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La maga de la sonrisa constante, la incansable lucha de la superación y la referente por su constancia para la sociedad. Su afán de superación la animó a platearse nuevos retos en la vida después de disputar cuatro Ironmans, nueve Ironmans 70.3 y dos Mundiales Ironmans 70.3. Unos números que presagiaban una historia digna de una verdadera campeona que sigue dejando huella en cada competición en la que participa.

Hace unos días disputó por segunda vez la prueba mountain bike por excelencia, es decir, la Titan Desert, que la catapultó a inscribir su nombre en el sexto puesto de la clasificación de féminas máster. Sin embargo, lo que más valora no es el resultado, sino el hecho de volver a la capital del Túria con mejor sabor de boca del que le dejó la edición pasada en la que supo lo que es encontrarse sola en medio del desierto.

Se trata de María José Martínez Maroto (17 de febrero de 1977, Valencia), la incansable deportista que decidió salir de la denominada zona de confort a los 37 años para encaminarse en pruebas extremas con duros entrenamientos de por medio, unido a un sacrificio estremecedor.

A la edición de 2018 llegó motivada, sabedora de la dificultad de la prueba, pero la complejidad de algunos tramos del recorrido le hizo regresar con un mal recuerdo que quería modificar de su memoria. «Mis amigas decían que el año pasado no eran capaces de ver vídeos míos, les daban ganar de llorar al verme sufrir. En la redes cuento la realidad ni pinto ni dibujo nada. Este año me han llamado para felicitarme por el cambio que he dado”, cuenta a YSN.

Tenía claro que la oportunidad de regresar no la podía dejar escapar, necesitaba ir de nuevo a esta carrera. «Cuando volví a la Titan fue porque veía que otras personas lo pasaban genial. A mí me sucedieron muchas circunstancias porque no se pueden controlar todos los factores externos a ti, eso en la Titan y en la vida real. Volví porque quería disfrutar de la parte bonita de la carrera, ese fue el objetivo que me llevó”.

El año pasado el desierto me dio una lección de vida. Tuve momentos de miedo, yo sola, sin nadie por delante, atrás ni a los lados. Fue una aprendizaje muy potente como persona”.

Una de sus grandes virtudes es que le gusta desenvolverse con las personas de la zona donde compite y le da lo mismo que sean de una nacionalidad u otra, lo que quiere es aprender de todos ellos. Pese a ello, una vez se mete dentro de las etapas le gusta innovar, buscar nuevos retos para mantener la pasión que la une a esta prueba.

Me encantaba hacer campo a través, salirme de las carreteras para encontrarme dunas, lagos, montañas… La soledad que el año pasado me aterraba este año me producía desconexión. Me hubiera quedado allí una semana”.

Mentora de un nuevo grupo

Desde su etapa de adolescente le ha gustado conducir todo tipo de vehículos, lo cual supuso un punto de inflexión para la sociedad de la época que no estaba acostumbrada a ver una mujer llevar una CBR600, entre otras. Con el paso de los años se ha ido aventurando también en la conducción de aviación deportiva ultraligeros, además de ser capitana de yate y haberse sacado el título de paracaidista.

En este amplio currículum cabe señalar también que es la directora general de una compañía de servicios de optimización de gastos generales para empresa a través de sesiones de coaching de equipos indoor, en barcos, en aviones y a través del mindfulness. Casi nada.

La admiración y el entusiasmo que transmite le permitió conocer a un grupo de personas que le pidieron consejo para poder correr la Titan Desert. “Hicimos un training camp en Valencia para prepararlo. Fue todo un éxito, les expliqué todos los detalles relacionados con la experiencia que iban a vivir. Verles terminar fue una alegría tremenda y un reto que me ha fascinado”. Además, les preparó a saber gestionar las críticas que suele transmitir la sociedad.

La triste noticia que vivieron los participantes

Cada noche les cuentan cómo ha ido la jornada y les avisan de lo que les espera al día siguiente. Sin embargo, una de las charlas que les dieron fue completamente diferente. Se temían lo peor y así fue. Les anunciaron el fallecimiento de un compañero, el español Fernando Civera de 46 años, a causa de un paro cardiaco.

Se me pusieron los pelos de punta. Te entra una tristeza porque es muy duro perder a alguien, pero tienes que aceptarlo”.

Esta situación les llevó a plantearse muchas cosas. «Fue muy duro porque además, sin querer, es un posible condicionante psicológico que te hace pensar: ‘Y si me pasara a mí’. Ante estas circunstancias siempre saco la parte positiva que es que después de 14 ediciones nunca había pasado y se ha ido haciendo lo que más le gusta, pedaleando”.

Esta trágica noticia salpicó las redes sociales que se inundaron mensajes de todos los colores. “Hay personas que por redes me decían que no entendían porque ponemos el cuerpo al límite. Cuando vamos ahí, vamos preparados y el que no va preparado se está poniendo él solo en riesgo porque tienes que saber dónde vas, no digo que fuera el caso de Fernando. Durante 14 años nunca había pasado nada”.

Un reto que requiere constancia

La Titan Desert supone recorrer durante seis días 600km por las dunas del Sahara, con todo lo que ello supone. Además en esta edición ha llovido durante tres noches, han sufrido tormentas de arena que se volaban las jaimas, en las que se alojaban, un calor muy distinto al de Valencia…

Preparar esto requiere de muchos días, madrugones, de sábados de muchas horas de bici… Me organizo, priorizo y renuncio. Haría más cosas pero tengo que renunciar para poder llegar a todo”.

No solo hay que tener una buena preparación física para afrontar el gran desafío del desierto. «Hay que tener muy claro que se quiere participar en esta prueba, poniendo en práctica todos los conocimientos posibles. Hay que preparar tanto la parte física como la mental, nutricional, hidratación, de navegación… Hay mucha gente que va sin saber navegar… Tienes que saber entender un GPS y entrenar la parte psicológica porque quedarse solo en el desierto puede ser duro”.

Otro de los grandes aspectos a tratar en cuanto a la inscripción es el todavía escaso número de mujeres que se animan a disputarla. Toda persona puede apuntarse pero requieren de una exigencia extrema para poder llegar y a día de hoy es más frecuente ver más hombres. “Lamentablemente no hay paridad. La visibilidad de la mujer es muy pequeñita en comparación con la del hombre”.

Sin lugar a dudas si tuviera la oportunidad de volver repetiría porque disfrutó de lo lindo y quiere volver a verse rodando en bicicleta por el desierto, con una misma ilusión y con la filosofía que la caracteriza. «Yo me paraba en los avituallamientos, me tomaba mi bocadillo… A pesar de ir sola. Hay chicas que llevan sus ‘gregarios’, yo no tenía. Hacer un Top6 está chulo”.

Por último, antes de concluir la entrevista, dejó un mensaje para todos aquellos que están dudando si correr o no esta gran prueba: “Si haces algo de mountan bike tienes que correr la Titan Desert”.


Fotos y vídeos: María José M. Maroto

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