Después del CrossFit ya habrá tiempo para afrontar otra intensa jornada laboral, pero lo primero es lo primero y con el deporte, que en este caso es más salud y bienestar que nunca, Javier Macías no juega nunca.

Viéndole de cerca, e incluso después de entrenar con él, nadie diría que la suya es una historia con un trasfondo dramático tras de sí. Pero como ocurre tantas veces en la vida, él aprendió del duro revés que le deparó el destino y hoy en día puede decir que, gracias al CrossFit, su futuro es muy esperanzador.

El accidente que lo cambió todo

Conducía su motocicleta rumbo al trabajo, como cada día, cuando un coche le embistió. El resultado fueron múltiples operaciones, varios meses ingresado y la pérdida de un talón y un dorsal que le dejaban con una peor calidad de vida. Hasta ese momento Javi era un adicto al trabajo, en sesiones maratonianas como jefe de cocina que por si fuera poco, de madrugada antes de acostarse, completaba con casi 20 kilómetros de ‘running’. Dormir poco, aprovechando siempre cada segundo al máximo, pero el accidente amenazaba con trastocar su existencia hasta límites desconocidos.

Y lo hizo, aunque según nos cuenta él, para bien. “El accidente lo califico como el mejor día de mi vida. Aprendes a saber que tu tiempo tiene fin, eres más realista para todo y aprender a disfrutar mucho más”. Javi disfrutaba su vida de otra forma hace 4 años, antes del incidente sobre la moto. Tenía un gran trabajo y una importante reputación laboral, ingresaba una buena cantidad de dinero siendo jefe de cocina de un restaurante con 1 estrella Michelin, venía de haber trabajado en la Copa América con el prestigioso Quique Dacosta… pero de repente un buen día nada de eso pasó a ser importante en su existencia.

Hand Stand push up

Estando ingresado tras las operaciones, rodeado de gente pero al mismo tiempo aprendiendo a convivir con la soledad y el dolor tanto físico como emocional, llamaron de ‘El Bulli’ para ofrecerle un puesto. Pero ese Javi ya era otra persona, sus prioridades eran otras. “No necesito nada ni nadie para ser feliz, trato de que mi felicidad dependa única y exclusivamente de mí”. En su mente el poder andar con normalidad, que fuera posible algo que puede parecer tan simple como correr detrás de un hijo por el parque, o no tener que caminar apoyado en muletas o un bastón. Retos que, de la mano de Robert Dallakian, el CrossFit y la indestructible fuerza de voluntad que ya traía ‘de casa’, hoy en día son mucho más que simples esperanzas.

Su segunda familia

Un sencillo mensaje explicando su condición de minusválido, felicitando por el proyecto que hacía poco que había comenzado su andadura en la calle Juan Verdeguer, así como preguntando por la posibilidad de realizar CrossFit en sus circunstancias físicas, le abrió las puertas de un mundo mágico para él. Allí conoció a Robert Dallakian, el dueño de CrossFit Grau que “más que un entrenador es un amigo”, también hizo migas con el que hoy en día es uno de las personas más cercanas a él y su mujer Carmen, y en definitiva encontró un segundo hogar donde le acogieron desde el principio como uno más. Sin prejuicios, con los brazos abiertos para introducirle en la manada del CrossFit y hacerle perder todos los miedos adquiridos de años atrás.

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“Robert se volcó conmigo en los primeros meses, empezamos con movimientos básicos y ejercicios funcionales para recuperar la movilidad y la fuerza. Luego ya entré en las clases colectivas a hacer un wod, pero todo siempre muy escalado. Algo tan simple como hacer una dominada me parecía imposible, porque me falta un dorsal, pero todo eso desapareció con el tiempo”, relata Javier, un tipo bromista y desenfadado que a día de hoy ejerce de profesor de cocina y gestiona creatividad en diversos restaurantes. “Para aguantar a los alumnos hoy en día, o estás fuerte mental y físicamente o lo puedes pasar muy mal”.

Gracias no sólo a Robert, sino también a César, Elia o Carballo que también forman parte de la estructura de CrossFit Grau, Javi es hoy en día una persona muy diferente que a su lado tiene a una figura imprescindible en su evolución. «Siempre le daré las gracias a mi mujer, por nunca dejarme andar solo ni venirme abajo».

“Tras el accidente rompí barreras físicas y también mentales, hasta entonces no me veía capaz de hacer ciertas cosas”. Incluso el cirujano que le operó hace unos años está sorprendido de su evolución, y como remarca Javi, “si no digo que soy minusválido la gente no sabe ni lo que tengo”.

Pull ups

No hay excusas

Hablando de minusvalía, Javi insiste una y otra vez en que no le gusta dar a conocer sus limitaciones físicas. No le sirven de excusa para él, y así “nadie se puede escudar en mí para justificar sus fallos. Quiero que me vean hacer las cosas y se motiven a tener la misma actitud”. A él le faltan un talón y un dorsal, pero su evolución y compromiso con este deporte ha sido tan grande con el paso de los años que a día de hoy sólo hay 3 ejercicios que se le resisten: correr, el peso muerto a una pierna y Pistol.

La gente de fuera lo ve muy duro, pero la verdad es que esto del crossfit no es duro. Puede venir cualquiera que no haya entrenado en su vida, o que nunca ha tenido fuerza de voluntad para ponerse a hacer el deporte que sea”, explica este cocinero valenciano que olvida sus molestias físicas gracias a esta popular practica deportiva. “Entreno porque me alivia el dolor, me relaja la musculatura y fortalezco la zona afectada, y así voy mucho mejor”.

Él no piensa en competir ni nada por el estilo, sólo en seguir siendo feliz gracias a esta familia deportiva, donde el compañerismo no se acaba nunca en un deporte “que mola”. Su físico lo ha notado, y el poder estar un día andando con su mujer de turismo, o estar de excursión y ser capaz de aguantar caminando por terreno menos firme, rendir más horas en el trabajo… todo ello es fruto del CrossFit. Javi lo recomienda para superar lesiones, y también para adquirir una determinación que a él le sigue levantando cada día a las 5 de la mañana, entrenando a las 7 a las órdenes de su amigo Robert Dallakian.

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“Lo bueno de esto es que aquí sufres con más gente, no lo haces solo, y gente como Robert que nunca dejó que me desmotivara en los inicios, y que hoy todavía sigue picándote para que des un poco más, han sido claves en mi trayectoria”, destaca. Como diría Javier, si él puede todos los demás también podemos, y las excusas sólo son el primer obstáculo a superar antes de sentirse plenamente realizado con el CrossFit como mejor compañero de viaje.

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