Aitor Francesena, leyenda del surf e invidente: «Tengo oídos de murciélago, el mar te da mucha información» | Yo soy noticia

Y de poder conocer a fondo su historia, una de esas que por sí sola justifica la existencia de un medio como este, y que ejemplifica a la perfección el placer humano y periodístico que supone tener la posibilidad de contar relatos positivos en un siempre aparente contexto comunicacional de malas noticias perpetuas. Es un privilegio poder hablar con protagonistas que sin duda nos regalan más ellos a nosotros que a la inversa, en forma de tremenda energía positiva y ejemplo vital.

Yo he estado toda la vida con un tren persiguiéndome por detrás, que era el quedarme ciego, así que decidí ver y vivir sin límites todo lo que quisiese mientras pudiera”

«Gallo” nació en Zarautz, País Vasco, una de las cunas del surf en Europa. Le llaman así desde que siendo pequeño tuvo varios encontronazos con unos punkys que le hacían cacarear como a una gallina. Pero con el tiempo demostró no sólo no ser un gallina, sino una de las personas más valientes e inspiradoras que hemos conocido.

Nació con glaucoma congénito, y siempre supo que, probablemente, algún día se quedaría a oscuras. Por ello siempre vio y vivió todo lo que pudo “a tope”, como él siempre dice: “Yo he estado toda la vida con un tren persiguiéndome por detrás, que era el quedarme ciego, así que decidí ver y vivir sin límites todo lo que quisiese mientras pudiera”. Y por ello aprendió a exprimir al máximo cada puesta de sol junto al mar como si fuese la última, y a vivir cada momento como un regalo.

Toda la vida he tenido prohibido hacer deportes de riesgo… y basta que lo tengas prohibido para que lo quieras hacer más”

LA FORJA DE UN HÉROE

Cada una de las frecuentes visitas al médico era una tortura. “Gallo” huía de casa y se escondía cuando sabía que al día siguiente le tocaba tratamiento. Su escape y su pasión desde muy temprana edad fue el Surf, con el que entró en contacto gracias a la tabla de “Canguro”, el hermano mayor australiano de uno de sus amigos.

Aunque sus padres se lo prohibían por ser peligroso y por su condición médica, no les hizo caso y durante un tiempo surfeó a escondidas hasta que en casa se dieron por vencidos y acabaron hasta programando las comidas en función de las mareas. Desde entonces intenta comenzar cada día dando ese traguito de salitre que le conecta al mundo. “Toda la vida he tenido prohibido hacer deportes de riesgo… y basta que lo tengas prohibido para que lo quieras hacer más”, dice entre risas.

En 1984, con catorce años y tras varias cirugías perdió definitivamente el primer ojo. En 1988 ya diseñaba y fabricaba sus propias tablas en su taller y además abrió en Zarautz la primera escuela de Surf del país, cuyo método hoy se emplea en todas partes. Sus pilares, las 3S: sacrificio, superación y satisfacción.

Bajo su manto emergieron algunas grandes figuras de este deporte, en particular Aritz Aramburu, alguien a través de quien vivió vicariamente en 2007 la alegría de ser campeón del mundo. En 2012, mientras intentaba hacer salir a sus alumnos de un mar embravecido, una ola le golpeó la córnea del ojo que aún le funcionaba y le dejó definitivamente ciego. Según él mismo describe, “el ojo me estalló como un chipirón y supe enseguida que no había marcha atrás”.

EL INICIO DEL MITO

El momento que siempre sembró sus pesadillas había por fin llegado irremediablemente. Para cualquier otro ahí se habría terminado, pero no para un Aitor que, inasequible al desaliento, supo reinventarse, convertirlo en un punto de inflexión y volver a partir de cero para reaprender a hacer de otra manera algo que había hecho toda su vida.

Las palabras no podrían describir todo lo que sentí cuando me subí a una tabla por primera vez después de quedarme ciego”

Gracias a sus desarrollados “oídos de murciélago”, a su caddy asistente Ibon Illarramendi, a una tabla adaptada creada por la empresa vasca Pukas que le indica el norte mediante señales sonoras y, ante todo, gracias a su inquebrantable pasión por el surf y voluntad, tan sólo unos meses después de perder la vista, Gallo se volvió a subir a una tabla de surf. Según el mismo declara, “las palabras no podrían describir todo lo que sentí cuando me subí a una tabla por primera vez después de quedarme ciego”.

Tras un intenso y extenso periodo de adaptación, en 2015 se fue a la meca de este deporte, La Jolla, en San Diego, California, a competir en el ISA World Adaptive Surfing Championship, el campeonato del mundo de surf adaptado. No lo logró en el primer intento, pero al año siguiente se proclamó flamante campeón, cosa que volvería a lograr en 2020 e hito que describe como de una alegría explosiva y abrumadora.

Todo ello demostrando que, como dijo Scott Hamilton, un patinador norteamericano que nació con un tumor cerebral congénito y que pese a ello ganó cuatro veces el campeonato mundial de su disciplina y fue oro olímpico, la única discapacidad en la vida es una mala actitud.

UN SUEÑO PARALÍMPICO EN EL HORIZONTE

Su inagotable pasión por su deporte se plasma además en los dos libros que tiene publicados sobre la materia, “Querer es Poder” y “Las Olas Contadas”, en una película presentada en 2018 en el Festival de San Sebastián, en las numerosas charlas que imparte como embajador de esta disciplina o en su labor de entrenador de la selección gipuzkoana.

Pero si el cuerpo y la mente me aguantan, estaré en Los Ángeles 2028 compitiendo y dándolo todo”

Y como nunca es el final mientras te queden sueños por cumplir, desde que el Surf empezó a ser deporte olímpico en Tokio 2021,este teórico de las olas, maestro, entrenador y referente ahora no piensa en otra cosa que competir en los próximos juegos surcando las olas. “No creo que para París 2024 hayan ya homologado también el surf paralímpico, esas cosas van despacio. Tengo ya una edad, intento cuidarme al máximo, pero el cuerpo dará lo que tenga que dar. Pero si el cuerpo y la mente me aguantan, estaré en Los Ángeles 2028 compitiendo y dándolo todo”.

Os invitamos a disfrutar de la entrevista completa, una delicia que tuvimos el placer de tener con este auténtico ejemplo de pasión, lucha y superación que ya ha vencido al tsunami más poderoso: la vida misma.

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