Está lleno el Dakar de grandes historias, de aventureros solitarios, de gente que va al desierto a vivir la experiencia de su vida… Vemos casos todos los años, pero, sin duda, uno de los más especiales es el de Manolo Plaza y Mónica Plaza, padre e hija, que ya han terminado con éxito su segundo Dakar y los dos, ambiciosos, ya ponen la mirada en el de 2022.

Hace apenas unos días que llegaron a España después de cruzar la última meta de la carrera y ambos están todavía saboreando eso que supone siempre terminar una prueba tan dura como el Rally Dakar. «Acabamos de aterrizar como quien dice. Han sido muchos días en el desierto, un poco ajenos a todo y aquí se nos recibió con mucho frío y con esta situación complicada con el coronavirus».

Una burbuja que ha funcionado a la perfección

El covid-19 también ha sido, por desgracia, protagonista de la edición de este año de la carrera. «La verdad es que una vez que entramos en la burbuja hemos estado bastante tranquilos, pero los primeros días tuvimos miedo de que pasara algo y no pudiéramos correr. Allí estuvimos confinados unos días al principio, luego nos hicieron otro PCR… Hasta que no entramos en la burbuja estábamos preocupados por lo que pudiera pasar».

Eso sí, no duda en reconocer Manolo Plaza que «la organización lo ha hecho perfecto» y que desde que entraron dentro de la burbuja «no se ha dado ningún caso positivo».

«Nosotros nunca recibimos ningún comentario de que se pudiera cancelar el rally, pero es verdad que hubo pilotos que después de llegar a Arabia, después del gran esfuerzo del año, dieron positivo y se tuvieron que marchar. Eso es muy duro porque cuesta mucho estar en la salida del Dakar»

Esto lo cuenta una joven Mónica Plaza que acaba de finalizar su segunda edición y todavía se considera inexperta al lado de su padre, al que ve ya como «un veterano» de la carrera, ya que a estas dos ediciones tiene que sumar las trece veces que compitió en África. «Yo dejé de participar en la carrera cuando se mudó a Sudamérica porque no estaba de acuerdo con esa decisión», cuenta el mayor de los Plaza.

«En el Dakar solamente somos piloto y copiloto»

«África es la esencia del Dakar, siempre lo ha sido», explica tras finalizar la carrera en el año más complicado de todos, en el que se ha perdido un poco el espíritu de compañerismo que se vive en el vivac. «Bueno, se ha perdido en parte», matiza Mónica. «Algunos equipos oficiales sí han sido muy estrictos, pero nosotros, por ejemplo, estando siempre con nuestras mascarillas y guardando las medidas oportunas, sí hemos podido charlar con otros equipos».

Algo que también ha pasado con el catering. «Ha sido diferente, estábamos más separados que otras veces, claro. Pero aún así pues podías hablar con el de la mesa de al lado, que por eso tampoco pasaba nada».

Y, al igual que el año pasado, ambos han acabado el Dakar muy contentos por el resultado y por el buen tándem que han formado, algo de lo que también están muy orgullosos. «Tenemos una forma de ser muy parecida, nos entendemos bien».

«Una vez nos metemos en carrera es como si yo fuera con otro copiloto. Independientemente de nuestra relación de padre e hija, dentro del coche somos piloto y copiloto»

Eso es clave a la hora de conseguir los resultados que han obtenido los dos años, pues no es nada sencillo terminar el Dakar dos veces seguidas y más cuando la de este año ha sido una edición mucho más complicada que la de 2020. «Ha sido un desafío mayor que el año pasado«, cuenta Manolo Plaza.

La esencia del Dakar

«Ha habido menos pilotos que otros años, pero también es verdad que había más nivel. Ha sido un Dakar duro, con un recorrido más variado, más lento, con más zonas de arena y de piedras», va explicando sobre las dificultades de una carrera que ha dado un paso más después de un primer año de tanteo en Arabia.

«Esta es la esencia del Dakar, que la navegación sea complicada y que no sea un rally solo de velocidad. Debe ser así para darle más importancia al copiloto y a la mecánica»

Lo resume encantado porque es un verdadero apasionado de la prueba y de ese tipo de competición, por eso recalca lo especial que era correr en África, aunque es consciente que ahora mismo volver allí «es inviable», algo que explica Manolo Plaza con claridad.

«En Arabia ya se ha firmado un contrato por cinco años. Es un país que ofrece unas condiciones muy buenas para que se establezca aquí la carrera. El terreno reúne unas condiciones muy buenas, además Arabia apoya económicamente la carrera, que es algo imposible en África»

El tema económico es fundamental para la empresa organizadora, ASO, además de que luego entra en juego el tema de la seguridad. «Marruecos es un país seguro, Mauritania y Senegal también, pero Malí ya no tanto», va contando. «Es muy complicado que se pueda volver».

Su historia, «diferente y emotiva»

Lo que está claro es que el Dakar ha sabido reinventarse y sigue siendo la aventura de toda una vida para muchos pilotos. Para padre e hija está siendo muy especial porque su historia está llegando a todos los rincones del mundo al ser muy emotiva y especial. «Estamos teniendo una repercusión mediática espectacular», describe Mónica, que cuenta lo complicado que ha sido conseguir la financiación necesaria para estar en la salida de la carrera este año.

«Creo que los patrocinadores están muy contentos con el retorno, pero es una situación muy complicada para todo el mundo. Hemos incorporados sponsors nuevos pero ha habido otros que querían acompañarnos y no han podido. Ha sido muy, muy complicado, pero estamos muy agradecidos a todos ellos por el esfuerzo».

Para conseguirlo, son perfectamente conscientes que ha ayudado el hecho de que los resultados han acompañado a esa relación de padre e hija. «Creo que ofrecemos una historia diferente y muy emotiva en tiempos en los que todo el mundo está más sensible».

Y lejos de conformarse, ya piensan en la edición de 2022. «El día después de aterrizar en España ya toca pensar en el próximo año porque esto es un trabajo de día a día. El Dakar es una carrera muy especial donde hay que cuidarlo todo. No es solo velocidad».

Por eso, además del pilotaje influyen muchas otras cosas que hay que llevar preparadas de lo meses previos.

«Es una carrera maratón, donde hay que saber aguantar física y mentalmente, tienes que dosificar la mecánica. Son muchas cosas y hay que estar todo el reto aceptando ese juego entre la velocidad y la conservación».

Pero, de momento, ya son dos ediciones acabadas de dos disputadas para una familia que vive el motor de forma apasionada y que ha convertido al Rally Dakar en una forma de vida. Que el mundo entero conozca la historia de Manolo y Mónica Plaza.

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