Mikael Aprahamian, un olímpico uruguayo ‘made in Valencia’ | Yo soy noticia


Han pasado unos días desde que Mikael Aprahamian se colgara la medalla de oro en el Campeonato de Judo de la Comunitat Valenciana, y ahora tiene la mente puesta en el Sector de Barcelona para poder clasificarse para el Campeonato de España. Eventos quizás menores comparándolos con unos Juegos Olímpicos, pero que le sirven al judoka uruguayo para recuperar sensaciones tras una lesión, y los afronta con gran ilusión.

«Me gustaría clasificar para el nacional, y creo que podré hacerlo», nos comenta el propio Mikael, trasmitiendo que es una cita a la que tiene especial ánimo de asistir. «No tengo ninguna presión y voy a disfrutarla un montón, porque tengo ganas de hacerla», añade. Pese a todavía no estar al 100%, como él mismo expresa, logros como el autonómico le ayudan a «tener buenos resultados y sensaciones».

Aprahamian viene de un parón competitivo de unos meses después de su participación en las Olimpiadas, pero ha vuelto con el ánimo y la ambición de combatir, y entrar en la rueda de los campeonatos. «Ahora estamos armando con mi entrenador el calendario del 2022 » , apunta, pero visualiza ya algunos primeros objetivos en el horizonte como París o Tel Aviv.

También tiene entre ceja y ceja los Juegos Suramericanos, programados para octubre del próximo año. «Es muy importante para el comité olímpico, y quiero participar y luchar por medalla», explica al respecto, aunque precisa que ahora mismo su mente está puesta en el campeonato de Barcelona y el nacional.

Como un valenciano más

«Todavía me falta hablarlo un poquito», comenta entre risas al ser preguntado por si se considera un valenciano más. Y es que Mikael lleva más de 8 años vinculado de una manera u otra al judo valenciano.

Todo empezó en 2013. «Mi entrenador tenía un hermano aquí. Fuimos a unos juegos en Francia e hicimos escala en Valencia para entrenar una semana, y desde ahí ya generé contacto», explica. Tras ese momento, Aprahamian narra que fue yendo y viniendo hasta que más adelante se asentó en la capital del Turia.

«Venía, entrenaba dos meses, hacía gira y me volvía. Así estuve hasta 2018 » , relata, destacando que desde el club y la federación siempre se le acogió y le ayudaron en sus necesidades. Finalmente, tras quedarse a las puertas de los juegos de Rio, apostó por clasificarse para Tokyo, y quedarse ya de forma fija. Además también comenta que aprovechó para estudiar un Máster en Gestión Deportiva en Valencia.

«Lo tengo todo en Valencia»

Mikael declara sentirse muy contento de estar en ‘la Terreta’, y todo lo que le aporta a nivel deportivo. Se siente como uno más, y destaca el nivel que le ofrece para entrenar el Valencia Club de Judo, del que forma parte, con figuras olímpicas como Sugoi Uriarte y Laura Gómez. «Aquí en Valencia están muy focalizados en el judo. Hay gente con nivel. Es una gran oportunidad y la estoy aprovechando al máximo. Lo tengo todo acá», añade.

Su día a día tiene como principal protagonista el judo. Como detalla, tiene dos sesiones de entrenamiento diarias de alrededor de dos horas o más cada una; con físico y técnica por las mañanas, y randori por las noches. «Ahora que compito este finde, no hago mucha carga. Voy bajando de peso y haciendo cosas más livianas para estar bien el fin de semana», explica, matizando que dependiendo del momento en el que se encuentra de competición, los entrenamientos varían.

 

«Hoy en día también estoy buscando oportunidades para poder hacer otras cosas, porque se está complicando vivir del deporte», apunta Mikael, pues como uruguayo no recibe los suficientes apoyos, sobre todo al terminarse el ciclo. «Estoy buscando otras oportunidades para trabajar. A ver si se puede hacer algo online, o a medio horario, para poder seguir bien con el deporte», añade.

Se puede decir que el judo está en crecimiento en su país, pero todavía no está tan desarrollado como en España. Según explica, la pandemia también ha dificultado las cosas, ya que las federaciones tampoco pueden asumir, por ejemplo, tantos costes de test, y todo ello dificulta a la hora de realizar competiciones de alto nivel. «Eso ha bajado la emoción de los chicos de competir», comenta al respecto.

Otro punto negativo, es la insuficiencias de apoyos que comentaba. «En Uruguay es un deporte menor, aunque tiene un poco de influencia. Hay poco apoyo además. Si no hay apoyo, no hay deporte. Tu puedes entrenar, pero si quieres salir a competir, es ahí cuando uno se enfrenta a las realidades», contextualiza. Además pone el ejemplo de los jóvenes, que cuando pasan a categorías adultas, deben asumir las responsabilidades de estudiar o trabajar para poder vivir, y eso complica que se pueda compaginar con el deporte.

De Uruguay a Valencia, y de Valencia a Tokyo

Mikael Aprahamian se quedó a las puertas de clasificarse para Rio 2016. A únicamente 10 puntos. Lejos de hundirle, eso le ayudó a fortalecerse y focalizarse en el sueño de disputar unos Juegos Olímpicos. «Desde pequeño lo veía en la tele y quería estar ahí», recuerda.

En esta ocasión, sí que lo consiguió. Se clasificó. Una vez allí uruguayo cayó en el punto de oro de un competido duelo ante el sueco Robin Pacek. Pese a que no pudiera continuar, la experiencia no se la ha quitado nadie. «Fue un sueño. Yo quería más, no solo participar. Ir pasando fase por fase, pero estoy contento con mi participación. Fue una experiencia increíble», expresa orgulloso.

Cabe destacar que se lesionó en el propio combate, aunque le resta importancia, y no parece amargarle la experiencia olímpica. «En el punto de oro me rompí todo el posterior, pero son cosas que pasan en el deporte», comenta.

«Siento que puedo hacerlo mejor»

«Tengo muchas ganas de más», afirma Mikael, mostrando claramente su ambición. «Después de haber hecho un buen combate en los juegos, de sentirme preparado y hacer una buena preparación, siento que puedo hacerlo mejor», apunta, centrado de lleno en seguir creciendo, y en las competiciones que llegan a partir del próximo año para poder sumar puntos en el ranking e iniciar el camino hacia París 2024.

No se trata del único Aprahamian con ambiciones olímpicas. Pues su hermano, también judoka, participó en Rio 2016. «Comenzó mi hermano con 7 años, y al año arranqué yo con 6 años», recuerda de sus inicios, donde practicaba varias disciplinas como natación, gimnasia, etc., conociendo de esta forma el judo.

Compartir deporte con su hermano fue una gran ayuda durante el tramo de confinamiento por la pandemia. A Mikael le pilló en Uruguay, donde también cerraron todo. «Agarramos unos tatamis y entrenaba con él, pero no era lo mismo», apunta. En ese sentido, le pareció «bárbara» la decisión de aplazar los juegos, ya que la gente tenía serias dificultades para entrenar.

El COVID-19 además casi le juega una mala pasada. «Antes de los juegos agarré el virus. Un día me sentí mal y di positivo. Hasta unos días antes de Tokyo, yo no tenía resultado oficial y no sabía si iba a poder ir a los juegos», relata. Fueron días de muchos nervios, de varios test que ofrecían resultados diferentes. Finalmente, todo quedó en una anécdota, y Mikael Aprahamian pudo cumplir su sueño.

Comenta que la pandemia ahora lo ha complicado todo para asistir a las competiciones. «Nos cuesta mucho competir por los gastos. Nos ha aumentado todo el doble, porque siempre hay que hacer burbuja y eso supone cuatro noches de alojamiento obligatorias, más todos los test previos», concluye, deseando que todo vuelva a la normalidad previa.

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