El pasado 15 de enero, mientras Valencia Basket se enfrentaba a Estrella Roja en la Fuente de San Luis en una nueva jornada de la Euroliga, la entidad taronja comunicó una de las noticias más tristes: el fallecimiento de Miki Vukovic. Una de las piezas más importantes de la historia del club y, sin duda, una de las mejores personas que ha defendido los colores de la institución, fallecía a los 76 años.

Desde que se conoció la triste noticia, todo el mundo del deporte de la canasta se lanzó a mandar los mayores ánimos posibles. Pero había un mensaje que se repetía por las Redes Sociales, sobre todo por parte de seguidores del Valencia Basket, y tenía que ver con el descubrimiento y el cambio. Y es que Miki Vukovic situó al baloncesto en la provincia de Valencia y lo llevó a límites insospechados desde sus éxitos con el Dorna Godella hasta la Copa del Rey del 98 con el Pamesa y los títulos con el Ros Casares desde los despachos.

Y si alguien sabe lo que es cambiar de la mano de Miki Vukovic es Amaya Valdemoro. Uno de los mejores talentos que ha dejado el baloncesto español repasa en YoSoyNoticia.es la interminable figura de un entrenador exigente, de un ganador pero sobre todo, de una gran y admirable persona.

Para mí, Miki fue un mentor. Me hablaba del baloncesto, de la vida…

Desde la desaparición del Ros Casares, València ha estado echando de menos el baloncesto femenino de primer nivel. Un club exitoso e histórico fue presa de una gran crisis que le llevó a su completa extinción. Hoy, Valencia Basket está luchando por levantar su primera Liga Endesa, su primera Copa de la Reina y su primera Eurocup con opciones más que reales y escribiendo nombres como el de Lorena Segura o el de Claudia Contell en el Mur dels Somnis de l’Alqueria del Basket.

Mientras tanto, la entidad ha consolidado entre los mejores de España y de Europa a su equipo masculino con el gran éxito de la Liga ACB en el año 2017 entre muchos otros títulos. Y todo este camino de trofeos y victorias no se podría entender sin el primer paso que dio Miki Vukovic tras su llegada a la Comunitat Valenciana.

Por eso, es de recibo reconocer que Vukovic fue una de las primeras piedras del baloncesto de élite en Valencia: «Miki fue uno de los que más impulsaron el baloncesto en la Comunitat Valenciana. Se creó un súper equipo dirigido por él y a partir de ahí, creo que Valencia y Salamanca son las ciudades con más tradición de basket femenino. Tiene su parte de culpa, pero hay que decir que el basket femenino ha evolucionado por otro lado. Pero él sentó las bases de lo que puede ser el deporte profesional».

Equipo que tocaba Miki, equipo que hacía campeón. ¿Una de sus virtudes? El equilibrio: «A mí me pilló muy joven. Cuando estuve con él, veía a un entrenador muy exigente y que iba siempre de frente. Todo el mundo sabía cuál era su papel dentro de la pista. En mi caso, fue un mentor. Pasaron muchas cosas y él me hablaba de la vida y del baloncesto. Para rendir hace falta un equilibrio en lo que haces dentro y fuera de la pista. Un gran entrenador es un gran gestor de los egos».

Una relación de éxito forjada en Godella

Miki Vukovic llevó al Dorna Godella a conseguir hasta dos Euroligas entre otros títulos nacionales siendo el primer equipo español en lograrlo y además, de manera consecutiva. Los años 1992 y 1993 fueron dominados por un equipo de la localidad valenciana que solo hacía que crecer. Y justo ahí fue cuando los caminos de Amaya Valdemoro y el técnico serbio se cruzaron.

Un talento precoz y un carácter ganador llegaba a Godella con ganas de comerse el mundo: «Era la temporada 92/93. En aquella época me sentía un poco incomprendida. Tenía mucho talento y mucha competitividad, pero faltaba algo más. Allí me encontré con un entrenador muy exigente que me moldeó y me hizo ver de lo que era capaz. Yo me quería comer el mundo».

Pero la relación entre Vukovic y Valdemoro siempre fue un poco más allá: «Me puso los pies en el suelo, me enseñó que es bueno tener carácter pero que hay que gestionarlo. Siempre he dicho que fue alguien fundamental. Me encontré con una persona que era directa. Era una persona de pocas palabras, pero teníamos charlas muy largas que ahora recuerdo con cariño. Tenía casi entrenamientos de coaching casi a diario».

Miki consiguió algo irrepetible

Tras dominar el viejo continente, Vukovic no se despegó de la provincia valenciana y dio el salto a un Pamesa Valencia que acaba de descender a la Segunda División de por aquel entonces y en solo cuatro temporadas lo ascendió a la ACB, ganó la Copa del Rey del 98 siendo el primer debutante en hacerlo y lo metió en una final europea en la primera participación del equipo en competiciones continentales.

Su capacidad de mejorar al jugador o jugadora de su equipo era algo diferencial: «Todos los equipos que llevaba los hacía competir y llegaba a lo más alto. Salió de Godella siendo campeón de Europa dos veces y se fue a Valencia Basket. Cada año ascendió y en el segundo año logró la Copa del Rey. Hay que saber de qué ligas estamos hablando y lo difícil que era hacerlo con un grupo de jugadores tan jóvenes y de la casa. Gestionaba muy bien los roles de cada jugador«.

Para Valdemoro, Miki Vukovic hacía creer a sus equipos hasta conseguir cosas que a día de hoy parecen imposibles de vivir: «Tú puedes ser muy bueno, pero tienes que creer tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Miki tuvo unos años en los que logró algo espectacular con el Valencia Basket y creo que es algo irrepetible. Activó todo ese gen ganador en toda la infraestructura del club».

Pero si algo consiguió Vukovic fue cambiarlo todo, convertir a equipos potentes en máquinas de ganar y a un grupo de jóvenes en una plantilla temible, descarada y con un gen ganador que se ha quedado y que se mantiene en las instalaciones del Valencia Basket. Hoy, el baloncesto en Valencia es mejor gracias a Miki Vukovic.

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