«Ha sido una salvajada», empieza explicando el nadador Alberto Lorente, quien se está recuperando de su último desafío solidario llevado a cabo en las aguas del Mar Menor. Aunque han pasado ya unos días desde que lo lograra, todavía hoy reconoce que tiene «picos de fiebre» durante las noches. «Al final se ha conseguido y eso es lo más importante».

El catalán, habitual de este tipo de locuras y retos, ha vuelto a entrar en el libro Guiness  de los Récords después de darle la vuelta entera al Mar Menor y hacerlo sin visibilidad. Han sido 50 kilómetros cubiertos en veinte horas de forma ininterrumpida. «Ha sido una verdadera tortura psicológica, fueron unas horas muy largas», cuenta a Yo Soy Noticia.

«Nuestra cabeza no está hecha para no ver y nuestro cuerpo no está hecho para la noche. He ido nadando sin saber qué dirección tomar, con náuseas, vomitando en el agua. Ha sido una locura»

Positivo como pocos, explica todo esto con una sonrisa, satisfecho de lo logrado y de haber dado la visibilidad que quería a la asociación Aidemar, para quien ha ido todo lo recaudado, de tal forma que así se pueda construir un Polideportivo en San Pedro del Pinatar (Murcia) para que pueda usarlo esta asociación dedicada a las personas con discapacidad.

Una tortura física y mental

El nadador reconoce haber sufrido mentalmente en otros desafíos, pero pocas veces como en este, algo a lo que se añadió el aspecto físico. «Mira, yo considero que lo he hecho muy bien, pero es verdad que sin esas gafas que me dejaron con un 2 o un 3% de visión, podría haberlo hecho en la mitad de tiempo. Estuve mareado casi todo el rato porque además, cuando descansaba, lo hacía en el velero, que también se mueve», recuerda.

Tuvo que hacer frente a todo eso, a nadar durante la noche, a no ver nada en casi veinte horas y además a un banco de medusas. «Pensábamos que no iba a haber, pero en la zona de los Alcáceres, cuando llevábamos seis o siete kilómetros, me encontré con un banco de medusas. Eran grandes y yo no veía nada. El equipo me avisó desde el barco pero fue imposible esquivarlas. Me empezaron a picar y yo seguía sin ver nada. Luego me empezó a doler la cabeza, vomité, me tomé una biodramina y también la vomité…».

«Cuando hice la segunda parada, en el kilómetro 12 o 13, me encontraba fatal, muy mareado y con la tensión muy baja. Estuve a punto de abandonar. Alargamos la parada hasta la media hora, el tiempo daba igual»

Reconoce que estaba «muy débil» en esos momentos. «Sabía que me quedaba más de la mitad y la sensación de vomitar en el mar es muy desagradable porque a la vez te entra una bocanada de agua», sigue explicando, aunque lejos de pensar en ello, pronto sube el ánimo. «Pero no pasa nada, esos malos momentos terminaron pasando y al final conseguimos cumplir con el reto».

Una vida llena de retos solidarios

A llevarlo a cabo contribuyó ese carácter solidario del mismo. «Yo soy nadador y he hecho natación toda la vida, pero siempre he querido hacerlo así. Esto surgió a través de mi compañero Fran, que me explicó que había que hacer algo en Murcia, en el Mar Menor, porque se habían suspendido todas las competiciones por el tema del covid».

Así que se fue para allí y empezó a darle vueltas a un proyecto. Conoció la asociación Aidemar y eso fue lo que terminó de convencerle. «Valoramos varias cosas, nadar con los pies atados, algo para dar visibilidad, pero luego vimos que ya se había hecho algo parecido, así que hablamos con la Fundación ONCE y nos ofrecieron esta opción».

«Así es como surgió esta gran locura que no se la recomiendo a nadie»

Eso sí, ahora se siente feliz y orgulloso. No solo por haber completado este gran desafío, sino por haber logrado dar visibilidad a la asociación y haber recaudado dinero para ellos. «Eso es lo más importante de todo esto», cuenta.

Próximos desafíos

Apasionado de la natación, de las aguas abiertas y de estos locos desafíos, aunque tiene claro que ahora el resto del año es para descansar un poco y recuperarse bien, en su cabeza ya hay otros proyectos y otras ideas para un futuro a medio plazo.

«Tengo un par de planes», bromea nada más empezar a contarlo. «Me gustaría unir la península con las Baleares, pero no quiero hacer el Jávea – Ibiza que ha hecho más gente. Eso me motiva poco, por eso lo que me gustaría es hacer Barcelona – Mallorca, que es un proyecto que tenía para este año y que por el tema del covid hemos tenido que aplazar. Son algo más de 200 kilómetros y es un reto que igual impulsamos para el año que viene».

Además, de islas a islas y tiro porque me toca.

«Mi prima hermana, que es canaria, me ha comentado de juntar todas las Canarias. Es algo que me gusta mucho y no lo ha hecho nadie. Cuando eres pionero en algo siempre es especial y siempre se habla más de ello»

Todo eso llegará, seguro, porque Alberto Lorente lleva la natación en la sangre. Eso sí, poco a poco, sin prisa pero sin pausa, porque como él mismo explica, para todo este tipo de retos hacen falta muchos meses de preparación, tanto a nivel físico, como mental y también logísitico. «Por suerte, tengo un gran equipo detrás que se encarga de la gestión de los barcos, los mails y todo esto, pero es una carga de trabajo importante y hay que verlo con calma», cierra apenas tres días después de haber nadado 50 kilómetros en el Mar Menor. Ahí es nada.

Fotos: Javier Zapata.

Aviso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información ‘aquí’.

Aceptar Cookies