Un guerrero soñador. Así se define más que un guerrero, un héroe. Santiago Sanz se describe de esta manera en su propio libro, donde cuenta historias que bien merecen portadas y portadas en todo el panorama nacional. Nacido en Albatera, Alicante, Sanz tuvo que convertirse en un luchador desde bien temprano. Quizás, demasiado pronto.

Como el propio protagonista de esta historia reconoce, desde los 17 meses empezó a tener dificultades en sus movimientos. Rápidamente, sus padres se pusieron en contacto con el hospital La paz de Madrid. Los médicos confirmaron los peores presagios: Sanz sufría la enfermedad de Charcot Marie Tooth.

Esta enfermedad afecta a 1 de cada 2.500 personas en todo el planeta y castiga a los nervios periféricos impidiendo que las señales de movimiento entre el cerebro, médula espinal y el resto del cuerpo sean las correctas. Los síntomas suelen llegar en plena adolescencia y a los 13 años Sanz ya no podía caminar. Su vida cambiaba totalmente, algo que no le iba a impedir cumplir sus sueños.

El encuentro entre Sanz y el deporte no tuvo nada de especial. Como todo adolescente, la pasión por los entrenamientos y por imaginarse lleno de medallas lo llevó a la competición. Eso sí, con un ascenso meteórico. La preparación comenzó en el año 1993. Solo tres años después llegarían las primeras competiciones y en el año 1998, el momento clave.

Solo cinco años después de empezar a entrenar, las marcas comenzaron a quedarse pequeñas: “Fui convocado para los Mundiales de Birmingham aunque finalmente no pude asistir. Pero fue cuando conseguí la marca mínima para estar en los Juegos Olímpicos de Sidney 00”. Las puertas de las Olimpiadas se abrían de par en par. El sueño comenzaba su particular construcción.

Todo deportista tiene guardado ese momento que le motiva a seguir adelante, esa victoria inesperada, ese gol en el minuto 90, esa canasta sobre la bocina… Los primeros Juegos Olímpicos confirmaron a Sanz que esto de la competición iba a ir en serio: “Es un acontecimiento trascendental. Unos Juegos Olímpicos son un exponente muy grande y quedé impresionado. Fue un revulsivo para mi carrera”.

Dos medallas salieron de aquellas Olimpiadas que abrían al mundo el nuevo milenio, dos medallas que pudo celebrar con sus seres queridos para repetir la cifra de metales cuatro años después, en Atenas. En la cuna de las Olimpiadas y solo 11 años después de haber comenzado a entrenar, Sanz acumulaba cuatro medallas olímpicas.

Los Juegos Olímpicos de Sidney fueron el revulsivo definitivo para mi carrera

La vida de Santiago Sanz siempre ha estado ligada al deporte. Su día a día estaba marcado por los entrenamientos y por los estudios. Pese a los éxitos y al esfuerzo de las preparaciones, el alicantino nunca dejó atrás su carrera universitaria: “Entrenaba a las 8 am, a las 18 pm y mientras tanto, estudiaba en la universidad en Valencia. Así era mi vida de lunes a domingo”.

La Fisiología del Deporte, la otra pasión de Sanz

Tras dos años retirado, la vida de Sanz no ha cambiado apenas. El atleta continúa entrenando ocho veces por semana y hasta algunos días en doble y triple sesión. Además, sigue siendo invitado como referente a pruebas como las que se celebrarán en Lisboa en octubre o en Japón en noviembre. Ligado siempre al deporte, aunque también desde un punto de vista científico.

Licenciado en Ciencias de la Actividad Físicas y el Deporte e investigador en Fisiología del Ejercicio, Sanz busca las respuestas del ser humano en determinados entrenamientos y contextos: “He publicado artículos científicos e investigo la respuesta humana a la preparación en altitud. Realicé a 4.000 metros de altitud el estudio, concretamente en Perú. Mi pasión es la Fisiología del Deporte”.

Como atleta referencia y ejemplo de superación, Sanz ha querido compartir su historia con el mundo a través de un libro llamado ‘Diario de un Guerrero Soñador’. El libro, escrito durante sus dos últimos años como profesional, busca transmitir cómo es el día a día de un deportista junto con sus vivencias.

De hecho, el atleta no duda en afirmar que puede servir de ayuda a otros deportistas: “Al deportista que se retira le va a ayudar a encontrar su espacio en otro ámbito laboral, puede servir de referencia para aquellos que no se encuentran cómodos después de su etapa profesional”.

Un guerrero soñador. Así es Santiago Sanz, quien no ha hecho más que luchar por conseguir sus metas: “Me marco objetivos a medio-largo plazo, lucho para trabajar diariamente para poder llegar a ellos y sueño con conseguirlos”. “En esta vida hay que soñar”, una frase que ponía el cierre a una conversación diferente, especial, de esas que te hacen valorar la vida de principio a fin.

Algunos creen que los sueños son inalcanzables o que solo existen cuando la noche domina las calles. La historia de Santiago Sanz demuestra que los soñadores están hechos de otra pasta.

En esta vida hay que soñar y luchar por conseguir las metas

Cinco metales de oro en Mundiales, tres de oro en Europeos, otras tres medallas de plata y una de bronce en Juegos Olímpicos, récords en su categoría en maratones de Boston, Chicago, Los Ángeles, un total de 17 medallas para España, más de 100 victorias… Los sueños están para cumplirlos. Y de qué manera.

Ser leyenda en el deporte no es para unos pocos elegidos, sino para aquellos que creen en sus objetivos y, sobre todo, luchan por ellos. Derribar las puertas del éxito solo tienen un camino y te exigen ser de una manera: ser un guerrero soñador.

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