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Ese es su gran reto, poder disfrutar del deporte hasta que pueda. No quiere ponerse barreras, sino superar todos los obstáculos que se le han presentado por el camino, incluso la discriminación machista en su etapa universitaria y en algunos periodos del mundo laboral. Es de las que prefiere pasar a la acción antes que decir: «Hay pocas mujeres«. Ella es partidaria de dar el paso y competir en las carreras, transmitir a las más jóvenes que se puede.

Así es la actitud que transmite la triatleta Fátima Sánchez Marrero (13-01-1972, Gran Canaria). Su entrega viene desde que tiene ocho años, edad en la que aventuró en el deporte de la mano del voleibol con el que fue creciendo a pasos agigantados, logrando competir en División de Honor con el Club Voleibol Yogurt Sandra a los 16 años. Sus aptitudes y sacrificio constante le abrieron las puertas hacia esta bonita competición que la vio crecer.

Siempre ha estado ligada a los estudios, primero en la etapa obligatoria y posteriormente en la universidad, donde se licenció en Ingeniería Técnica Industrial. Todo ello con viajes cada 15 días a la península para medirse a sus rivales. Entrenaba 5 horas al día de lunes a domingo y al mismo tiempo salía en bicicleta cuando todavía eran de acero. Subir los desniveles de Gran Canaria le permitió ganar potencia para el futuro.

Una auténtica locura de vida que solo aquellas personas que están dispuestas a sacrificarse en cuerpo y alma pueden lograr. “Para mí era un placer salir en bicicleta. Me hacía mis rutas en una época en la que había menos tráfico”, recuerda a YSN con el entusiasmo que la ha guiado a abrirse camino entre sus grandes inquietudes.

Al comenzar cada temporada le hacían una prueba médica y en una de ellas se dieron cuenta de que movía los vatios, algo tan de moda en el ciclismo actual, a un ritmo frenético. Siempre con la mentalidad de una hormiguita, como le gusta apodarse, de crecer día a día pero siguiendo unas pautas.

Pasados unos años decidió dejar el voleibol porque quería cambiar. Era algo que hacía por diversión, pues no cobraba por jugar, lo que la llevó a aventurarse en el triatlón, una modalidad que prácticamente comenzaba a despegar. “Cuando lo descubrí por televisión lo vi muy duro y me plantee practicarlo algún día”.

Se encontraba en tercero de carrera cuando decidió unirse a un grupo de triatletas para debutar en la playa de Las Canteras en distancia sprint. “Era puro placer acabarlo, eras finisher, la verdadera esencia del triatlón”. Todo esto ha ido cambiando con el paso del tiempo y en los años siguientes cada vez se iba superando, situándose en tiempos parejos a las mejores de España.

Competir al lado de Maribel Blanco y Pilar Hidalgo

Se inscribió en el Campeonato de España de 1996 con la intención de disfrutar de la experiencia y casi sin darse cuenta estuvo acariciando el podio al terminar en quinta posición, lo que le abrió las puertas a conseguir un patrocinador. Por aquel entonces estaba iniciándose en esta aventura.

A finales de los noventa el deporte femenino existía, había chicas que se preparaban para los Juegos de Sídney como Maribel Blanco o Pilar Hidalgo, pero no terminaba de cuajar. El deporte ha evolucionado mucho; en aquella época recuerdo irme sola en bici y ahora me encanta ver chicas que también salen”. Las destacadas triatletas ponían su granito de arena para impulsar esta triple disciplina.

Uno de los mejores momentos de su trayectoria deportiva llegaría en el Campeonato de España Élite distancia Olímpica en Graus-Huesca celebrado en el año 2000, donde tras «un inicio desastroso» en el agua en el que salió la 21ª se vio obligada a remontar. Y vaya si lo hizo. Lo dio todo en los 40km en bicicleta y llegó a firmar el mejor registro parcial (1h 13’) del día, superando incluso a triatletas que luchaban por ser olímpicas.

A finales de los noventa el deporte femenino existía, había chicas que se preparaban para los Juegos de Sídney como Maribel Blanco o Pilar Hidalgo, pero no terminaba de cuajar»

Solo le faltó cazar a la que ese año fue campeona del mundo de Acuatlón, Pilar Hidalgo, y a Ana Burgos que sería campeona del mundo de triatlón distancia larga en 2003. Casi nada. El gran problema que se le presentaba para poder rendir al mismo nivel que ellas era que su periodo competitivo era ante hombres en Canarias, de modo que solo se podía enfrentar a las más destacadas del país cuando viajaba a la península.

Afortunadamente siempre ha tenido un aspecto que la ha ayudado a rendir a gran nivel en todos los deportes que ha practicado y ese es la recuperación. “Tengo mucha facilidad para ello, lo que hago es eliminar vida social por las noches, además de mi fuerza de voluntad”. En su último año de carrera universitaria llegó a compaginar un trabajo en Fuerteventura, los estudios de Ingeniería Técnica Industrial y el triatlón.

Me llevé la bicicleta. Recuerdo correr por descampados de tierra y que los aviones pasasen por arriba”. Ahí fue cuando se dijo a sí misma: “No quiero que mi vida se desvincule del deporte. Me plantee en su momento estudiar la licenciatura de Educación Física pero me di cuenta de que era mi hobby y no quería mezclarlo con el mundo laboral”.

Su padre tenía un taller de electrónica y se dio cuenta de que eso le gustaba, de modo que se decantó por la Ingeniería Técnica Industrial, unos estudios que actualmente le permiten continuar compaginando sus dos grades pasiones. Unos años más tarde decidió instalarse en la península pero las competiciones al máximo nivel habían disminuido para ella.

Tenía que plantearme nuevos retos y así lo hice. Estuve más tiempo trabajando que entrenando hasta que llegó la crisis

Fue una situación complicada a nivel laboral pero nunca dejó de entrenar.

Las lesiones han tenido protagonismo

En el deporte es complicado poder librarte de las lesiones, pues forman parte de él y más cuando le dedicas tantas horas a lo largo del día. Los entrenamientos y las competiciones acumuladas van pasando factura, pero el empeño y el deseo de superarse es lo que llevan a Fátima Sánchez Marrero a continuar luchando.

En la carrera a pie tuve una dificultad al sufrir una rotura fibrilar en la inserción del isquiotibial derecho jugando a vóley en los años ochenta. Desde entonces siempre he tratado de ser cauta y en la carrera a pie es donde siempre ha estado mi gran caballo de batalla. Recuerdo tener que medir muy bien cada zancada y así he estado durante toda mi trayectoria deportiva”.

Con el paso de los años ha ido notando la gran evolución de la ciencia para poder ayudarla a recuperarse. La rehabilitación que ha llevado a cabo en los últimos años le permitió volver al mismo nivel que estaba para competir en 2013 en un medio ironman, pasando tres veces por el mismo punto donde sufrió su última lesión.

El triatlón forma parte de mi vida. Es un hábito sin expectativas de resultados pero siempre tratando de rendir al mejor nivel posible”. Tanto es así que se ha propuesto conseguir una filosofía de vida como la de la nadadora Bernarda Angullo, quien compitió en la categoría de 95-99 años.

La igualdad siempre presente en los premios

El triatlón, al igual que la gran mayoría de carreras de fondo, se caracterizan porque exigen unas condiciones idénticas tanto para hombres como para mujeres, así como los premios que se entregan. Sin embargo, no sucede lo mismo en todos los deportes.

No vivo tanta diferencia como las compañeras de ciclismo. La diferencia que encuentro es que los deportes se siguen viendo para ellos, no para ellas. Sigue habiendo más público en las pruebas masculinas

Ante mensajes que dicen que “hay poca participación femenina” ella anima a que se apunten a las carreras porque asegura que es la única manera de mejorar. “Yo lo hago y punto. Es algo que he hecho desde los ocho años”. Con esta entereza mental y desparpajo a la hora de hablar es como espera poder emular la gran hazaña de Bernarda Angulo que dejó un legado impresionante compitiendo hasta sus últimos días.

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