Hoy he vuelto a creer en el fútbol
Fútbol

Hoy he vuelto a creer en el fútbol

Nacido en Mislata hace 30 años, el portero del Ontinyent CF, que actualmente milita en el grupo III de Segunda División B, sabe lo que es currarse las oportunidades que le ha dado el mundo del fútbol desde que salió de su localidad natal y entró a formar parte de la cantera del Levante UD.

Allí quemó etapas en fútbol 8 (por aquel entonces fútbol 7) y fútbol 11 hasta llegar a debutar con el filial ‘granota’ en Segunda B, hace algo más de una década.

Desde entonces Álvaro ha sido un trotamundos del balompié, combinando Segunda, Segunda B y Tercera en destinos como Requena, Murcia, Cádiz, Albacete (con el que llegó a eliminar al Atlético de Madrid en Copa del Rey), Guadalajara, Castellón o Lleida.

Este pasado verano volvió a Ontinyent, al ambicioso y renovado proyecto tras el ascenso de un club que ya conocía de su anterior etapa en Segunda B, y en los de la Vall d’Albaida su gran uno contra uno y reflejos bajo palos le han dado una titularidad que, recientemente, le llevó a protagonizar una de las escenas más impactantes que nos ha dejado lo que llevamos de curso 2017/18.

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Álvaro Campos, en un partido de la pasada temporada defendiendo los colores del Lleida en el campo del VCF Mestalla

Una actuación inolvidable

Hay que poner su nombre y los dos apellidos bien claros, porque este valenciano el domingo fue noticia de la cual ninguna televisión y pocos medios de comunicación se hicieron eco. Uno de esos acontecimientos que a mí me hacen volver a creer en el fútbol.

El pasado domingo en el Clariano transcurría el minuto 85 del partido entre Ontinyent y Mallorca cuando el futbolista de los baleares Cedric, que jugara cedido una temporada en el VCF Mestalla y que por desgracia pasó por una muy grave lesión que no le dejó poder demostrar lo gran jugador que es en el equipo de Curro Torres, siente una fuerte presión en el pecho y una taquicardia.

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Álvaro, que además de ser portero en Segunda B estudia Medicina, no dudó en ningún momento a la hora de abandonar inmediatamente su área y acudir a atender al bueno de Cedric. Los padres de Álvaro, que hace años que no se pierden un partido de su hijo, saltaron también al campo para poder auxiliar al jugador visitante.

Por suerte la cosa no pasó de un gran susto y en ningún momento el bueno de Cedric perdió el conocimiento. Luego de su traslado al hospital de Ontinyent y comprobar que estaba bien, se trasladó a Mallorca junto al resto de sus compañeros.

Pero actos como éste demuestran que el fútbol es un gran deporte, y que hay grandes jugadores anónimos cuyas acciones les hacen merecedores de llenar las portadas de los periódicos.

Así que Álvaro, gracias por demostrar que los futbolistas pueden, si ellos quieren, formarse en una carrera profesional. El pasado domingo, cultura y deporte estuvieron más unidos que nunca.

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