Amenazas, presiones y mucho dinero siendo una pieza más del engranaje: la vida de un árbitro adolescente valenciano
Fútbol

Amenazas, presiones y mucho dinero siendo una pieza más del engranaje: la vida de un árbitro adolescente valenciano

Pero en su caso con el bagaje de haber estado dentro del sistema, de haber sentido en sus carnes la soledad que sólo pueden experimentar en un terreno de juego los que han conocido esta profesión tan ingrata. Además, siendo apenas un adolescente cargado de sueños e ilusión.

Echado a ‘los leones’

David jugó al fútbol en el equipo de su barrio, el de la Luz en Valencia, y también estuvo un curso en la cantera del Levante UD, pero enseguida comprendió que lo suyo no iba a ser un futuro en la élite pegándole patadas a un balón. Las portadas, los millones y la fama en Primera División no iba a ser su destino el día de mañana, y paró.

Se alejó del balompié durante unos años y un buen día, a los 16, sintió la curiosidad de probar el arbitraje. Al fin y al cabo, era la mejor forma de seguir estando cerca de su deporte favorito. En la familia ni una pega, solo ánimos y la compañía de su padre cuando arrancó su carrera arbitral por los campos de la provincia.

Pero primero tuvo que formarse en un curso gratuito (sólo se pagaban 50 euros para la equipación una vez logrado el título) de varios meses con el Comité Técnico de Árbitros de la Federación de Fútbol de la Comunidad Valenciana, aprobar el examen teórico y luego pasar unas pruebas físicas “donde mucha gente caía, no son tan fáciles como algunos piensan”, recuerda.

Agresiones y arbitraje: “La Federación española y la valenciana no están interesadas en que se elimine la violencia hacia los árbitros”

Consistían en una prueba de velocidad, completando 6 series de 40 metros en menos de 6,5 segundos cada una de ellas, teniendo 90 segundos de recuperación entre series, y luego el test de resistencia dando 5 vueltas (2.000 metros) a la pista de atletismo en el complejo de La Petxina en menos de 9 minutos.

“No me parecía un buen sistema, tal y como estaba estructurado. Tener que haber pasado horas y horas de clase, hacer un examen y que luego te hagan pasar las pruebas físicas”.

“Me parecía más lógico hacer primero las pruebas, y quien las pase hace el examen”, apunta sobre un ‘modus operandi’ que cambió poco después, colocando las pruebas físicas como el primer requisito antes de aceptar a los candidatos para cursar la parte teórica.

Pero esto fue lo más sencillo y lo menos estresante de todo para David. A partir de ahí el arbitraje le abrió la puerta al despiadado y nada civilizado mundo del fútbol base, un entorno feroz y muy cruel para un chaval de apenas 16 años de edad.

“Empiezo pitando a Prebenjamines. El primer partido vas con 2 árbitros de 3ª División para que estés un poco más arropado, y desde ahí vas subiendo poco a poco y categoría a categoría”, explica.

6 (2)

Sorprende que, salvo una jornada multitudinaria donde se dan breves directrices a los nuevos y jóvenes árbitros, no hay pruebas de campo, no hay un acercamiento sobre el terreno para sentir de cerca lo que puede ser un día de partido antes de que llegue el debut. Te echan, por así decirlo, ‘a los leones’.

“Sientes nervios y miedo. Son Prebenjamines a los que pitas pero en mi primer partido, que fue en el antiguo campo de tierra en Malilla, recuerdo que el campo se me hacía larguísimo. Tenía toda la teoría en la cabeza pero estaba muy nervioso a la hora de ponerla en práctica, te sientes observado y al principio estás muy pendiente del entorno”, rememora David.

Echa la vista atrás y le hubiera gustado tener una mayor formación práctica antes de su debut, pero “vas madurando y cogiendo la experiencia poco a poco. No tienes ningún tipo de ayuda y de apoyo, van 2 árbitros contigo el primer día pero a partir de ahí búscate la vida”.

“Quieren que enseguida madures y seas árbitro, y lo cierto es que a esa edad uno no es consciente del peligro que se corre en cualquier campo o pueblo, donde no hay ningún tipo de seguridad para el árbitro”, añade.

Un contexto que nos lleva a la siguiente reflexión: ¿se aprovecha el comité de la gran cantidad de gente que quiere ser árbitro, y se mira más por el número de candidatos y las oportunidades de negocio antes que por cuidar a la persona? David tiene clara su respuesta.

“Para el Comité el árbitro sólo es una herramienta más para mantener las competiciones activas. Somos una pieza más del engranaje, y no se ponen en tu lugar ni se preocupan demasiado del trato que te den en cada campo, cuando en muchos casos hablamos de chavales de 15 o 16 años que están solos arbitrando en 2ª Regional”.

3 (2)

La sutil presión

La rutina de un árbitro que pita fútbol base o regional siempre es la misma, y la conoce perfectamente un David que, por aquel entonces, aún no había cumplido la mayoría de edad pero ya se lanzaba a arbitrar partidos en un mundo de adultos.

De delegados de campo, de directivos y de padres entrados en años, a los que le daba igual humillar a un adolescente.

“Buscas al delegado del campo, que obviamente te trata super bien cuando llegas. Luego te vienen los dos entrenadores o delegados de equipo a darte las fichas de los jugadores, en aquella época no tenía el sistema Fénix que es todo por ordenador, y era todo por escrito en una labor costosa”.

“Al principio los dos entrenadores muy bien, siempre había alguno que no te decía nada antes y otros que eran de mucho ‘colegueo’, pero entre nosotros los árbitros ya nos avisábamos de que esos eran los que más te montaban el ‘pollo’ a la media parte o al final del partido”, recuerda el joven.

5 (3)

Era gente de 60 años que no veían al niño de 16 años que pita y trata de hacerlo lo mejor posible, te amenazan con frases como “no vuelvas por aquí”, “yo conozco a tal persona del Comité y no vas a volver a pitar en tu vida”, “eres malísimo, no te dediques a esto…”

Cosas así ya consiguen que muchos chavales en 2ª Regional se planteen seriamente el seguir pitando. “Los que realmente quieren ser árbitros de fútbol sobreviven, pero no así el que se ha metido sólo por la pasta”.

El Sindicato de Árbitros, alarmado ante las imágenes que dejó este partido de Juveniles en Valencia

El peligro es real

Hoy en día, siendo un estudiante universitario que dejó el arbitraje hace 4 años, puede hacer memoria y respirar aliviado al recordar lo vivido. Lo cerca que está el árbitro de un peligro que, en ocasiones, te acaba alcanzando de verdad.

“Llega un momento que no te afecta nada, porque ‘hijo de puta’ es lo más bonito que te pueden decir en cualquier partido lo hagas bien o lo hagas mal”.

Te aíslas completamente, es tanto el murmullo que lo dejas a un lado. Pasa igual con los árbitros de primera división, que encima tienen una preparación mental que nosotros no teníamos. A esa edad que yo tenía, con 16 años, no eres consciente del peligro que puedes vivir”.

Y valga de ejemplo su dura experiencia en Benicalap, con su padre en la grada viéndole arbitrar como hacía casi siempre que su hijo se vestía de corto.

1 (4)

Teniendo que aguantar un pasillo de insultos y patadas camino de vestuarios, sentir como aporrean la puerta del vestuario y todo por una acción de nulo ‘fair play’ por parte de uno de los dos equipos. Algo que se escapa al control del que pita, que siempre es el malo pase lo que pase.

Cuando empiezas todavía eres un poco ‘chulito’, pero es en momentos así, y cuando ves a gente de 50 años insultándote y amenazándote de muerte, cuando entiendes que no hay que sacar nunca el orgullo siendo árbitro porque el peligro es real”, afirma David.

Adolescentes con 400 euros en el bolsillo

Un buen fin de semana para David en su primer año podía recompensarle con algo más de 100 euros, que repitiéndolo todos los ‘findes’ de un mes le otorgaban un balance al final del mismo de algo más de 400 euros.

Una ‘fortuna’ para un chaval de 16 años, una golosina a la que se resisten pocos adolescentes de esa edad, “e incluso más jóvenes”, que acuden en masa a un Comité de Árbitros que sabe que el negocio va viento en popa.

“Es un trabajo muy goloso para la gente joven, que en una sola mañana de partidos de fútbol 7 en mis años, ahora fútbol 8, pueden ganar cerca de 80 euros sin apenas moverse del centro del campo. Yo los he ganado”, indica este estudiante valenciano.

Es dinero fácil, pasas el rato y cobras. El Comité sabe que hay mucha gente y cada año más, saben que siempre van a tener gente para arbitrar y por eso les da igual si te vas o el cómo te sientes”.

2 (3)

El final de su etapa con el silbato vino acompañado de la preocupación familiar a raíz de la escalofriante agresión que un compañero suyo, también menor de edad, sufrió en el campo del Mislata UF y que le hizo perder el bazo. “Te ves capaz de seguir, te ves valiente pero los que más sufren son los familiares”.

Decidió seguir arbitrando más tiempo, pero la entrada en la universidad con 18 años sentencia definitivamente la aventura arbitral de un David que había visto el lado más crudo y realista de la profesión.

“Si no son fuertes mentalmente no lo van a aguantar”

David rompe una lanza en favor de los árbitros de élite, siempre vilipendiados por favorecer más a unos colores que a otros, siempre en el punto de mira de la opinión pública, y al mismo tiempo se muestra pesimista con respecto a la violencia física y verbal en el fútbol base.

Veo imposible erradicar la violencia en el fútbol base, la mayoría de las veces pasan cosas simplemente porque a la gente le apetece, no saben ni lo que ha pitado el árbitro. Se normaliza lo de que ‘el fútbol es así’, y ya se ha quedado en la conciencia colectiva”.

Le pedimos un consejo o advertencia a alguien que, al igual que él lo pensó en su momento, quiera probar el mundo del arbitraje. Y a quien le sirvan, aquí van las palabras de David: “Si no es fuerte mentalmente no lo va a aguantar, porque el dinero no lo es todo”.

“Si quieren llegar alto que sigan, porque con ganas se consigue triunfar. Les recomiendo que sean serios y pasen de todo lo que les digan, que no contesten a nadie que les diga nada. Tienes que aislarte y no hacer caso del entorno, te van a decir que eres malo hagas lo que hagas”.

Ser árbitro te va a ayudar a madurar más rápido, y eso sí, descubriendo todo el tipo de gente que existe en la sociedad. Yo no imaginaba que hubiera gente adulta que pudiera decirle cosas tan feas y graves a la cara a un niño de 15 y 16 años, que arbitra con toda la ilusión del mundo”, concluye.

La lacra del fútbol de la que tampoco se libra la Comunidad Valenciana

/futbol/amenazas-presiones-y-mucho-dinero-siendo-una-pieza-mas-del-engranaje-la-vida-de-un-arbitro-adolescente-valenciano

Aviso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información ‘aquí’.

Aceptar Cookies