Yaiza González, nacida en Elda, nos ha vuelto a demostrar que el deporte siempre es algo más que una competición, unos entrenamientos o unos títulos que se levantan a finales del mes de mayo. Así podemos empezar una historia que mezcla la superación, el triatlón y un regalo de cumpleaños inesperado. Y es que, para entender la historia de Yaiza, hay que comenzar diciendo que desde el año 2013, nuestra protagonista padece la enfermedad de Stargardt. Degenerativa y precoz, esta enfermedad afecta a una visión que cada vez va reduciéndose.

Hoy, el entorno familiar y social de Yaiza ha liderado una recaudación a través de Internet para poder adquirir un tándem que permita a la alicantina volver a competir en triatlón junto con su guía Yolanda Busquier, con la que ya ha conquistado diferentes podios. Pero hasta llegar allí, González ha recorrido un camino lleno de superación y capacidad de adaptación.

En YoSoyNoticia.es hemos querido conocer cómo ha sido ese camino que, por el carácter guerrero de Yaiza González, ha sido más cómodo de lo que uno o una puede pensar. En plena lucha por volver a la competición, nuestra protagonista desgrana cómo es vivir con una enfermedad como la que padece desde hace años. Pero, sobre todo, desgrana la manera en la que solo los luchadores y luchadoras afrontan los problemas.

Había que elegir y yo decidí seguir hacia delante

Deportista desde pequeña y camarera a sus 22 años, Yaiza González comenzó a notar que algo no iba bien en su visión. Y como cualquiera de nosotros y nosotras haría, decidió revisar su vista con profesionales de la oftalmología. Pero en esta ocasión no había que probarse gafas, medir dioptrías o decir aquello de «mejor» o «peor».

De un problema que parecía ser pequeño a escuchar que sufría una enfermedad: «Fue todo un poco raro. Con 22 años, me quedé en shock. De repente me habían dicho que tenía una enfermedad que no tenía ni medicación ni operación. Yo notaba que no veía bien, pero simplemente fui a una revisión en la que ya me dijeron que tendrían que analizarme. Afortunadamente, el estado de shock a mí me dura bien poco y no se me da bien aquello de hundirme».

Con esos problemas de visión, Yaiza González trabajaba como camarera. Tanto tiempo entre barras y mesas hicieron que apenas notara esos problemas: «Mi jefe sí que me dijo que tendría que ir a que me revisaran la vista, que cada vez me acercaba más a la libreta. Pero yo trabajaba por inercia. Sabía dónde estaban las copas, las botellas… Era, más o menos, sencillo».

Y entre shock y shock, lo que estaba claro era que el carácter de Yaiza iba a aflorar para reforzar la idea de que lo de hundirse no va con ella: «Es algo difícil de explicar. Es algo progresivo y lo que veía hace un tiempo, ahora me cuesta o no lo veo. No distingo los detalles, no termino de definir las cosas. Pero te acostumbras. Había que elegir un camino y decidí seguir hacia adelante».

El triatlón me parecía algo imposible y ahora solo pienso en volver

Como todo lo positivo que nos ocurre en la vida, Yaiza González y el deporte se volvieron a encontrar hace unos año. En este caso, llegó el triatlón. Su amiga y entrenadora Rosa Varela no dudó en convencerla para lanzarse a algo que le parecía imposible: «Me lió, básicamente (entre risas). Nunca había juntado la natación, la bici y el atletismo y me parecía una salvajada. Pero le cogí el gusto. Con el apoyo de la ONCE pude entrenar gracias a la bici y en 2018 pude competir con mi guía Yolanda. Fue bastante bien e hicimos algún podio».

De una salvajada a hacer un podio compitiendo en igualdad de condiciones en el más puro triatlón. Superar lo que era imposible, una sensación indescriptible: «Siempre había hecho deporte, pero lo dejé a un lado para trabajar. Pero cuando empecé con el triatlón y vi que era capaz de comenzar y terminar una prueba… Esa sensación de alegría y fortaleza es increíble. Para mí era una burrada. Pero he sido y soy capaz de hacerlo y superarlo».

El carácter luchador y guerrero que había hecho que Yaiza González pudiera adaptarse y convivir con una enfermedad que afecta a su visión se trasladó a la pista, al asfalto y al agua. Sin duda, un ejemplo de superación que se vio premiado con algún que otro podio en competiciones de triatlón. Aunque todavía quedan algunos obstáculos que superar.

¡Se les fue la cabeza! Fue un regalo, una sorpresa… Soy muy afortunada

La bicicleta que le prestó la ONCE tuvo que ser devuelta. Ahora, Yaiza tenía que hacer frente a un material de competición al que no puede acceder económicamente. Sin trabajo y sin ingresos constantes, no es momento de lanzarse a una piscina: «Si una bici normal ya no es barata, imagínate una de competición que aguante varios asaltos. Me voy a más de 2.000 euros y no tengo esa cantidad. Podría solicitar un préstamo, pero no puedo fiarme por cómo está la situación laboral. Ahora estoy parada y no tengo estabilidad».

Pero eso no le ha importado al núcleo familiar y social de Yaiza González, que no dudó en liderar una recaudación para adquirir el equipo necesario: «¡Se les fue la cabeza! Estuvieron maquinando todo este proyecto. Mi cumple era en mayo y me dieron la sorpresa. Me decían que siempre estoy con la bici y que quieren comprarme una. Fue un regalo, la verdad. Soy muy afortunada por tener esta gente que me apoya. Me emocioné y la gente está colaborando. Son amigos, familiares… No dudaba de ellos».

Ahora, el sueño de Yaiza González está mucho más cerca. Volver a competir, a sentir esas mariposas en el estómago a la hora de pedalear, nadar y correr. Y todo, en una mezcla de amistad, valores, capacidad de adaptación y superación. Y una vez más, con el deporte como protagonista. Lecciones a base de kilómetros y kilómetros.

Para poder ayudar y apoyar a Yaiza González, haz click aquí

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