El deporte paralímpico español tiene un tesoro en su natación. Esa bandera la ha portado -y lo sigue haciendo- la legendaria Teresa Perales, sin embargo, en un escalón casi a la misma altura destacan otros nombres como el de Nuria Marquès, una deportista que ya es medallista paralímpica y que quiere más, mucho más.

Entre el 24 de agosto y el 5 de septiembre estará compitiendo en Tokio con el objetivo de seguir engordando su currículum, porque ya tiene la mínima B para estar allí y ahora busca asegurar su billete con la mínima A. «Lo primero es tener la plaza 100% asegurada. Ha habido pocas competiciones», explica en relación a la pandemia del covid-19. «Es un momento de ponernos pequeños retos a corto plazo porque esos pequeños objetivos te ayudan a tener constancia en los entrenamientos y a mantener la mentalidad a la hora de competir y conseguir lo que quieres».

«Estoy preparando bastantes pruebas: el 400 libre, el 200 estilos y el 100 espalda. La primera de ellas es en la que gané el oro en Río y la tengo muy arriba en las expectativas»

Prepara tres pruebas a conciencia

Sin embargo, estará también muy centrada en las otras dos disciplinas. «Estos últimos años he empezado a trabajar mucho el 200 estilos, que era una prueba que nunca había tocado porque mi braza era muy justilla en comparación lo demás. Al mejorar ese estilo, ahora estoy despuntando bastante, he bajado mucho mis marcas y estoy mejorando mucho», ha contado en unas declaraciones a Radio Televisión Española. «Es donde gané el oro en el Mundial de Londres«.

A los Juegos de Río acudió con tan solo 16 años y allí se colgó dos medallas, un oro y una plata, así que ahora acude a estos más madura pero con más presión. «Tuve unos resultados excelentes, para mí fue un campeonato de diez. Ahora, con esa experiencia, es un gran reto llegar a estos Juegos. Espero hacerlo lo mejor posible», reconoce.

En cuanto a lo que recuerda de aquella cita en Río, cuenta que «era muy novata» y que fue «a ciegas», sin embargo, las cosas ahora han cambiado bastante en ese aspecto. «Voy con unas expectativas y a lo mejor eso me pone un poquito más nervioso, ese saber a lo que me voy a enfrentar. Aunque eso también es un plus porque ya conozco más ese mundo y me conozco más a mí misma».

Sobre el miedo a una posible cancelación de los Juegos, ella intenta mantenerse positiva y tranquila. «Las noticias van y vienen y al final nosotros nos tenemos que adaptar. Vamos a seguir trabajando porque el pensamiento es que se van a hacer. Hemos estado trabajando toda esta temporada y lo vamos a seguir haciendo hasta llegar a esos esperados Juegos de Tokio».

Enamorada de Tokio

Ya conoce la capital de Japón la nadadora catalana

En cuanto a una posible cancelación de los Juegos, Marquès quiso trasladar un mensaje de tranquilidad: “Las noticias van y vienen y al final nosotros nos tenemos que adaptar. Vamos a seguir trabajando porque el pensamiento es que se van a hacer. Hemos estado trabajando toda esta temporada y lo seguimos haciendo hasta llegar a esos esperados Juegos de Tokio”.

«Fui a Tokio después de un campeonato. Me encantó todo en general; las instalaciones, las dimensiones de todo aquello, el país, la gente, la amabilidad de todos, la comida. Fue una experiencia única»

Y es que, según ella misma cuenta, su discapacidad nunca le ha impedido hacer lo que más le gusta. «Realmente es un poco al contrario. Gracias al hecho de tenerla he conseguido ir a unos Juegos y hacerlo así de bien», cuenta. «En los entrenamientos trabajo muchísimo los brazos y el tren superior porque es mi motor, pero sin olvidar que tengo una pierna y eso también da guerra».

Su llegada a la natación fue un poco por casualidad, «por recomendación médica», dice. «Fue cuando me hicieron las operaciones en la pierna. La verdad es que lo disfrutaba muchísimo con mis compañeros. El agua era un medio en el que yo me sentía que controlaba. El hecho de que me faltara una pierna no era un impedimento para seguir nadando».

El deporte, motor de su vida

Eso solamente fue el inicio de un camino que acaba de comenzar en la élite. Después de lograr las dos medallas en Río 2016, siendo todavía una adolescente se trasladó al Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat, en Barcelona, que es donde reside actualmente y donde compagina los entrenamientos con sus estudios de Fisioterapia. Eso supuso un cambio importante para ella, aunque no ha dejado de competir para el Club Natació Sant Feliu, a quien ha representando siempre.

Pero tiene claro que fue muy importante entrar al CAR.

«Tuve que cambiar el chip y asumir que me estaba dedicando realmente a la natación. Hay que dedicarle tiempo, horas y trabajo. A miles de deportistas les encantaría poder trabajar en estas condiciones. Tenemos un grupo muy bueno y con mucha calidad», ha apuntado sobre estos últimos años de su vida.

«El deporte me ha enseñado muchísimo, a crecer como persona y como deportista. A tener paciencia, constancia y a sacrificar cosas por obtener lo que yo sueño o quiero.  Además, estudiar y nadar a la vez me ha aportado mucha organización en mi vida»

Fotos: Comité Paralímpico Español.

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