El deporte es una grandísima fuente de historias de éxitos. Cierto es que tendemos a caer en el resultadismo, en los títulos y en valorar mucho más lo conseguido en dos horas que todo el camino realizado hasta el momento de levantar una copa o una medalla. Pero el deporte siempre te regala la posibilidad de ir más allá, de encontrar a protagonistas que parecen escondidos y que, sin quererlo, se convierten en una inspiración para todo el mundo.

Este tipo de historias vuelve a ser protagonista en YoSoyNoticia.es. Esta vez, de nuevo con el balonmano como deporte principal, viajamos a Onda. En la localidad de Castellón nos espera Juan López, entrenador del Senior Masculino del Castell d’Onda. A sus 44 años, el que fuera extremo zurdo en sus tiempos como jugador comanda desde el banquillo a un equipo formado hace apenas dos años. Y lo hace acompañado de una enfermedad. Juan López sufre Parkinson.

«La enfermedad de Parkinson es una enfermedad progresiva del sistema nervioso que afecta el movimiento. Los síntomas comienzan gradualmente. A veces, comienza con un temblor apenas perceptible en una sola mano. Los temblores son habituales, aunque la enfermedad también suele causar rigidez o disminución del movimiento». Así define la prestigiosa clínica Mayo este tipo de enfermedad. Hoy, junto a Juan López, vamos a conocer cómo el deporte puede con todo.

Una vida ligada al deporte del balonmano

Llamar a Juan López ‘apasionado’ se queda corto. La vida de nuestro protagonista siempre ha llevado consigo al balonmano: «En Onda siempre ha habido tradición y ahora tenemos hasta 180 jugadores y jugadoras. Cuando estaba en el colegio vino un jugador del equipo senior a las clases para invitarnos a entrenar y jugar y nos apuntamos unos cuantos chicos. De ahí hemos jugado toda la vida juntos. Dos años después pasaría al club y hasta entonces».

Todo ello, con apenas 14 años. Onda, Almassora y Morvedre han sido los equipos que han tenido la suerte de contar con Juan: «Con 14 años empecé a jugar y ya también entrenaba a equipos de diferentes colegios. He jugado y entrenado durante toda mi vida. Estuve entrenando en Almassora y luego me salió la oportunidad de Morvedre después de un año de parón por la enfermedad. Apenas podía conducir pero me recogían y me dejaban en casa después y pude volver a entrenar».

Ahora, López comanda al Senior Masculino de Onda: «Estoy entrenando al primer equipo del Club de Balonmano Onda, del Castell d’Onda. Entreno al senior masculino y es la segunda temporada que estoy con el equipo. Y tengo también a dos personas que me ayudan, como si fueran un segundo entrenador».

Y lo hace con un odioso compañero de viaje como es el Parkinson, que obliga a Juan a tener que organizar hasta sus horarios de medicación para superar con cierta comodidad las sesiones y los partidos: «La medicación tiene altibajos a lo largo del día y me organizo para que cuando tengo entrenamientos o partidos esté en el punto más alto. Esto tiene subidas y bajadas e intento tenerlo todo en cuenta. Y entreno tres días a la semana y luego el partido».

La enfermedad es una mezcla de todo

A sus 44 años, Juan López sigue abrazando al balonmano como si fuera la primera vez. De hecho, su figura fue clave en la creación del equipo senior en Onda: «En Onda no había equipo senior masculino y estábamos todos repartidos por la Comunitat. Tuvimos una reunión el año pasado y hablamos de que si entrenaba yo, los chicos volvían y formábamos un equipo. Hicimos una plantilla muy larga con gente del pueblo y tuvimos hasta que hacer descartes. Y ahora estamos viviendo la segunda temporada».

Tres entrenamientos a la semana, un partido a la semana y cambios en la medicación para poder luchar contra una enfermedad que conocemos muy por encima: «Cuando pasa el efecto de la medicación tengo un dolor infernal que apenas puedo coger el teléfono. La enfermedad no es solo el temblor que podemos pensar todos. Hay una pérdida de coordinación, de rigidez, dolores, lentitud… Es una mezcla de todo».

Pero ese dolor infernal no puede con su pasión por el balonmano. Se acabaron los desplazamientos, pero nunca el deporte: «No puedo estar pendiente de desplazamientos por la enfermedad. Y el año pasado fue muy buena la experiencia a nivel deportivo y a nivel personal. Teníamos mucha ilusión. Este año es más complicado ya que es el de la consolidación. Es más duro, pero estamos muy bien. Disfruto con todo esto. Soy un puro fanático«.

Tenía dos opciones: lamentarme y esconderme u organizarme y estar activo

Nadie puede ponerse en la piel de personas como Juan López. Con apenas 44 años y un hijo pequeño recién nacido, arrastra el Parkinson desde hace pocos años. En apenas unos meses, su vida había dado un vuelco por completo. Pero en estas situaciones es donde el carácter de las personas florece. Y al igual que no podemos ponernos en su piel, sí podemos y debemos observar y valorar la actitud de Juan López.

Había llegado el Parkinson, pero se había topado con un guerrero: «Empecé a notar temblores en las manos, dolores en los brazos que cada vez eran más fuertes… No había manera de quitarlos. Me hicieron las pruebas y me dijeron que sufría Parkinson. Lo primero que recibí fue el apoyo de mi familia y de mi mujer. Después, tenía dos opciones: esconderme en casa y no salir lamentándome u organizarme para ser lo más activo posible. Y eso es lo que he hecho, no parar«.

Cuando se habla de no parar es literal. Porque además de preparar los tres entrenamientos y los partidos de manera minuciosa, el día a día de Juan López parece no tener freno: «Bajo a la Asociación de Parkinson de Castellón para tratar con una fisioterapeuta, también hay una psicóloga que nos ayuda en días malos… Y si no voy, aprovecho y paseo hasta una hora y media, preparo los entrenamientos… La verdad es que no paro nunca».

Y siempre contando con el balonmano como vía de escape. Con una enfermedad como esta y un entorno familiar complicado actualmente, el deporte se convierte en una burbuja para nuestro protagonista: «La dificultad que tengo en el día a día cuando se pasa el efecto de la medicación es lo que olvido cuando estoy en la pista. Solo dejé el balonmano un año para acostumbrarme a esta vida nueva, pero volví en cuanto tuve la oportunidad. Estoy como en una burbuja con el balonmano».

La burbuja en la que se evade Juan es solo un punto más en su batalla contra el Parkinson: «El balonmano me ha dado mucho. Soy muy competitivo y no soy de tirar la toalla». En épocas de frases motivadoras y textos románticos, luchadores y personas como Juan convierten cada frase y cada palabra en una lección, en un ejemplo de superación y de ganas de hacer lo que otros no se atreven: seguir hacia adelante.

El 15 de enero será cuando el Castell d’Onda vuelva a jugar un partido. Hoy, mañana, pasado y cualquier día, Juan López seguirá jugando el suyo. Y por suerte y porque él se lo ha buscado, sigue partiendo como favorito para ganar.

Fotografías cedidas por Juan López.

Aviso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información ‘aquí’.

Aceptar Cookies