Estefanía Ors es una de las promesas nacionales del baloncesto. La castellonense está cosechando buenas actuaciones en Idaho State, Estados Unidos, donde se marchó para seguir en un deporte que le apasiona y poder compaginar a la vez sus estudios. En su primer año fue nombrada “Outstanding Freshman” y en su segunda temporada, como mejor “sexta jugadora”.

Pero lejos de lo que suele pasar a muchos jugadores, Estefanía no nació en una zona de tradición de baloncesto, sino en una pequeña localidad del Alto Palancia, Altura, en la provincia de Castellón.

¿Y cómo es que acabó en el mundo del baloncesto? Siempre fue una niña muy activa, a la que no le gustaba parar ni un momento. Por ello, probó mil deportes antes de encontrar el que realmente le apasionaría, el baloncesto. “He jugado tenis, balonmano, vóley, natación, basket, fútbol. Por hacer, hice hasta gimnasia rítmica y ballet”.

Aun así, lo suyo con el baloncesto no fue amor a primera vista, más bien tuvo un inicio complicado. “Mi primer contacto con el baloncesto fue el de la extraescolar del colegio y no me llamaba mucho porque jugaba con chicos mayores que yo y nunca me la pasaban por eso no me gustaba, a mí me gustaba el fútbol”.

Sin embargo, la decisión de su hermana de apuntarse al CB Segorbe, le animó a ella a hacer lo mismo y seguir sus pasos. Allí, el baloncesto le empezó a llenar y no quería dejar de lado la canasta: “me acuerdo que siempre le decía a mi hermana, a mi padre o incluso a mi primo de que jugaran conmigo o de que me recogieran el balón. Quería jugar todo el rato”.

Sus inicios en el baloncesto no fueron sencillos, al ser de una población pequeña, tuvo que competir en equipos mixtos, con niños que no eran de su edad, incluso en sus comienzos como federada en el CB Segorbe: “Jugaba con infantiles de segundo chicos, cuando yo era alevín de primero. Incluso algunos días entrenaba con el equipo de mi hermana, que es cinco años mayor que yo”.

Cada vez que paso por el ‘Ciutat de Castelló’ se me remueve todo

Así hasta que un verano probó con el CB Castellón. Desde el club le propusieron jugar con ellos, y ella no se lo pensó. Todas las tardes que tenía entrenamiento, sus padres hacían los 45 minutos que separan Altura y Castellón, con lo que ocupaban toda su tarde por el camino que su hija estaba empezando en el baloncesto.

De esos primeros años, Estefanía lo tiene claro, lo que más le marcaron fueron los entrenadores, porque “fueron los que me moldearon”. También recuerda las ganas que tenía de aprender y la felicidad que le proporcionaba el jugar hacia la canasta.

Aquella llamada de la preselección valenciana en su primer año con el CB Castellón le dio su primera motivación y desde entonces no ha parado de mejorar. Tras el CB Castellón se marchó hacia Valencia para seguir en su camino, pero reconoce que es un club al que le tiene cariño: “es donde empezó todo. Cada vez que paso por el ‘Ciutat de Castelló’ se me remueve todo.”

En el antiguo Ros Casares, ahora Valencia Basket, fue donde comenzó a competir a nivel nacional y donde tiene sus primeros recuerdos en campeonatos de España, con todo lo que conllevaba (viajes y torneos). De esa época ha sacado una de sus rutinas prepartido: “Pepa, nuestra delegada en el Valencia Basket junior, nos decía antes de cada partido ‘Correr, sonréir y meter, meter y meter’ y esa frase me la digo antes de todos los partidos que juego”.

Tras su paso por Valencia Basket, su etapa en Picken Claret. Un club donde jugó con jugadoras más mayores que ella y donde aprendió de su experiencia y de donde se lleva el ser fan de Marvel y la cercanía: “Cada vez que hacíamos un viaje poníamos una película de Marvel, gracias a eso ahora soy fan. El club en general es como una gran familia y eso mola”.

Cruzar el charco

De Picken Claret a Idaho State, una decisión nada fácil. Rechazó una primera oferta para ir a Estados Unidos, “quería estar en Valencia, estudiar fisioterapia y jugar con el Picken en Liga Femenina 2, además de que mi nivel de inglés no era muy bueno”, comenta la jugadora.

Pero una frase de Albert Espinosa le hizo cambiar su opinión: “Sí, arriésgate. Esa es siempre la respuesta”. Ella se la tomó al pie de la letra, lo habló con sus padres y se marchó para mejorar en su camino en el baloncesto. Allí, a pesar de estar nerviosa en un principio por lo que se iba a encontrar, se adaptó mejor de lo esperado.

En nuestros partidos siempre hay mucha gente, está prácticamente lleno

Coincidió con una compañera española que le ayudó en su adaptación, y aunque echaba de menos a amigos y familia, también reconoce que es fácil mantener el contacto con ellos y que los valora más al no tenerlo al lado.

En Idaho, además, destaca las facilidades que le dan para estudiar a la vez que juega a baloncesto. “Los entrenes los ponen conforme las clases. Luego los profesores saben que eres deportista y que te vas a perder clases, son muy comprensibles y te intentan ayudar como pueden. Además, también te ponen tutores si necesitas refuerzo en algunas clases. En general, te ponen muchas ayudas para que te saques la carrera y con buena nota”.

Otra de las diferencias las encuentra en el aspecto físico. “Allí tienes que estar super fuerte. Hay mucho contacto y las jugadoras americanas son muy rápidas y explosivas. En España se trabaja más la lectura del juego y la técnica individual”.

También destaca lo que se apoya al baloncesto femenino, sin duda, muy distinto a su situación en España: “En nuestros partidos siempre hay mucha gente, está prácticamente lleno”.

En su primer año, fue nombrada “Outstanding Freshman” y luego esto le valió ser llamada para la selección española, algo que Estefanía no se esperaba: “solo pensaba en trabajar duro durante el año para ganar minutos en mi equipo, ser una pieza importante y disfrutar jugando. Al final, cuando eres feliz y disfrutas, llegan reconocimientos como esos”.

Uno de los momentos que recuerda es un partido de cuartos de final del torneo de conferencia, en el que remontaron tras prórroga. “Íbamos perdiendo de 25 a mitad parte contra Weber State, las cuales estaban súper enchufadas y remontamos y ganamos en la prórroga. Fue uno de los partidos más increíbles que he jugado. Por como no nos hundimos y remontamos unidas, como equipo. Ese día rompimos el récord de anotación del torneo entre los dos equipos también”.

Aparte de eso, también hay hueco para las anécdotas. “Mis entrenadores me dieron un termómetro porque no entienden que cada vez que vamos a un restaurante para comer o cenar siempre me pido agua sin hielo, porque para ellos es normal, incluso en invierno. Por eso me lo regalaron”.

Pero lo importante es que Estefanía está contenta con la decisión tomada, y un camino que nunca hubiera imaginado al comenzar sus andaduras en su pueblo natal, Altura. “Siempre digo que todo pasa por algo. Soy feliz. Mi equipo es como una familia, los entrenadores están muy contentos conmigo. Disfruto jugando y además puedo estar estudiando la carrera que quiero. Hay muy buen ambiente en toda la comunidad de Idaho State”.

Mirando de reojo al baloncesto valenciano

A pesar de estar a miles de kilómetros, Estefanía sigue de cerca el baloncesto valenciano, sin ir más lejos, ella ha pasado por los principales equipos de nuestro deporte de la canasta.

“Actualmente la situación del baloncesto femenino en la Comunidad Valenciana es increíble. El Valencia Basket está en Liga Día, el Picken en LF2 y llegando a la fase de ascenso a liga Día el año pasado y luego, el Nou Basquet Castelló que organizó la fase de ascenso para LF2. Hay un nivel altísimo”.

Isaac Ferrera

Desde Idaho, la jugadora siguió todos los partidos de Valencia y Picken de la fase de ascenso que se celebró en Valencia el pasado abril con algo de “envidia sana de tener que verlo tras una pantalla y no en directo”. Para ella, el baloncesto femenino en la Comunidad Valenciana solo ha hecho que comenzar, y queda lo mejor.

“Valencia desea baloncesto femenino y se demostró en la fase de ascenso con alrededor de 6000 personas en la Fonteta y la increíble asistencia que ha tenido cada uno de los derbis valencianos”.

La castellonense reconoce tener varios referentes, entre ellas las americanas Maya Moore, Elena Delle Donne o Sue Bird, pero si se tiene que quedar con algunas se queda con las españolas Marta Xargay y Laia Palau. Y no descarta su vuelta alguna vez a nuestro baloncesto, “aunque me gusta mucho todo aquello, como la ‘Terreta’ no hay nada”.

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