El nombre y los apellidos de Raquel González Ruano (Castellón, 1976) quedarán grabados para siempre en la historia del fútbol sala español. También lo hará la fecha de su debut, el 22 de septiembre de 2012, cuando la castellonense de, por aquel entonces, 35 años se convirtió en la primer árbitro de la Primera División de fútbol sala.

Raquel González

Antes fue jugadora y entrenadora, por aquello de probarlo todo en el deporte –su mayor pasión, admite–, hasta que la curiosidad y la insistencia de un compañero de trabajo llamaron a su puerta. “Acudí a una clase del Comité para no quedarme con la intriga, pero me gustó mucho. Por ello, me apunté y, tiempo después, completé el curso de árbitro”, recuerda González.

Acudí a una clase del Comité para no quedarme con la intriga, pero como me gustó tanto me terminé quedando”, recuerda González

Empezó a sus 25 años como cronometradora –persona encargada de controlar los tiempos del partido desde la mesa–, trabajando junto al anotador y asistiendo así al árbitro principal. Sin embargo, su constancia en el trabajo y su gran capacidad de aprendizaje le llevaron a debutar muy pronto como primer colegiado en un partido local masculino en Castellón.

Raquel González

Fue allí donde, pese a perder el control del partido y expulsar a casi todos los jugadores por agresiones, sintió que esto del arbitraje era para ella: “Me encantó esa sensación de control, de seguridad en todo momento. Era como si estuviese dentro de un huracán, pero sin que nada me afectase. Descubrí una faceta de mi persona que no conocía”.

Descubrí una faceta de mi persona que no conocía; era como si estuviera dentro de un huracán, pero sin que nada me afectase”, explica Raquel

Así pues, una vez superado el primer escollo con los nervios, su figura creció a pasos agigantados en el mundo del arbitraje español. De hecho, no necesitó más que un puñado de años para ascender a Segunda y labrarse su propio futuro. Eso sí, dejado de lado muchas cosas y centrándose en el entrenamiento, porque “sin una formación mínima es imposible alcanzar la élite”.

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Se impuso esa idea en la cabeza desde el principio, aunque cree que la ayudó en cierto modo que no tuviera mucha rivalidad femenina en el Comité Nacional: “Llegué más rápido a las primeras categorías porque jugué con la baza de tener menos competencia. No obstante, aquí no le dan el silbato a cualquiera. Si te dan una oportunidad es porque saben que vales”.

Raquel González

Por lo tanto, Raquel demostró su capacidad a base de grandes actuaciones en Segunda, hasta que dos años después recibió la llamada de la Primera División. “Fue uno de los momentos más especiales de mi vida. No solo por ser la primera mujer, sino por el simple hecho de haberlo logrado. Nunca imaginé esta situación”, rememora González.

Aquella noticia le sonsacó una sonrisa imborrable y una fuerza emocional capaz de derribar todos los obstáculos. El primero: el sexista, ya que se convertía así en la primer árbitro de la máxima categoría española de fútbol sala. También el machista, quizá el más doloroso: “La gente se sorprendía cuando veía a una mujer pitando. Nunca entenderé por qué le daban tanta importancia. Nosotras tenemos la misma capacidad que los hombres para aprendernos las reglas”.

Nosotras, las mujeres, tenemos la misma capacidad que los hombres para aprendernos las reglas”, apostilla la árbitro castellonense

Raquel González

Aún así, admite que lo que más le dolió de sus primeros años en la élite fue escuchar los comentarios ofensivos y los reproches de los más pequeños: “Aunque obviaba el ambiente ensordecedor de las gradas, resultaba imposible no escuchar sus palabras. Su vocecita, sus insultos; era una pesadilla. Los mayores no hacían nada, incluso parecía que aprobaban esas acciones”.

Por ello, tuvo que aprender a convivir con esas acciones y esperar que los padres –‘sus educadores’, insiste– se dieran cuenta del daño que estaban haciendo a sus hijos con tanta permisividad. Incluso, todo esto le llevó años después hasta la actualidad a acercarse mucho más a las escuelas y a pitarles en varios partidos, ante su fascinación.

Lo que más duele es escuchar los comentarios ofensivos y los reproches de los más pequeños”, afirma Raquel González

Raquel González

Siempre se le reconoció por su capacidad para compaginar su amor por los niños con su trabajo de logística en Calidad Pascual y de árbitro en la Liga Nacional de Fútbol Sala, hasta que se le acrecentó con la llegada de los Mundiales de Portugal, donde pitó como árbitro principal la final entre el país anfitrión y Brasil, de España y de Guatemala.

Fue aquella experiencia internacional, junto a su gran mejora en la Primera División, lo que le permitió convertirse en la primera mujer española en ser árbitro UEFA. He aquí su gran hazaña. Lo logró el 23 de agosto de 2017 en la Copa Europea Masculina en Noruega, donde ya se terminó de consagrar en la élite del arbitraje.

Raquel González se ha convertido esta verano en la primera mujer española en ser árbitro UEFA

Raquel González

De esta manera, Raquel González, a sus 41 años, lo ha vivido prácticamente todo siendo árbitro. Lleva 16 dedicándose a esto, aunque se arrepiente de no haber empezado antes; lo considera una parte fundamental de su vida. Ahora solo sueña con que no llegue el fin, y si lo hace que sea lo más tarde posible. Solo tiene ojos para su pequeña gran locura: el arbitraje.

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