El joven entrenador valenciano Carlos Belenguer Canós (Valencia, 1990) puede dar fe de ello, siendo más que interesante el acercamiento hasta su persona para conocer de primera mano cómo evoluciona el siempre prometedor ‘soccer’ en USA, y sobre todo señalar una gran y crucial diferencia a la hora de generar el mejor entorno posible para la formación de los más pequeños.

Carlos apura sus últimas fechas de estancia en el estado de Massachusetts, muy cerquita de la gran ciudad de Boston, antes de regresar a su Valencia natal. Va finalizando su segunda etapa de varios meses formando parte de GPS (Global Premier Soccer), una academia internacional de fútbol que en el último año le ha abierto la puerta a nuestro protagonista para sumergirse en parte de la realidad formativa de los deportistas en Estados Unidos.

Y de la charla con él extraemos dos conclusiones: que el entorno que generan los padres para que sus hijos practiquen deporte es muchísimo más sano y respetuoso al otro lado del charco, pero que además, en lo que respecta al desarrollo del fútbol base en USA, todavía tienen muchas cosas que aprender de la forma en la que se organizan las competiciones de niños y niñas en España, por ejemplo.

Al ‘coach’ se le respeta por encima de todas las cosas

“El nivel de exigencia aquí, a nivel de los chavales, no es igual que en España. A nivel de padres te tienen más respeto porque eres el ‘coach’ (entrenador) de sus hijos, y tienen claro que sabes más que ellos y que estás dedicando tu tiempo a enseñar a los pequeños”, apunta Carlos, que hasta la fecha sólo puede hablar de “muy buenas experiencias” con los progenitores.

En estos meses de primavera y verano que ha estado de vuelta en USA ha tenido incluso la ocasión de ser invitado a varias barbacoas, jornadas de convivencia y diversión, organizadas por los padres de los chicos de sus equipos. Algo nada habitual en España, que demuestra “lo metidos que están en el equipo de sus hijos”, y que sobre todo se envuelve de una “gran educación y respeto a la figura del entrenador”.

Carlos, que posee el nivel 2 de entrenador y ya tiene claro que en breve irá a por la máxima titulación, la del nivel 3, sabe bien de lo que habla, y puede explicar con detalle las diferencias entre España y Estados Unidos en lo relativo a este aspecto ya mencionado del ambiente generado por padres y madres.

En casa estuvo ‘rompiendo mano’ primero bajo la tutela de Manolo Sales en el Infantil de Autonómica del Club La Vall, técnico que actualmente dirige a un Juvenil en el Villarreal CF, y más tarde saltó a una Escuela referente como la del Alboraya UD, donde llegó a trabajar con Infantiles y Cadetes.

He estado en la mejor Escuela donde uno puede estar. Recién salido del nivel 1 de entrenador ya estaba entrenando en la mejor Escuela de Valencia, aprendiendo de Pepe Hurtado, Juan Albert y Jonás Navarro”, rememora.

Y viajar por diferentes campos le puso de frente ante una realidad que, no por mucho denunciada, deja de ser constante: el tóxico contexto que los mayores ofrecen para que los chicos y chicas disfruten de su gran pasión deportiva dentro de un terreno de juego.

“El mundo de entrenador en España es muy complicado, le dedicas tiempo porque te gusta pero no te reporta económicamente nada, y uno tiene que pensar en buscar un trabajo para encontrar ingresos. En USA lo que hago me da ingresos suficientes para poder mantenerme”, reconoce Carlos Belenguer, que además incide en el tema que estamos analizando en esta primera parte del reportaje.

La comparación de ambos mundos con el tema padres es odiosa. Aquí respetan mucho, y en España es muy triste lo que te encuentras en tantos campos a los que pude acudir como técnico y espectador”, añade.

Bendita competitividad española

Durante su estancia en España trabajó con Infantiles y Cadetes, y en Estados Unidos ha estado enseñando conceptos básicos del fútbol a chicos y chicas con un rango de edad que va desde los 6 años hasta casi la mayoría de edad.

Y si en lo que se refiere al respeto y educación que muestran padres y acompañantes los norteamericanos, con las excepciones que existen en cualquier lugar, aprueban con nota, hay un detalle que le chirría a nuestro protagonista. Un tema que, bajo su punto de vista, lastra la formación de las nuevas generaciones en un país que lucha desde hace décadas por responder a las expectativas que el resto del planeta tiene depositadas sobre él.

“Estados Unidos tiene que mejorar, desde la perspectiva española y europea, muchas cosas. Aquí se intenta imitar para el fútbol (ellos lo llaman ‘soccer’) el modelo que existe en las bases del fútbol americano, béisbol y demás, pero considero que deberían copiar el modelo europeo cuando los niños y niñas entran a conocer el fútbol en las academias”, afirma este joven entrenador valenciano.

Estar ‘obligado’ a hacer cambios continuos como si de fútbol sala se tratara, o convivir con chicos que piensan en actuar de portero y de jugador de campo dentro del mismo partido, son circunstancias reales y que afectan a la labor tan importante que hay que realizar con los jóvenes futbolistas cuando están en edades formativas.

Huir del ‘modelo patio de colegio’ y acercarse al tipo de trabajo que realizan infinidad de escuelas modestas en la Comunitat Valenciana, sin ir más lejos, debe ser prioridad para el gigantesco país norteamericano si quiere ir logrando unos mimbres más fuertes.

“Si organizaran las ligas de todas las edades, en vez de Este-Oeste, más por estados o regiones como pasa en España, el ‘soccer’ en Estados Unidos todavía daría un salto más”, apunta Carlos, que va un paso más allá en su análisis de la raíz del problema.

“Aquí no hay competitividad, no tienen un plan para una vez que entrenas a los chavales en las academias luego poder sacarles partido jugando en competicione donde crecer y desarrollarse más si cabe”, señala, añadiendo que “ellos no tienen una estructura única para los equipos como tenemos en España. No tienen categorías ni varias competiciones, y sí que ves varias academias que se juntan para crear una pequeña liga y ahí queda todo”.

“No se mete la federación como sí que pasa en la organización de competiciones de fútbol base en España. Aquí tengo niños de mi equipo que juegan en mi academia y luego en equipo de amigos de su pueblo, y en todo momento ves que el negocio impera a la hora de captar chavales o dar forma a las competiciones de menores”, indica.

Por eso considera que lo mejorable, desde la perspectiva de un entrenador como él que ya ha estado sumergido en el trabajo de cantera en ambos países, “es que falta competir. Una tabla de clasificaciones, aunque hablemos de fútbol base, nos gusta a todos, y la competición bien entendida también es clave en el desarrollo deportivo de los niños y niñas”.

Y si encima, como también nos cuenta Carlos, dentro de la misma academia es normal ver que cada técnico aplica con su equipo una metodología distinta, la cosa se desmadra y es complicado generar el ecosistema tan fuerte y enfocado hacia la élite que ya está instalado en nuestro país.

Crecer personal y profesionalmente

Carlos Belenguer es uno más de los muchos técnicos y jugadores, cada vez más jóvenes, que no temen salir de casa y evolucionar a diferentes niveles lejos de su confortable entorno doméstico. Separarse de los seres queridos para crecer en muchos aspectos, superando retos y absorbiendo conocimientos de otras realidades deportivas que existen por ahí.

A él le vino muy bien su conocimiento del inglés, aunque una cosa es poder comunicarse en la calle y otra muy diferente hacerlo dentro de un terreno de juego. Usar el nuevo idioma para orientar a niños y niñas con los que hay que acertar en cada una de las órdenes emitidas.

“Lo recomendaría por el tema del inglés, porque aunque futbolísticamente no te enriqueces tanto como en un año en una academia de España, sí que aprendes y ganas experiencia en idiomas y en destreza a la hora de socializar, de relacionarte con la gente”.

Aquí todo el mundo va a aprender y a respetar. Yo he ganado en abrirme y aprender una forma diferente de ver las cosas”, añade Carlos, que durante estos meses vive con una familia local.

Por eso, aunque insiste en que “a nivel competitivo no es lo máximo y por eso hay que tener paciencia”, sí que ganas en otras cosas y abres tu mente aprendiendo mejor el idioma. “Ahora veo los partidos enfocados en el desarrollo de jugadores más que en el hecho de ganar a toda costa, y he ganado mucho en el trato con un vestuario. Eso sí, aquí ves que muchos vienen, juegan y apenas se relacionan con el resto. Es una actividad donde no se involucran tanto como en otros lugares”.

“En España casi siempre te van a pedir competir y ganar lleves lo que lleves, sea fútbol 11 o fútbol 8 y digan lo que digan de puertas para afuera. Aquí, al menos lo que yo he conocido en un año en Estados Unidos, se priorizan más otros aspectos como el tema femenino”, señala, haciendo hincapié además en cómo los padres ven el fútbol como otra vía para ganarse una beca deportiva para el ‘high school’ (instituto) y ‘college’ (universidad).

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