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La desventura andina de Juan Carlos «Juankilian» en el Machu Picchu

Publicado el 13/05/2024 a las 12:27

Hace poco más de un mes os contamos el ilusionante nuevo proyecto que el infatigable Juan Carlos Martínez "Juankilian" se preparaba para afrontar en tierras sudamericanas con el noble objetivo de seguir sumando millas y visibilizando causas. Pero aunque pongas todo de tu parte a veces no se puede luchar contra los elementos o la omnipresente Ley de Murphy. Sobre todo cuando una competición se organiza mal y gestiona peor por parte de entidades y personas que distan mucho de estar, nunca mejor dicho tratándose de una cota como el Macchu Pichu, a la correspondiente altura.

«Se lió un poquito… casi me meten en la cárcel. Es una pena porque es un país lleno de buena gente, pero la organización era una vergüenza», arranca a contarnos Juankilian sin paliativos, con el fresco recuerdo de las tribulaciones vividas aferrándose aún a su garganta.


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Correos
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Es una pena porque es un país lleno de buena gente, pero la organización era una vergüenza

Nuestro entrevistado se alejó del mundanal ruido durante las Fallas para retirarse al Mulhacén en Sierra Nevada, el segundo pico de España. Todo ello como liturgia para aclimatarse a los varios miles de metros de altitud que le esperaban en Los Andes. Pero para lo que no pudo prepararse en ningún caso fue para el desastre absoluto que iba a rodear a la prueba de principio a fin:



«La carrera fue el 5 de abril a las nueve de la noche hora local. Inicialmente iba a empezar a las cuatro de la tarde. Con eso ya te lo digo todo y lógicamente supuso alterar mucho los planes. De entrada tuve que ir con linternas en la cabeza. Hombre, en una prueba de 20 horas ya cuentas con que una parte va a ser de noche, pero el biorritmo se te altera y eso se suma al jet lag. Y con la oscuridad hay más posibilidades de perderse, como ocurrió», prosigue Juan Carlos Martínez.

NOTICIA YSN: Juan Carlos Martínez «Juankilian» y su próximo reto en el Machu Picchu: solidaridad sin límites

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La carrera fue a las nueve de la noche hora local. Inicialmente iba a empezar a las cuatro de la tarde. Con eso ya te lo digo todo

DESCONTROL TOTAL EN MEDIO DEL AMAZONAS

Ya desde el principio, nuestro protagonista percibió que aquello no era serio ni competitivamente justo, ni seguro ni medianamente razonable:

«Se dijo de trotar un poco antes para calentar y grabar vídeos, además de hacer los primeros seis kilómetros juntos y agrupados. Pues cuando yo estaba aún a 200 metros estirando tranquilamente veo que hacen cuenta atrás, dan la salida y empieza todo el mundo a saco. Yo confié en mi reloj de última generación donde tenía el track montado y me dije, bueno ya les cogeré, no le di mucha importancia en un principio. Pero luego la cosa se complicó y ya me di cuenta de la charlotada y de que se iba a liar gorda».

El caos era total también en los pequeños detalles, aunque como suele suceder, están llamados a marcar la diferencia:

«Se acordó que todos llevásemos por seguridad un impermeable, una doble muda de ropa y una serie de cosas. Pero de pronto me di cuenta que ahí no llevaba nadie nada más que yo. Y me vi a oscuras, perdido y cargando el paquetón. Al final por suerte no llovió, pero las medidas de seguridad eran imprescindibles porque a esa altura puede ser directamente granizo» .

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De pronto me di cuenta que ahí no llevaba nadie nada más que yo. Y me vi a oscuras, perdido y cargando el paquetón

Pero la odisea en el Machu Picchu no había hecho más que empezar, muchas más perturbadoras peripecias sobrevendrían sobre la marcha:

«Como al final nada se hizo según lo acordado, en el kilómetro 6 yo iba el último. Y de pronto veo que me aparece uno de la nada, en plena selva amazónica, sin dorsal. Me dice que lo ha comprado a última hora y que le han dejado salir, que digo yo que sería verdad pero perfectamente podría haber hecho trampa y haberse saltado todo el comienzo del recorrido para plantarse ahí. Entre los dos nos alumbrábamos pero aún así nos perdimos porque estaban quitando las balizas y nos pusimos hasta las rodillas de barro».

Y como no podía ser de otro modo, con el paso del tiempo la situación se fue volviendo más y más surrealista:

«La persona que me encontré era peruana pero aún así tuve que ayudarle yo porque no parecía tener mucha idea de nada. Cogí el móvil y dije en el grupo de whatsapp que todo era una vergüenza y que si alguien sabía por dónde iba realmente la carrera. Y gracias a eso en el kilómetro 16 nos estaba esperando un chaval para hacer de escoba y ayudarnos. Pero a pesar del reloj con el tracking nos perdimos y acabamos saliendo a una larga carretera en medio de la selva, que ahí iba la gente derrapando por el barro que parecía el circuito del Jarama.

Y en eso que nos encontramos con la policía. Les dijimos que éramos de la carrera y nos dijeron que tranquilos, que tirásemos por la carretera. Claro, les dije que eso era una locura, que sólo llevábamos una pequeña luz en el casco y que los coches no nos veían, que era muy peligroso. Ni la ambulancia de cierre de carrera sabía bien hacia donde había que ir. La situación se puso tensa con la policía porque en resumidas cuentas les dije que todo eso era una tremenda incompetencia y bueno… casi me llevan palante (risas)».

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Nos perdimos porque estaban quitando las balizas, nos pusimos hasta las rodillas de barro y acabamos saliendo a una larga carretera en medio de la selva, que ahí iba la gente derrapando que parecía el circuito del Jarama

El protocolo de seguridad en este tipo de pruebas en territorio europeo establece que todos los competidores han de llevar encima un GPS, para evitar el lógico riesgo de que se pierdan o poder socorrerles si les sucede algo imprevisto:

«Y si te desvías aunque sea 200 metros, te llaman por teléfono a ver qué te ha pasado. Aquí no había nada de eso, yo llevaba mi reloj por iniciativa propia y porque soy perro viejo ya. De hecho cuando llegué a meta me preguntaron por mi recorrido, nadie llevaba ningún control sobre nada. De hecho a día de hoy aún no existe una clasificación oficial con los tiempos, una mamarrachada total.

Posiblemente fui el primero de mi grupo de edad pero como llegué tan encabronado no quise coger medalla ni nada. De hecho hasta yo mismo me hice la foto en meta porque pensé que después de lo que me había quejado y con razón, eran capaces de borrarla para fastidiarme y que no quedara constancia de que había estado allí».

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Nadie llevaba ningún control sobre nada. De hecho a día de hoy aún no existe una clasificación oficial con los tiempos, una mamarrachada total

AL BORDE DEL CONFLICTO DIPLOMÁTICO

Juankilian continúa narrándonos su desventura andina y señala responsables y motivos concretos:

«Me entraron ganas de denunciar a la embajada tanto a los organizadores como a la propia policía, porque fue todo una vergüenza total. Quiero que quede constancia de que esto ha pasado y que lo he vivido en carne propia. Además me quisieron cobrar mucho más de lo acordado por todo, no cumplieron en nada desde el principio y claro, yo no me callé y ya me miraban con malos ojos, hasta el punto que tuve la clara impresión de que pusieron una persona para vigilarme.

Y a lo que tendrían que haber estado atentos es a hacer las cosas bien: por ejemplo ni siquiera avisaron a los indígenas de que la carrera iba a pasar por su territorio y a ellos pues eso lógicamente no les hizo gracia ya que no les ofrecieron por mero respeto algún tipo de beneficio, así que para sabotearnos quitaron las balizas de señalización. Y nadie salió antes de la carrera a comprobar cosas tan básicas como esa, que pasan más a menudo de lo que la gente se piensa.

El adjetivo obvio que viene a la cabeza para describir todo esto es tercermundista, pero no sería justo porque es un país y un pueblo maravilloso, el problema es del organizador, que lleva seis años haciendo esta carrera sin respeto ninguno, pero si la cuidaran sería un carrerón que flipas. De hecho el número de participantes ha ido descendiendo con el tiempo, llegaron a ser 300 y ahora sólo fuimos 30, mala señal que no supe leer bien porque yo iba con ganas e ilusión.

Al parecer el único motivo por el que sigue pudiendo organizarla es porque tiene un contacto político importante, pero es que es una verdadera pena y un atropello. Yo llegué a un punto en que me enfadé tanto que alguien me dijo `Juanki, contrólate´ porque tenía ganas de arrancarle la cabeza al responsable tras llegar a meta».

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Ni siquiera avisaron a los indígenas de que la carrera iba a pasar por su territorio así que para sabotearnos quitaron las balizas de señalización

Juankilian nos cuenta cosas gravísimas pero lo hace con el convencimiento de que su testimonio puede ayudar a otros:

«Y esa misma persona también me advirtió, no sé cuanto de en serio, que no la liase demasiado porque igual en represalia cuando fuese al aeropuerto me habían metido algo en la maleta como venganza y tenía un disgusto, porque allí tampoco te puedes defender igual que aquí. De verdad que es una pena porque por parte del resto de la gente el trato fue perfecto, pero los directivos de esta organización se comportan como una auténtica mafia a todos los niveles.

El deporte y los valores y causas asociadas no se merecen esto y un entorno natural como ese, tampoco. Ni así los propios voluntarios colaboradores, que en realidad eran gente cualificada, preparada y con buena actitud. Pero cuando el director de carrera lo hace todo así y no deja trabajar pues pasa lo que pasa. Como se suele decir, donde manda capitán no manda marinero» , continúa, visiblemente encendido, nuestro protagonista.

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Los directivos de esta organización se comportan como una auténtica mafia. El deporte y los valores y causas asociadas no se merecen esto y un entorno natural como ese, tampoco

Y no duda en poner nombre y apellidos a los responsables, queriendo ante todo dejar claro que su deseo es hacer un aviso a navegantes:

«Ya no he podido volver a tener contacto con nadie de la organización. Me han cobrado más dinero del debido, me he jugado el tipo, porque aquí la idea era apoyar algunas causas, lo que dadas las circunstancias pues no ha podido hacerse como se esperaba. Pero ahora mi causa es también intentar que a nadie más que venga aquí a hacer algo le ocurra lo mismo.

El máximo responsable de todo esto no es trigo limpio, A.H tiene nombre y apellidos y con gusto le daré más información a toda persona o institución interesada para que hagan con ella lo que estimen oportuno y no vuelvan a confiar en este individuo. Esperemos que nadie más siga manchando de ese modo el buen nombre del pueblo peruano» , concluye Juankilian.

Nuestro protagonista, pese a todo, tuvo tiempo de establecer relaciones favorables con un colegio para niños con necesidades especiales, el CEBE Don José Martín, donde cada día enfrentan problemas muy serios para lograr que lo esencial no sea extraordinario. Y este mismo fin de semana ha estado en Ronda, Málaga, recorriendo 100 km para ayudar a cumplir su sueño a un invidente.

Y es que poco importan a la larga los puntuales problemas, si con tu actitud haces lo posible por ser parte de la solución. Esa es la base de toda civilización y la naturaleza del deporte: encontrar el camino hacia adelante, cueste lo que cueste.

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Esperemos que nadie más siga manchando de ese modo el buen nombre del pueblo peruano
RedacciónYSN

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Redactor YSN.

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