Pocas historias encogen tanto el corazón como la de Carmen Giménez (Madrid), sin embargo, pasado algo de tiempo desde todo lo sucedido, ella reconoce estar «bien» y recuerda sus últimos años con aplomo, con sinceridad y con las emociones brotando por cada poro de su piel.

Deténganse diez minutos para descubrir lo que tiene que compartir esta atleta adaptada que ha hecho de la silla de ruedas una de sus mejores aliadas. Tanto es así que la entrevistamos a primera hora de la mañana cuando pone en marcha su cuerpo hacia el entrenamiento.

Mientras va en su coche, echa la vista atrás y recuerda cómo empezó todo. No es fácil contar algo así, pero Carmen lo transmite con cercanía y sinceridad.

«Tengo una lesión medular derivada de una situación de violencia de género que sufrí en el año 2010. Mi pareja me tiró de un tercer piso y perdí la movilidad desde el ombligo para abajo»

Dos duros golpes

Son apenas unas pocas palabra, tres frases, pero te lo devoran todo por dentro. «Mira, la conclusión que extraje yo, además de saber que la lesión era gravísima, es que salvé la vida. Y eso fue un punto de inflexión porque empecé a valorar la vida en sí misma, que es algo que está por encima de todo y es lo más importante. Creo que no somos conscientes de eso hasta que no nos llega una situación extrema. Nos creemos que la vida es la monotonía de un día detrás de otro, y la realidad es que es un regalo».

De su experiencia se extrae un mensaje positivo, un mensaje que puede dar ahora, once años después de aquello. «La realidad es que pasé por un proceso complicado de asimilación y de aceptación. No fue nada fácil y me llevó mucho tiempo. Ahora se me ve muy bien, pero no fue así desde el principio. Lo pasé muy mal. No por la lesión, que ya era bastante grave, sino más bien por las circunstancias. Fue algo muy violento y muy difícil de asimilar», explica a Yo Soy Noticia.

Reconoce que tuvo que pasar un tiempo para ir dejando atrás ese capítulo. «Fue un proceso lento, hice mucho trabajo personal y al final fui capaz de enfocar la vida de otra manera. Después me casé, me separé y tuve a mi hija mayor. Luego de separarme tuve otra relación y con esa otra persona tuve a mi hijo Bruno, que es en realidad el motor de muchas de las cosas que hago en mi vida, sobre todo las que están relacionadas con el deporte».

«Bruno nació y murió el mismo día. Me puse de parto el 4 de septiembre de 2018, llamé cuatro veces al 112 y les advertí sobre la gravedad de la situación, pero por motivos desconocidos y que ahora están en un juzgado por homicidio imprudente, decidieron no venir. Cuando llegaron mi hijo ya había nacido, fue prematuro, llevábamos más de una hora esperando y no él no tenía capacidad pulmonar para respirar por sí mismo. En definitiva, le mataron»

Así de crudo suena todo esto. «Es que el niño estaba perfectamente y solamente necesitaba asistencia en el parto», sigue describiendo sobre aquel momento, presente en su cabeza de forma constante. «Todo ocurrió en una noche normal, yo estaba en casa como cualquier día. Fue en la madrugada del 3 al 4 de septiembre y yo estuve perfectamente todo el día. Me metí en la cama a las 22:30 y en seguida me empecé a sentir mal, a tener escalofríos y temblores y empecé a sangrar», cuenta.

«Es entonces cuando empecé a llamar porque fue algo totalmente inesperado. Si yo en ese momento ya era consciente del valor de la vida porque lo había experimentado en primera persona, pues a partir de ese momento se multiplicó exponencialmente. Lo de uno mismo duele, pero lo de tus hijos está por encima. Es algo complicado de explicar».

Porque asumir todo eso fue realmente difícil, algo que ella misma resume perfectamente. «Tuve que sentir que a mi hijo, que estaba perfectamente, no le habían permitido vivir. La vida debe de estar por encima de todo», dice la protagonista de esta historia. «Hay que disfrutarla, hay que vivirla, porque es muy dura a veces, hay cosas oscuras, tristes o dolorosas, pero forman parte de la vida», sigue.

El deporte, aliado vital

Y ese es el segundo punto de inflexión en la vida de Carmen Giménez, a quien los golpes la habían dejado tocada, pero supo salir adelante. Y en esta fase el deporte tuvo una gran importancia. «Para acompañarme en mi duelo, en ese difícil trago, gente que estaba a mi alrededor empezó a correr y lo hizo por Bruno, bajo el lema ‘Run for Bruno’. Lo hicieron con el objetivo de llevarle por las calles de todo el mundo, esas que él debería haber recorrido».

Sin embargo, explica que con el paso del tiempo sus amigos se acercaron a hablar con ella para decirle que aunque ellos iba a seguir corriendo por Bruno, la que mejor podía hacerlo era ella misma, que era su madre. «¿Yo? eso fue lo primero que pensé. En ese momento me chirrió mucho porque iba en silla de ruedas. ¿Cómo iba a correr yo? Pero lo primero que hice fue irme a una pista de atletismo cerca de casa, en Torrelodones, con mi silla normal y me puse a dar vueltas a la pista. Pero claro, me di cuenta que algo fallaba porque yo iba muy lenta y era una locura. Fue en ese momento cuando me puse a investigar y me di cuenta que para correr había sillas diferentes, que la posición era distinta…».

Ese desconocimiento no es algo puntual, es fruto de una sociedad que vive al margen de la discapacidad. «Cuando te pasa algo así lo primero que piensa todo el mundo es que ya no vamos a poder hacer deporte nunca más. Eso es algo que tiene que cambiar».

Un golpe de suerte o un guiño del destino llegó a su vida. «De tanto buscar por internet me saltó la referencia de un club de atletismo que estaba al lado de mi casa, en Las Rozas, y casualmente habían hecho unos días antes unos Juegos Inclusivos, así que yo les escribí, les comenté mi caso y estaba convencida de que me iban a mandar por ahí, sin embargo, al poco tiempo me contestaron y me derivaron a un entrenador, Roberto Álvarez, que es mi entrenador actual. Me quedé un poco alucinada, la verdad. Ahora él bromea conmigo y me dice que no tenía que haberme contestado por la guerra que le doy siempre».

«Él me brindó todo su apoyo, ya llevaba mucho tiempo ayudando a las personas con discapacidad. Me habló del desconocimiento, del camino tan duro, de las barreras que hay, sobre todo de carácter económico, porque las sillas no están ni en España. Pero yo tenía claro que iba a hacer todo lo que estuviera en mi mano. Iba a hacer a Bruno presente y me daban igual las barreras. Tenía una motivación muy personal y muy grande»

Se metió de lleno en un mundo completamente nuevo para ella, pero se volcó en cuerpo y alma, pese a los obstáculos que fue encontrando. «Empecé a prepararme a nivel físico al principio, hacíamos movilidad, fuerza, equilibrio, mucho trabajo anatómico porque claro, yo no tenía silla y nadie nos deja una silla. Es como si tú sales a correr sin zapatillas, lo mismo, pero no teníamos otra opción».

Pocos meses después de aquello, ella tenía claro que quería más. «Le dije a Roberto que quería empezar a correr, que iba a Decatlon y compraba una silla, pero entonces me explicó que no era todo así de fácil. Yo no podía creer lo que me contaba, pero por suerte, yo podía irme fuera, comprar una silla y empezar, sin embargo, me di cuenta que eso es algo que nadie iba a hacer porque era una locura», reflexiona.

«Para probar tienes que irte a un país lejano, gastarte 6.000 euros en una silla de ruedas y luego a lo mejor, cuando ya te pones las zapatillas, resulta que no te gusta correr. Nadie hace eso. Así que vi claro lo que tenía que hacer»

Porque lo que siempre estuvo en su cabeza fue el deseo y la necesidad de ayudar. «Primero pensé en una fundación para ayudar a madres que estuvieran pasando por lo que pasé yo, pero eso me costaba mucho a nivel emocional, así que con esto se me iluminó la bombilla. Tuve claro que la mejor forma de que Bruno pudiera ayudar a otras personas a que sus vidas tuvieran más sentido era crear un club de atletismo en el que facilitarles información, un espacio para entrenar, un entrenador. Eso iba a cambiar la vida de mucha gente».

‘Run for you’

Así nació ‘Run for you’, «que viene derivado del Run for Bruno», cuenta. «Nos dimos cuenta de que aunque yo corro por mi hijo, cada uno lo hace por una causa, por algo. Hay gente que corre por su hermano, por su madre, por su hijo, por su marido. Pero de esta forma, Bruno se iba a hacer presente en cada una de esas personas porque nuestro planteamiento era el de la inclusión, no corremos solo personas con discapacidad física, sino cualquier persona».

Y es que Carmen Giménez deja muy clara una cosa. «Mira, la sensación de libertad que proporciona el correr cambia la vida de una persona con discapacidad, porque le ofreces la opción de recuperar esa sensación de velocidad». Y todo esto lo explica a la perfección porque ella ya corría antes de su lesión medular. «Es que la sensación es la misma, da igual correr de pie que sentado. Ese momento de angustia, de fatiga, es igual, de verdad».

Ese ‘Run for you’ ya es algo más que una realidad. «Nos hemos movido con la federación madrileña y ya hemos conseguido que nos hayan permitido, por primera vez en la historia, que una persona en silla de ruedas, que en este caso he sido yo pero vendrán muchas más, compita en los controles convencionales de la federación madrileña. Hemos corrido todas juntas y eso es algo muy importante para dar visibilidad a personas que realmente lo necesitan».

En la visibilidad está la clave de todo, porque es fundamental que la gente sepa que hay deporte adaptado, que se puede seguir poniendo el cuerpo al límite y que hay una competición igual de bonita. Ese es el camino para que un día vayamos a una tienda de deporte y encontremos material a nuestra disposición y sea más barato de lo que es ahora.

«Esto es la pescadilla que se muerde la cola. Como no hay demanda, no hay sillas, pero como no hay sillas, la gente no sabe que puede practicar el deporte. No hay información sobre el deporte adaptado. Seguimos en esa fase en la que si te pasa algo así piensas que se ha terminado el deporte para ti. Lo más importante es la visibilidad»

Fotos: Javier Cloquell y Salva Malonda.