A los once años y casi de casualidad, a través de una broma en el colegio, a la judoca paralímpica Mónica Merenciano (Liria, 1 de agosto de 1984) le detectaron una retinosis pigmentaria (visión de cañón de escopeta), una enfermedad que la ha ido dejando sin visión poco a poco.  A los quince años empezó con el judo y ya nunca lo abandonó, de tal forma que empezó vendiendo cupones de la ONCE -en los veranos- para costearse sus primeros movimientos y terminó subiendo tres veces a un podio paralímpico. Casi nada.

A sus 35 años, Merenciano está oficialmente retirada de la competición, una decisión que se ha visto obligada a tomar después de que las lesiones no le hayan permitido competir como le hubiera gustado en los últimos años.

«Para Río ya no me pude preparar como me hubiera gustado, llegué muy justa. Aún así, logré un diploma, disfruté de los Juegos, pero no fue tan bien como el ciclo de Londres 2012, que fue el mejor, me sentí siempre muy cómoda y además terminé con la medalla, cuenta a Yo Soy Noticia la valenciana.

Ha sido una deportista incansable siempre, que nunca se ha puesto límites. Por eso, ha logrado once títulos de campeona de España, se ha colgado tres bronces paralímpicos (Atenas 2004, Pekín 2008 y Londres 2012), es campeona de Europa y subcampeona del mundo, un palmares sobresaliente para una mujer que además ha sabido construirse un plan B; estudió en la Universidad de Valencia Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y posteriormente un Máster de Actividad Físico-deportiva Adaptada ,y en estos momentos, ha empezado el grado en Fisioterapia.

«Siempre hay que tener un Plan B, porque del deporte no se puede vivir eternamente. Eso siempre lo tuve claro y aunque a veces fue difícil compaginarlo todo, lo acabé haciendo»

Entrenar, trabajar, viajes, desplazamientos en autobús… Así fue el día a día de Merenciano durante unos cuantos años. «Para Atenas tuvimos una pequeña beca, para Pekín salió el primer Plan ADO y de cara a Londes sí que se vio un gran salto, fueron los Juegos que mejor pude preparar, porque además también es verdad que apenas tuve lesiones en ese ciclo olímpico».

La evolución del deporte paralímpico

Esa es una evolución que ella ha notado al estar tantos años vinculada al deporte paralímpico. «Han cambiado mucho las cosas», reflexiona sobre las ayudas que reciben los deportistas paralímpicos de ahora con relación a sus primeros años, cuando tenía que vender cupones para costearse sus gastos.

«Tuve que volver a vender cupones años más tarde, cuando perdí la beca después de Londres. Acumulé lesiones, no me fue bien en el Mundial y me tocó volver a empezar de cero, a mis inicios, pero luego lo agradecí, porque me liberaban en las concentraciones y gracias a eso llegué mejor a Río y pude pelear por las medallas».

Aún así, ella misma era consciente que a esos Juegos no llegó en un buen momento de forma. «Yo sabía que la medalla era imposible, me lesioné dos veces el hombro, tuve que operarme para poder entrenar sin dolor y apenas entrené cuatro o cinco meses antes de los Juegos. Eso sí, agradecida por todas esas concentraciones, fueron intensivas y pude llegar mejor de lo esperado», reflexiona ahora, años más tarde y ya habiendo asumido una retirada que todavía no ha comunicado formalmente.

«Hay un momento en el que me lesiono del codo, me hago pruebas y al final me dicen de operar. Esa noticia me cae como un jarro de agua helada y empiezo a darme cuenta de que así no puedo seguir»

La exigencia del deporte de élite

Poco a poco su cabeza va asumiendo la retirada, algo que va sucediendo paulatinamente tras los Juegos de Río. «No pude ir al Europeo del año siguiente, aunque creo que estaba para ir, pero eso provocó que me dieran de baja del Plan ADO» va contando la protagonista, que está muy agradecida al Comité Paralímpico Español por todo lo que han hecho por ella durante toda su trayectoria.

«La vida del deportista es muy dura, pero todos lo hacemos porque nos gusta. Y las cosas siempre tienen una recompensa»

Sin embargo, llegados a este punto en el que faltan pocos meses para Tokio 2020, aparece «la nostalgia» entre sus sentimientos. «Es una pena, eso está claro, porque me quedo con sabor agridulce, pero lo que hago es seguir a todos mis compañeros y ojalá se puedan clasificar todos».

Antes de cerrar la charla, Merenciano insiste en valorar la importancia que ha tenido el Proyecto FER en su desarrollo profesional. «Empecé con ellos después de Londres 2012 y ha sido un gran respaldo para mí. Han estado ahí siempre, ayudándome ha sido muy importante, más allá de las medallas o los éxitos».

Y también extiende el agradecimiento al Levante, equipo que le ha abierto siempre las puertas y con los que lleva trabajando desde hace un par de años gracias a su grado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Ese Plan B del que hablaba al principio y que es algo que ya está cumpliendo.

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