Juan Bautista Pérez González (Cistierna, 31 de enero de 1969) debutó en unos Juegos Paralímpicos a los 47 años, doblando la edad a muchos de sus rivales. En aquel momento, en Río 2016 ya logró una valiosa medalla de plata junto al equipo español, pero lejos de abandonar, ese resultado le dio alas para seguir adelante y ahora, cinco años después, vivirá su segunda experiencia en unos Juegos.

Esa anomalía de la edad no es nada comparado con todo lo que ha tenido que pasar el palista nacional, quien lleva una vida dedicada en cuerpo y alma a su deporte. 

El síndrome de Landry Guillain-Barré

En 1987 se encontraba en la India junto al resto del equipo español disputando el Campeonato del Mundo. Sin ninguna explicación aparente contrajo un virus que terminó derivando en la discapacidad que tiene actualmente. Tras un periplo de varios días, una vuelta a España complicada y casi sin tratamiento, finalmente le diagnosticaron polirradiculoneuritis aguda o síndrome de Landry Guillain-Barré, una enfermedad rara y degenerativa que bloquea los nervios periféricos y las conexiones musculares.

«Aquello pudo ser el final de todo pensaba yo en aquel instante, sin embargo, significó el comienzo de todo. Si tuviera una máquina del tiempo, no cambiaría nada. Mi mayor logro fue superar aquello y volver a jugar»

En aquel evento en la India, casi sin esperarlo y mientras disputaba un encuentro, se quedó sin fuerza en un momento puntual, sus piernas se tambalearon y tuvo que abandonar la competición. En ese instante no sabía lo que le venía por delante.

Tuvo que iniciar una complicada rehabilitación y un periplo complicado a nivel físico y también mental, pero nunca desistió y su amor por el tenis de mesa le llevó de nuevo a la competición. Cambió su forma de jugar, fichó por el Club Obrero Extremeño de Almendralejo.

El paso al deporte paralímpico

Metido de lleno en la disciplina paralímpica, a los 43 años emprendió el camino a Río, algo que ha corroborado en Radio Televisión Española. «Fue algo extraordinario. Me he encontrado un mundo maravilloso, he vuelto a disfrutar del deporte y de la competición y estoy encantado con ello», reflexiona a pocos meses de los Juegos.

«La ilusión no tiene edad, y eso lo iguala todo. Sé que físicamente me tengo que preparar muy duro, pero mantengo la misma ilusión que cuando tenía 18 años. El día que me falte, me dedicaré a otra cosa»

Ahora mismo se encuentra preparando la cita en Priego de Córdoba, donde entrena junto a otros deportistas sin discapacidad, algo que considera clave. «A nivel físico me viene fenomenal. Ellos son más rápidos y eso provocará que yo esté más activo y rápido con vistas a los rivales que me voy a encontrar en Tokio. Ya estamos deseando que llegue el momento de competir allí», reconoce.

Y es que los meses donde la pandemia provocó el confinamiento total no fueron sencillos para él, «sobre todo a nivel psicológico», explica. «El hecho de la falta de competición, de no tener un objetivo claro por el que trabajar y prepararte ha sido muy complicado a nivel mental. Ahora, ya con Tokio tan cercano y con algunas competiciones fijadas en el calendario, la cosa ha cambiado, afortunadamente», cuenta.

Ahora solo le queda seguir entrenando duro, preparándose a consciencia para volver a ofrecer su mejor nivel y volver a estar en la pelea por las medallas, algo que ya logró en Río en la categoría de equipos y que también estuvo cerca de conseguir en la individual, donde solamente se despidió en el partido por la medalla de bronce.

Fotos: Comité Paralímpico Español.

Aviso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información ‘aquí’.

Aceptar Cookies