La Segunda B y Tercera División tienen un problema cada vez más preocupante en España. Asentadas desde años atrás como las categorías más pujantes por los pueblos o las escuelas de la ciudad, han logrado alcanzar un nivel -prácticamente- profesional, aunque de una forma «poco moral». Sobre todo en lo que al trato de muchos jugadores y entrenadores se refiere.

La situación de las terceras y cuartas competiciones, respectivamente, del fútbol español, por lo tanto, está tiñéndose de negro ante los innumerables, aunque no mayoría -por suerte-, impagos, que desembocan ya en la huida de futbolistas o, incluso, en el riesgo de desaparición de todo tipo de clubes, tanto históricos como recién nacidos. La crisis económica del deporte no impone distinciones.

Pero sí abre la puerta a la solución o -como poco- al debate. El primero en hacerlo fue Miguel Ángel Villafaina, primer entrenador del Orihuela CF, que -dejando de lado a su club, ajeno a este tipo de problemas- expuso en las redes sociales que «la situación actual de Segunda B y Tercera División debería ser uno de los focos de atención y preocupación del fútbol español».

Una adulteración de la competición

Todo ello suscitó un mar de opiniones y, sobre todo, respaldo, porque el número de futbolistas y técnicos que han vivido los impagos, la huida de compañeros ante esta circunstancia y el miedo por la inestabilidad económica y, por ello, deportiva ha crecido en los últimos años, hasta repercutir en una «adulteración» de todas las competición implicadas.

Sobre todo porque, como explica Villafaina en este medio, muchos clubes gastan más de lo que tienen en verano, y cuando los resultados deportivos no aparecen o los patrocinadores tampoco llegan empiezan a dejar de lado a las personas que forman el club. «La mayoría de los jugadores dependen del sueldo que perciben del club, por lo que las dos partes deben ser responsables», explica Miguel Ángel.

Además, en lo que a la competición deportiva se refiere, insiste en que todo esto termina afectando a gran escala al nivel de las categorías: «Hay campañas en las que juegas contra un equipo en octubre -con el comienzo la temporada- y, luego, contra una plantilla totalmente diferente en marzo, aún siendo el mismo club. Es una pena que todo esto suceda».

El límite salarial como solución

De este modo, cuando se le pregunta por las posibles soluciones, Villafaina hace referencia al modelo que se sigue en Primera y Segunda División: «Entiendo que es muy difícil equipararlas, pero se debería regular de una forma u otra porque la situación es muy preocupante. Quizá se podría introducir un límite salarial o una forma de controlar lo que gastan los clubes».

Así pues, ante esta situación, jugadores y entrenadores de Segunda B y Tercera, sobre todo, respaldados por las categorías regionales, piden a la Federación que se les tenga en cuenta. Al menos que aprecien esta situación, ya que hay muchos deportistas que van dando vuelcos por diferentes equipos, acumulando grandes cifras de dinero pendientes a cobrar. Así está la situación en el fútbol de bronce español.

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