El año 2000 fue una fecha clave en la vida de la húngara Krisztina Molnár, cuando decidió emprender un inesperado viaje a Alicante, un lugar en el este español que guardaba unos secretos sin explorar para ella y un rincón que iba a terminar enamorándola.

Molnár no es una deportista de élite ni alguien que pare el mundo cada vez que sale con su bicicleta, sin embargo, su historia es realmente especial porque su relación con el deporte no es tan habitual como en otros casos. «Mi vida como deportista aficionada empezó hace 25 años, cuando nació mi hija Karin Szabó. Entonces me compré unas zapatillas de correr, que antes no estaba tan de moda, y empecé a salir por los bosques de mi tierra», comienza contando.

Ya en ese momento empezó a interesarse por nuestro país y por nuestro idioma, una relación que empezó a forjarse, según ella misma reconoce, gracias a la «Jaca Negra», una poesía de Federico García Lorca. «Y mira, ahora hasta puedo escribir en castellano», bromea.

Un reto tan loco como divertido

Sus locuras por el deporte empezaron a los 24 años, porque se le iluminó una bombilla en una cabeza de la que brotó una idea que hoy sigue cumpliendo.

«Me propuse correr el mismo número de kilómetros que años cumplía hasta los cincuenta y a partir de ahí ir bajando de uno en uno, de forma que cuando cumpla 100 años solamente tendré que correr uno»

Pero además de salir a correr, otro de sus amores es la bicicleta, un flechazo que llegó casi sin querer y que se empezó a forjar cuando todavía era una niña. «De pequeña, con dos o tres años, aprendí a ir en bici en Hungría. Iba con ella al colegio, a comprar… A veces mi madre nos llevaba en la bici a mi hermano y a mí. Yo tenía que ir con las piernas abiertas llevando dos cántaros de agua ya que en casa no teníamos agua potable, ni luz, ¡pero bici sí!».

Ya con 12 o 13 años seguía con sus rutinas de ir al colegio en bici o a por agua, sin embargo, en ese momento ya se iba probando, en el fondo ya competía consigo misma. «Intentaba ir cada día un poco más rápido», explica. «Pero yo no tenía ni idea de que había equipos ciclistas».

«De esa época gané dos cosas: una pulmonía mal curada y fuerza para pedalear ahora con mis dos bicicletas, una de carretera y otra de montaña», continúa describiendo y entrando en materia sobre su situación actual en Alicante.

«Ahora solamente las uso para divertirme entrenando con mis compañeros y compañeras, aunque realmente yo nunca he tenido opción de ser ciclista», describe.

Alicante y la bicicleta

Su reencuentro definitivo con la bicicleta se produce en el año 2004, en Alicante. «Organizamos un intercambio entre un club de triatlón húngaro y uno de Alicante», va explicando en unas declaraciones a la Real Federación Española de Ciclismo (RFEC), aunque ella no sabía nadar y en ese momento solamente se dedicaba a correr.

«Fui de intérprete y en una de sus salidas con la bici me tocó esperarles en el coche. En ese momento decidí que jamás esperaría sin hacer nada mientras otros entrenan»

Así que sus primeros kilómetros en España llegaron por casualidad. «Fue gracias a un chico de aquel club, que me dejó su bici de carretera y me hice mis primeros 54 kilómetros por la Sierra de Mariola y con zapatillas de correr. ¡Me encantó!».

Se podría decir que así empezó todo y así ha seguido hasta hoy, pero todo tiene un proceso en la vida. «Tuve que ahorrar un poco al principio para comprarme una bici y así empecé a salir con un grupo de ciclistas. Tenían una furgoneta como coche escoba y desde allí me animaba mi hija Karin».

A partir de ahí empezó a empalmar experiencias magníficas. «Compartí miles de kilómetros con mi hija, aprendí a bajar con la bici de montaña, participé en la Costa Blanca Bike Race o preparar los 182 kilómetros de La Induráin, en la que conseguí quedar segunda de la general, pero ese año solamente había premio para la primera mujer», lamenta aún hoy en día.

Incluso ha hecho varios Ironman

No contenta con todo eso que hacía, también se decidió a aprender a nadar. «Empecé a participar en triatlones y llegué a hacer tres Ironman. En uno de ellos llegué a terminar quinta y eso que nadaba a braza y nunca pensaba en los resultados».

Ahora está inmersa en un nuevo proyecto. «Estoy terminando el curso de director deportivo de ciclismo y por fin tendremos una sección de ciclismo para todos los edades y niveles, así que otras niñas y mujeres podrán tener la oportunidad de ser ciclistas, no como me pasó a mí»

«El deporte debería ser un derecho universal»

Fotos: RFEC.

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