llegas a una sensación de bienestar tan grande que necesitas seguir rompiendo límites”.

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