El ‘boom’ olímpico de la escalada que ha sorprendido a todos: «Nos ha pillado a traspié» | Yo soy noticia


El gran reconocimiento de la escalada llegó en Tokyo. Los Juegos Olímpicos acogieron por primera vez este deporte, en un debut que sorprendió a todos. No solo por la espectacularidad y formato de las pruebas, muy atractivo para los espectadores no habituados a la escalada, sino también por su interés mediático.

Es inevitable pensar que la exposición de un deporte en un escenario y foco como los Juegos Olímpicos puede impulsarlo y hacerle ganar en practicantes, pero esta expectativa lógica se queda pequeña en el momento que el español Alberto Ginés se hace con el oro olímpico, y todo lo que ha supuesto. Un auténtico ‘boom‘ que el mundo de la escalada recibe con los brazos abiertos, pero para el cual no estaban del todo preparados.

«Nos ha pillado a traspié. El ‘boom’ ha sido brutal«, confiesa Kike Sempere, vocal de Escalada de Competición de la Federació d’Esports de Muntanya i Escalada de la Comunitat Valenciana, quien ha notado ese exponencial interés por el deporte, aunque confiesa que todavía no ha tenido un impacto inmediato a nivel de fichas federativas.

«Sí hay un incremento de federativas, pero no significativo. El incremento viene por la pandemia. Cuando se dijo que únicamente los federados podían salir al monte, hubo un gran crecimiento. Ahora con el tema de Alberto Ginés, esperamos que suban, y veremos hasta que punto», apunta Sempere, poniendo de ejemplo el efecto Carolina Marín en el bádminton.

Actualmente el crecimiento en cuanto a la práctica se encuentra sobre todo a nivel popular. «Hay mucha gente que se federa, pero hay otra mucha gente que no. Es como el ciclismo, que no es necesario federarse para practicarlo. Para la montaña no hace falta que salgas a competir, por lo tanto no es necesario que estés federado«, comenta, haciendo mención a lo barato que es hacerse con material de escalada y lo rápido que es mirarse un vídeo para saber cómo escalar.

«En la escalada, como todos los deportes de montaña, antes cuando tu entrabas en un club eran los veteranos los que te adiestraban y mostraban los valores de montaña. Ahora hay muchos vídeos en YouTube que te explican cómo hacerlo de la noche a la mañana«, explica.

«Somos responsables. Cuando hay un accidente se señala a todo el colectivo»

Kike Sempere piensa que la gran mayoría de estas personas no acabarán en el medio natural, pero «si se apuntan 10.000 personas a escalar, con una porción que salga a medio natural, si no los tenemos formados podemos tener un problema«. Al no estar federados, no suelen aplicar las medidas de seguridad adecuadas. «No toda la gente que se va a incorporar van a estar federados, pero somos responsables de ellos«, comenta, recordando que «cuando hay un accidente se señala a todo el colectivo».

El interés llega antes que las instalaciones

Faltan rocódromos. Es una realidad que la escalada crece de manera exponencial, pero tan realidad como que todavía no hay medios ni instalaciones para poder acoger en condiciones este crecimiento. «A nivel de rocódromos vamos muy por detrás de Europa«, apunta Sempere. Explica que el diferente clima respecto al norte del continente, sumado a la gran cantidad de roca, hace que los escaladores optaran por preferir la roca que el propio rocódromo.

«Ahora se está importando la tendencia del escalador único de rocódromo. Un escalador diferente, que no va al medio natural, y usa el rocódromo como un centro de ocio donde escalar, trabajar, tomar un café y relacionarse», explica.

Ese tipo de escalada, como comenta Sempere, es individual pero necesita la motivación colectiva: «Son grupos de amigos que escalan juntos, y ese amparo lo tiene un rocódromo». Instalaciones con cafetería, wifi, salas de lectura… Centros muy diferentes a los acostumbrados. «De rocódromos pequeños de clubs, donde cada uno tenía las llaves del lugar, donde entrenaban y luego se iban a casa, ahora estamos pasando a estos grandes rocódromos con todo tipo de servicios«, contrasta.

Este cambio de tendencia supone ahora un problema a corto plazo. «Eso todavía no ha llegado a Valencia«, recalca Sempere, quien indica que hay un par de rocódromos que cumplen parte de esta tipología con la escalada de búlder, pero con la de dificultad hay más problemas en la Comunitat Valenciana por la falta de naves industriales de gran altura. Sin embargo, afirma que se está trabajando para que grandes instalaciones puedan llegar al territorio valenciano.

«Por los movimientos que hay, sobre 2024 podrán haber grandes rocódromos, pero todavía es pronto. De momento tardará», confiesa.

El reto de ser un deporte olímpico

La apuesta por la escalada es clara. El COI ya lo ha confirmado como deporte olímpico para futuras ediciones. En 2024 se separa dificultad y el bloque de la velocidad, y en 2028 está previsto que ya hayan cuatro medallas, incluyendo la paraescalada. Todo esto supone un importante reto para las federaciones que deben preparar a sus deportistas casi a contrarreloj.

«Así como otros deportes han tenido un plan general para potenciar sus disciplinas, en los deportes de montaña es otra cosa. La diferencia con otras es que la nuestra no es toda la federación competitiva«, explica Sempere.

«La competición va un poco contra el espíritu montañero, aunque siempre ha estado ahí»

La competición no está mal vista, pero no es el objetivo principal de los deportes de montaña, y como afirma Sempere, eso puede haber lastrado un poco al desarrollo competitivo. Indica que la de montaña es un tipo de federación en la que la mayoría son senderistas, y «la competición va un poco contra el espíritu montañero».

Aun así recuerda que es algo que «siempre ha estado ahí. Siempre ha habido competitividad, pero no como primer, segundo y tercer puesto», comenta, poniendo de ejemplo la competitividad de llegar a la cima y por el lado más complicado.

El tema de la paraescalada es también un reto importante al que deben hacerle frente. «No estamos todavía muy visibles dentro del colectivo de la paraescalada y necesitamos gente que podamos prepararlos para futuras copas de España y Europa, y llevarlos a Los Ángeles», comenta Sempere.

«La escalda es una disciplina más para las personas con otras funcionalidades. Necesitamos colectivos que apuesten por llevar la escalada a gente con discapacidades», explica, recalcando también la necesidad y la falta de rocódromos adaptados y con las cualidades que se requieren para la paraescalada.

 Escalando desde la base

Uno de los puntos de gran optimismo para el futuro, es el también incremento del interés de los más pequeños. «Madres y padres se están interesando en que sus hijos practiquen, vayan a clubes y que compitan», explica Sempere.

«Se ha visto que no es un deporte peligroso»

Comenta que siempre se ha asociado la escalada como una práctica peligrosa, pero que sin embargo estamos hablando de un deporte con un índice de accidentes mucho menor a otros. «Se aplican muchas medidas de seguridad«, añade.

Una de las cosas en las que se está trabajando es en la de incorporar rocódromos en los colegios. Y no va por mal camino: «Ahora estamos a ritmo de 4-5 rocódromos en colegios al mes. Es bastante, sobre todo teniendo en cuenta que hasta hace unos años los niños tenían prohibido entrar en ellos».

Con ello se pretende normalizar la escalada. «Queremos que vean que la escalada es algo natural, y que se trabaja más la psicomotricidad que los resultados. Normalizar el deporte para las escuelas y para madres y padres», comenta, provocando de esa manera que los niños se enganchen y acaben incorporándose a los clubes. En este proceso también se requiere el trabajo en la formación de los docentes para que «sepan hacer uso de las instalaciones y puedan crear actividades para los alumnos».

«Compararía la escalada con el ‘fair play’ del rugby»

En esta línea, también se está haciendo «una liga infantil que es lúdica», que pueda mostrar a los padres los verdaderos valores de la escalada y los deportes de montaña. «Que se pueda ver que la palabra competición dista mucho de otros deportes«, recalca, considerando al fin y al cabo la escalada como «un deporte de amigos», en el que entre todos se ayudan.

«Mientras uno escala, el otro te está asegurando. No le vas a engañar o mentir, eso cuesta mucho verlo en la escalada. Lo compararía con el ‘fair play’ del rugby. Es muy extraño que un competidor tenga un mal comportamiento con otro», concluye Sempere.

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