Destituido tras la derrota en casa contra el Cornellà y tras acumular casi dos meses sin un triunfo que saborear equipo e hinchada, su figura se agigantará aún más con el tiempo después de lo vivido en 2 años y medio de convivencia donde el fútbol solo era un elemento más en el día a día del técnico valenciano.

Algo cultural

Siempre es triste conocer una ruptura entre club y entrenador, pero más si cabe teniendo en cuenta todo lo compartido entre cuerpo técnico y entidad en el período de convivencia que ambos han protagonizado. Se marcha un hombre que junto a sus futbolistas devolvió el orgullo y la ilusión por el Orihuela CF a la Vega Baja, acabando con una etapa de mucha inestabilidad en el banquillo y con una crispación social en el entorno que no ayudaban a consolidar un proyecto sobre el verde.

Pero Miguel Ángel Villafaina lo hizo, y además en su primera experiencia lejos del ‘confort’ de una estructura tan profesional y de formación como la cantera del Levante UD. Un contexto donde estuvo algo más de una década y en el que, exceptuando la última temporada en el filial ‘granota’, protagonizó grandes gestas como las semifinales de la Copa del Rey Juvenil.

El valenciano agradece, y siempre lo hará, la oportunidad que le dio el Orihuela CF tras salir del Levante UD y buscar una primera oportunidad en el fútbol amateur/semiprofesional –“hablé con otros clubes y me penalizaba ser joven y no haber tenido experiencia en un vestuario con jugadores más mayores”-, entendiendo y transmitiendo que los códigos del fútbol son los que son.

“Es una cuestión cultural, a todos los niveles manda la inmediatez y no hay memoria. Sabemos que un mal resultado te condena y a esto en el fútbol, nos guste o no, hay que darle normalidad. Pero por encima de todo tengo claro, desde que empecé a entrenar a nivel profesional, que allá por donde pases debes dejar un buen recuerdo personal”.

Para ser entrenador profesional o de éxito no hace falta ser un mal tío, ser soberbio o prepotente. El entrenador acaba siendo un gestor de recursos humanos, y tu equipo va a ser un reflejo tuyo”, añade.

Y es que su adiós ha sido elegante, de respeto y cariño mutuo entre ambas partes porque como nos comenta, es consciente y así se lo han trasladado desde el club que su destitución no ha sido una decisión fácil de tomar. Pero ya se sabe que en la búsqueda de revulsivos la memoria en este deporte apenas existe, y del pasado, aunque sea triunfal, ya no se puede vivir ni 3 meses en la nueva categoría que disputa el Orihuela CF.

“Los dueños del club están más dolidos que yo por lo que ha pasado”, apunta un Villafaina que entre manos tenía el segundo presupuesto más bajo de todo el grupo III de Segunda División B.

La palabra proyecto es muy bonita pero después para poder llevarla a cabo hace falta paciencia en club y entorno, y eso es muy complicado. Es un tema cultural de este país más que de un club o zona”, insiste.

El cariño de la gente

Si por algo es necesario acercarse a la figura y la relación entre Villafaina y el Orihuela CF es porque este caso es uno de esos donde el fútbol trasciende al resultado o la temporada actual. Lo explica el cariño y mensajes recibidos desde que se hiciera oficial la marcha de un técnico que llevó a dos playoffs de ascenso consecutivos al club, que lo devolvió a Segunda B muchos años después y que le dio una necesaria cercanía con la sociedad, dando alegrías y esperanza en los recientes momentos tan duros de la gota fría en la Vega Baja.

“Más allá del ascenso hemos hecho que la Vega Baja entienda que el Orihuela CF es su equipo de referencia. Cuando llegué había 500 personas en el campo y un clima de pesimismo, posteriormente hemos conseguido llenar Los Arcos y tener a la gente identificada con su club. Es algo que no es tangible, pero los que hemos estado en el día a día del Orihuela CF sí que ponemos en valor”.

“Es lo más bonito que te puedes llevar, como la gente que viene llorando a darte las gracias. Es lo que te llevas, porque los entrenadores tenemos fecha de caducidad”, añade.

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Tiempos trágicos en la Vega Baja

La victoria en el Rico Pérez del Hércules (hasta la fecha la única en la temporada de un Orihuela CF que con 7 puntos solo está a 4 de la permanencia), pocos días después de los trágicos acontecimientos de la gota fría en toda la Vega Baja de Alicante, fueron algo más que 3 puntos. Un motivo para sonreír en tiempos oscuros, un recuerdo de que como se suele decir ‘el fútbol es la cosa más importante de las que menos importancia tienen en la vida’.

Pero esta circunstancia, y no lo quiere esconder Villafaina, ha sido algo que les ha lastrado en este inicio de temporada. Apenas han podido disputar partidos como locales por la inundación y deterioro del campo de Los Arcos, su casa, y de hecho es muy posible que acaben haciendo historia en negativo. Siendo el primer club que acaba jugando una temporada con más de 20 partidos lejos de su terreno de juego habitual.

“Hemos luchado contracorriente desde el primer momento, con lesiones y situaciones atípicas como fue lo del campo. Eso, para un equipo que quiere salvarse y debe hacerse fuerte en su casa, acaba siendo un lastre”, afirma sin el afán de buscar excusas. Pero sí que exponiendo los hechos, como que además de contar con una visible irregularidad en el juego cuando actuaban de visitantes ha echado de menos algo más de suerte durante muchos fines de semana.

“Nos ha faltado esa pizca de suerte para crecer desde la tranquilidad, cuando en casa hemos sido un equipo que ha merecido más de lo que ha conseguido hasta la fecha. Me voy con ese sinsabor, porque creo que hemos merecido tener 3 o 4 puntos más por lo visto ahí, incluso con alguna decisión arbitral que tampoco cayó de nuestro lado”, añade.

Más que fútbol

A Miguel Ángel Villafaina le ha tocado ser algo más que un técnico de pizarra y charla en el día a día del club emblemático de la Vega Baja. El tema social junto al director deportivo ha ocupado también buena parte de su tiempo, y eso incluye “organizar filiales con asociaciones locales para que perciban al club lo más cercano posible a la gente”, así como acudir a colegios e incluso a reuniones con representantes políticos de la comarca.

Ha sido un trabajo que ha ido más allá de lo deportivo para tratar de acercar el club a toda la sociedad de Orihuela. Un acercamiento que hemos logrado y es lo que recojo en mi despedida, el reconocimiento y el cariño tan especial que me han demostrado todos aquí”, destaca.

“Ha sido una experiencia de vida, una vivencia de mucha mejora personal y también profesional con un vestuario donde había jugadores que eran mayores que yo, y algunos de ellos con pasado en primera o segunda división. Que hayan acabado llorando y dolidos por mi marcha significa que has calado en su día a día, y eso es lo más bonito que te puedes llevar como entrenador, incluso más que un título o un ascenso».

Me voy feliz porque he acabado con todo el mundo fenomenal”, señala.

Un legado

El tiempo, insistimos, dará más valor si cabe a lo realizado dentro y fuera del terreno de juego por Miguel Ángel Villafaina en Orihuela. Una relación donde ambas partes han salido beneficiadas, y un recuerdo que ni siquiera esta ruptura contractual podrá difuminar. “Me siento participe del objetivo de la salvación, y sobre todo espero que este legado que hemos dejado de unidad con la sociedad de la Vega Baja se mantenga en el tiempo. Ojalá en el futuro siga viendo ese clima tan positivo que hemos logrado aquí”, afirma un emocionado entrenador.

Ahora le queda seguir mejorando en el día a día, estar cerca del fútbol mientras espera una nueva oportunidad para la próxima temporada, ya que en la presente campaña 2019/20 no podrá coger a otro equipo en territorio español. “Me va a venir bien para oxigenarme, han sido 2 años y medio aquí que por todo lo vivido han sido como 5 en otro club. Ahora quiero analizar mis aciertos y errores para crecer, y aprovechar mejor si cabe la próxima oportunidad”.

Y siempre con Orihuela y su club de fútbol de referencia en el corazón. Porque lo experimentado no se puede condensar en una sola entrevista, ni explicar con palabras. Ha habido que sentirlo, celebrarlo y sufrirlo en el ascenso, pero también en el desastre que originó el agua hace pocos meses. “Me voy con la sensación de que más tarde o más temprano voy a volver, aquí tengo las puertas abiertas tanto a nivel futbolístico como personal”.

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