Nos metemos de lleno en el vestuario del equipo de baloncesto femenino San Blas, en Alicante. Allí nos espera Rosa María Pérez Granero, de 53 años. En la temporada 17-18 recibió el trofeo Ángela Gómez a la jugadora más veterana en activo y su club no dudó en homenajearla. Hoy, compartiendo vestuario con dos de sus tres hijas, Rosa atiende a YoSoyNoticia.es. Queremos conocer su trayectoria.

Todo empieza recibiendo la inspiración de su padre y por una decisión del colegio de quitar y poner un deporte que cambiaría la vida de nuestra protagonista: «Empecé haciendo ballet cinco años, pero luego lo quitaron y pusieron baloncesto en el colegio. Tenía diez u once años. Mi padre había sido jugador y era miembro de la Federación Española de Baloncesto (FEB) y del comité de árbitros y he ido con él desde pequeña a ver los partidos así que no lo dudé».

Desde aquel momento en el que Rosa se calzó las botas, no hubo marcha atrás. El crecimiento en el baloncesto fue exponencial y se apuntó algún que otro título recordando los momentos en Canoe como los más especiales: «Mi etapa en el Canoe fue muy especial. Fueron unos años en contacto con jugadoras y entrenadores muy buenos, aprendí mucho y ganamos varios títulos».

Se sigue considerando al baloncesto femenino como un deporte de segunda

Alguien que lleva toda la vida jugando sabe mejor que nadie cómo ha evolucionado y cambiando el baloncesto femenino. España es una potencia. El mejor ejemplo es la propia Selección, aunque una vez más se habla de la parte física: «Un cambio importantísimo y que lleva ya tiempo instaurado es el control de la forma física de las jugadoras. La preparación y la exigencia de tener gran capacidad física (de ser un atleta) marca diferencias entre equipos».

«Esta capacidad física permite que se desarrolle un juego más dinámico y potente sin perder la calidad técnica y táctica del juego. Ahora se juega pensando y pensando rápido, con inteligencia, porque tu físico te lo permite.
En general, es un juego más abierto y creativo, por conceptos, aunque bajo mi punto de vista no debemos olvidarnos de la ‘jugadas’ y de la técnica del jugador».

Donde Rosa no tiene dudas es en la percepción del baloncesto femenino en la sociedad: «Lo que no ha cambiado es considerarlo de segunda clase con respecto al masculino. Los mejores pabellones, las mejores pistas, los mejores horarios, balones, patrocinadores… Todo va para ellos, incluidas las subvenciones públicas que no se reparten equitativamente».

Los valores e importancia del deporte en los más pequeños

Las tres hijas de Rosa juegan también a baloncesto y las tres lo hacen en el mismo equipo, aunque la más pequeña todavía no tiene la edad suficiente para jugar con la categoría Senior. Eso sí, la influencia de su madre no se transformó en obligación: «Hubiesen podido jugar o practicar cualquier deporte, pero supongo que por afinidad empezaron en baloncesto y ahí están. Han practicado otros deportes: tenis,patinaje, triatlón, padel, natación, gimnasia rítmica… Pero nunca dejaron el basket».

Preguntada por los valores del baloncesto en concreto, Rosa desgrana todo lo que aporta el deporte de la canasta de manera minuciosa: «Permite socializarse desde la empatía y la tolerancia. Tienes que asumir errores o aciertos de los demás como tuyos propios y tus errores y aciertos también son compartidos. Desarrolla la tolerancia a la frustración. Aunque tú creas que no ha sido falta y pienses que es injusto, si el árbitro lo pita tienes que asumirlo.

«Aumenta la capacidad de superación, la satisfacción por el esfuerzo realizado y la adquisición de compromisos. Es un deporte muy completo que exige coordinación de manos, pies, compenetración con los compañeros, capacidad de anticiparse al contrario, manejo de balón y buena forma física en general. En especial,el básquet desarrolla un talante deportivo, especial».

Además, Rosa tiene la posibilidad de transmitir esos valores de manera directa al compartir vestuario con dos de sus hijas, algo que llena de orgullo a nuestra protagonista: «A veces ellas piensan que yo no me entero de nada, pero cuando nos ponemos a entrenar se percatan de que sí. Creo que están orgullosas y que siempre agradecerán haber vivido estos momentos conmigo.Para mí es un lujo».

Lo mejor que puedes hacer es compartir y dar las gracias

Esta es la filosofía de Rosa, que cuenta cómo le pilló por sorpresa el galardón recibido por la Federación de Baloncesto de la Comunidad Valenciana (FBCV): «Fue un sorpresa, no me lo esperaba. El premio a una vida deportiva y al amor a un deporte es algo que ya llevas dentro. Cuando los demás te lo reconocen lo mejor que puedes hacer es compartirlo, dar las gracias y desear que todos,algún día, puedan vivir momentos así».

Después de toda una vida jugando, Rosa no piensa en retirarse. De hecho, esa palabra casi parece estar prohibida en su diccionario: «No colgaré las botas. Seguiré jugando mientras la salud me lo permita y el esfuerzo me compense aunque sea a nivel de pachangita con Pocha al terminar».

Y si siempre ha estado ligada a unas botas y un balón, también ha sido y es una madre modelo en su día a día: «Antes llegaba a casa por la tarde. Tras llevar a todas a entrenar les ponía la cena, llegaba la canguro y me iba a entrenar. La pequeña ha vivido varios partidos en el cochecito junto al banquillo. Ahora son mayores y se quedan solas o nos vamos todas. Siempre mi prioridad han sido ellas. Si estaban enfermas o había reunión en el cole, ellas eran lo primero y faltaba a entrenar».

Para acabar una entrevista llena de baloncesto, con tantos años sobre la cancha, le preguntamos a Rosa si es capaz de definir lo que supone para ella el deporte de la canasta: «Una forma de vivir y de ser. Gracias, papá«.

Sin duda, Rosa es un ejemplo de cómo la pasión por un deporte puede seguir durante toda una vida. Y lo que le queda. Porque colgar las botas no está en su previsión.

Fotografías cedidas por Rosa Pérez Granero.

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