Sergio Molina Soler (Valencia, 1979) se crió en Burjassot. Empezó a practicar baloncesto de bien pequeño en un colegio de los jesuitas. Pasó por varios equipos. Jugaba de escolta. Siempre quiso ganarse el jornal encestando, le sobraron ganas pero le faltó talento y un técnico con el que conectar. Eso le marcó. Tanto que fue clave para que se hiciera entrenador después de colgar las zapatillas.

Ahora bate récords en México dirigiendo a los Borregos Hidalgo. También ha trabajado con la selección femenina absoluta del país americano como asistente de Ray Santana y con el combinado masculino junto a Iván Déniz, ambos técnicos canarios.

El conjunto que dirige el valenciano es el que más títulos ha conquistado en una de las competiciones universitarias más relevantes del país azteca, la Liga de la Asociación de Basquetbol Estudiantil (ABE). Los chavales que entrena el ‘coach’ Sergio, así se suelen dirigir a él, han ganado tres (2014, 2017 y 2019) de las seis últimas ediciones del campeonato y en la penúltima (2018) quedaron subcampeones.

Han sido los primeros en lograr estos registros. Pasaron de equipo cenicienta a claro favorito en poco tiempo, creando un programa deportivo que se ha convertido en referente.

 

El TEC Hidalgo, de 700 estudiantes y cuyo deporte estrella es el baloncesto, se ha impuesto a equipos de universidades que cuentan con más de 20.000 alumnos. No obstante, se trata de uno de los más de 30 campus que conforman el Tecnológico, una de las instituciones académicas y deportivas más prestigiosas de México con sede en Monterrey.

El último título liguero lo consiguieron el pasado 11 de abril ante su afición, 3.000 gargantas que no dejaron un solo segundo de animar a los Borregos: «Ganó el baloncesto».

El secreto de su éxito

¿Cuál es el secreto del éxito del equipo masculino de básquet del TEC Hidalgo? Su entrenador responde: “Disciplina, profesionalidad, trabajo… Haberme formado en España con el método de allí ha sido fundamental para poder implantarlo aquí. Intento llegar a los chicos, enseñarles que en esta vida todo cuesta, que hay que sacrificarse para alcanzar las metas, crear una filosofía, un estilo…»

«En mis manos están los sueños de muchos de ellos y también formarles como personas. Me entrego a mi equipo y a mi deporte al cien por cien. Vivo para el esta disciplina”, añade el de Burjassot.

Molina atiende a Yo Soy Noticia en la piscina de un hotel en la ciudad de Puebla, en una alberca, como la llama él en un marcado acento mexicano. Nadie diría que es español salvo cuando deja de sesear: «Llegué en 2010. Nueve años aquí hacen mella. Intento ir a Valencia cada dos años, no sabes cuánto echo de menos la playa, la paella y la horchata con fartons».

Sentadas a su lado están sus dos hijas, Ainhoa y Aitana, de 5 y 2 años, que le esperan para darse un baño. La familia al completo se encuentra de concentración con el equipo femenino juvenil: «Intentamos estar siempre todos juntos». Se encuentran ahora en un impasse hasta que vuelva a arrancar la temporada universitaria.

«No sabes cuánto echo de menos la playa, la paella y la horchata con fartons»

Durante la videollamada aparece solo por un momento, en un segundo plano, Erika ‘la Cucha’ Gómez, quizá la persona más importante en la vida de Sergio. Sin ella nada de lo que está viviendo sería posible. Es su mano derecha en el trabajo además de su esposa y la baloncestista más emblemática de México -compitió en España durante 10 temporadas-.

 

Por Erika cruzó el charco

Antes de cruzar el charco, Sergio compaginaba su labor como entrenador con el ejército. En cuanto se graduó en la academia militar de Zaragoza pidió varias excedencias para poder dirigir a equipos femeninos en los que ambos coincidieron.

Cuatro años después de que se conocieran, en 2010, durante los Juegos Centroamericanos defendiendo a su país, La Cucha sufrió una lesión cardíaca que acabó apartándola del profesionalismo tras 22 años de carrera. Un imprevisto que obligó a Molina a escoger definitivamente a qué iba a dedicarse el resto de su vida.

«Mi mujer está muy arraigada a su familia, es muy de los suyos, lleva México muy adentro, así que tras retirarse decidió volver a casa no sin antes darme un ultimátum: o le acompañaba o seguía mi carrera en como militar. Por entonces me habían ofrecido dos destinos posibles, Afganistán o Líbano. Lo tuve claro, me fui con ella».

«Mi mujer me dio un ultimátum: o me iba con ella o seguía mi carrera como militar»

Una vez en América Latina, prácticamente nadie tenía constancia de la trayectoria profesional de Sergio, al contrario que ocurría con Erika, todo un símbolo del país a quien las ofertas de trabajo como entrenadora le llovían, por lo que el valenciano tuvo que rogar que le dejaran actuar como segundo entrenador de su mujer en el combinado femenino del universitario TEC Hidalgo.

El responsable deportivo, José Antonio Moya, dudó bastante a la hora de aceptar pero finalmente cedió al tratarse de una de las exigencias de La Cucha para asumir el cargo. «Empecé con unas condiciones mínimas. Cobraba al mes lo mismo que en uno o dos días en España», cuenta Molina.

«Al principio cobraba al mes lo mismo que en uno o dos días en España»

Las buenas maneras del español unidas al gran papel del equipo que preparaba junto a su esposa llamaron pronto la atención de la dirección deportiva, que acabó ofreciéndole «la joya de la corona» de la institución: el equipo masculino de los Borregos.

Entonces se intercambiaron los papeles, Sergio pasaba a ser primer entrenador y Erika su asistente. El orden de los factores no alteró el producto porque forman un tándem ganador. «Nos retroalimentamos, ella tiene una lectura del juego fantástica, lo lee en milisegundos».

«Tenemos pactos de no hablar de baloncesto en nuestro tiempo libre, aunque es inevitable. Estamos en el supermercado, paseando o viendo una película y nos viene una idea a la cabeza sobre el juego que tenemos que empezar a desarrollar. Es difícil desconectar, duermo poco, veo los partidos de la liga venezolana, dominicana… Me suelo acostar muy tarde».

Una trayectoria brillante

En 2011, Molina y sus chavales se quedaron a un paso de jugar las finales de la Liga ABE, en la que solo competían universidades privadas y se celebraba una final a cuatro. No fue hasta 2014 cuando el torneo cambió su formato, incluyó también a centros públicos y aumentó el número de finalistas a ocho –Los Ocho Grandes-.

En ese año los Borregos, por quienes pocos daban un duro, ganaron su primer título remontando 16 puntos en menos de tres minutos en el último cuarto. A esta gesta le siguieron dos años en blanco, luego volvieron a ganar en 2017, quedaron subcampeones en 2018 y fueron campeones de nuevo este 2019 como anfitriones de las finales.

«Es impresionante lo que mueve el baloncesto universitario. Aquí hay más talento de lo que la gente se imagina, el nivel es un poco inferior a LEB Oro en España e incluso hay chicos que podrían jugar en esa categoría», señala Molina.

«Aquí hay más talento de lo que la gente se imagina, incluso hay chicos que podrían jugar en LEB Oro»

Planes de futuro

¿Hasta cuándo piensa entrenar en la universidad?, el valenciano lo tiene claro: «Me encantaría jubilarme en ella. Cuando llegué dije que me retiraría el día que le pusieran parqué a la cancha. Se lo pusieron hace dos años y aquí sigo. Después dije que me iría cuando ganase cinco campeonatos (se ríe)… La verdad es que deseo jubilarme aquí aunque no me falten ofertas del baloncesto profesional, tanto mexicano como de fuera. Le debo todo al TEC Hidalgo. Queda mucho por hacer».

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