Por fin todos los actores implicados en conseguir que gran parte de las competiciones del deporte español, el que va más allá de primera y segunda división de fútbol, además de la ACB de baloncesto, se pusieran en marcha para la temporada 20/21, han sellado un principio de acuerdo.

Un hito acontecido en una semana donde primero todo pareció irse al traste, pero donde finalmente el sentido común y los intereses de miles de deportistas han prevalecido para conseguir que hockey, rugby, voleibol, waterpolo, bádminton, futsal y muchas otras disciplinas (también el fútbol y baloncesto menos mediático) con competiciones de equipo de ámbito nacional tengan un futuro a corto, medio y largo plazo.

Ha sido el Consejo Superior de Deportes (CSD) el que ya se ha puesto de acuerdo con Comunidades Autónomas y resto de entidades deportivas para alumbrar un protocolo sanitario único contra la COVID-19, el mismo que debe permitir que las competiciones oficiales de equipo en el deporte no profesional arranquen en breves fechas y sin arruinar a todos los implicados.

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Garantías sanitarias y jurídicas

Eran muchísimas las voces que pedían a las autoridades gubernamentales españolas, en concreto al ministro de Deporte y al CSD de Irene Lozano, que encontraran ya de una vez el marco adecuado para que fútbol sala, rugby o balonmano, entre muchos otros deportes, pudieran trabajar con la cobertura necesaria para hacer frente a los desafíos que presenta la COVID-19.

Pero un marco que evitara que los costes de las pruebas para detectar positivos repercutieran en los clubes y federaciones. Esto podía arruinar a incontables entidades en numerosas disciplinas con competiciones oficiales de equipo, como pasa con el Femenino, la Segunda B y Tercera de fútbol, pero también con la liga femenina de baloncesto, la LNFS, ASOBAL o las Divisiones de Honor masculinas y femeninas en otros ámbitos.

La plataforma creada junto a las Comunidades, Federación Española de Municipios y Provincias, el COE, el CPE, y los organizadores de las competiciones así como ADESP va a permitir que muy pronto, y si próximas reuniones de autoridades políticas y sanitarias no dicen lo contrario, regrese la acción a las competiciones no profesionales de ámbito estatal.

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Clama al cielo saber que la antigua Ley del Deporte solo considera profesionales a competiciones como primera y segunda masculina en fútbol, y a la ACB de los chicos del baloncesto. Por eso éstas pudieron retomar la actividad tras el confinamiento, y en plena era de pandemia COVID-19.

¿Pero y el resto de deportes y competiciones de primer nivel, como la LNFS, con contratos profesionales y gente dada de alta en la seguridad social? Para ellos, y para otras muchas categorías y deportes, faltaban las garantías que la actual Ley del Deporte no podía otorgarles, y por los que se han visto alteradas pretemporadas y fechas de inicio de la nueva campaña 20/21. Hasta ahora, cuando todos los implicados celebran un acuerdo histórico.

Alivio económico

Quién financiaba, y cómo lo hacía, el reparto de tests de detección de la COVID-19 ha dificultado y retrasado la luz verde final, aunque tras lo acordado, las federaciones y sus clubes ya son conscientes de que el regreso a la competición en la temporada 20/21 no les debe poner contra las cuerdas en el apartado financiero.

Así se lo creen tras lo anunciado por el CSD, evitando de este modo que el deporte no profesional (definición que no gusta a casi nadie, pues los implicados cobran y se preparan como los del fútbol y baloncesto, dando de comer estas disciplinas y sus categorías a miles de familias en nuestro país) tenga que depender exclusivamente de los protocolos de cada Comunidad Autónoma para funcionar.

Aunque éstas y sus respectivos servicios sanitarios seguirán teniendo un papel fundamental en este tablero, compartiendo el peso en las decisiones con las federaciones, que cogen más fuerza en la toma de decisiones.

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Pero la eliminación de la obligatoriedad de realizar pruebas PCR 72 horas (más 50 pruebas aleatorias a lo largo del año) antes de cada competición evita la ruina económica, valorada en millones de euros para el deporte no profesional masculino y femenino, viendo como además muchas de las indicaciones que causaban conflicto ahora son meras ‘recomendaciones‘.

Existe entre los deportistas el miedo al contagio, mucho más si no hay pruebas que acrediten la ausencia del virus en los competidores, y por eso el CSD, aunque ya no obliga, sí que recomienda pasar los tests antes de iniciar pretemporada (muchos clubes están ya en marcha) o tres días antes de que arranquen los partidos oficiales.

Fondo común

De todas formas, aunque el protocolo cuenta con el beneplácito de todos, las autoridades sanitarias del Gobierno de España aún tienen cosas que decir. La nula capacidad económica de los clubes, y federaciones, para pagar los tests no debe suponer que se disputen las competiciones sin algún tipo de certeza de que los deportistas están sanos.

La parálisis deportiva que han soportado estoicamente los deportes no profesionales durante muchos meses ya les ha puesto al límite desde el punto de vista económico, así que van a necesitar toda la ayuda que ahora sí parece que el CSD va a prestarles.

En el protocolo aprobado se destaca que «aspectos como el tipo de prueba a realizar, su financiación, la evaluación de su utilidad y si se debe realizar más veces con posterioridad (incluido a través de un mecanismo de pruebas aleatorias no anunciadas) serán determinados con criterios sanitarios, en el marco de los mecanismos existentes de coordinación con las CCAA».

Federaciones y Comunidades Autónomas deben contribuir al fondo común que defiende el CSD para sufragar este protocolo, así como las pruebas médicas que lleve aparejadas. Si debía recaer solo en los clubes este estricto control sanitario, hubiera sido imposible alcanzar este consenso.

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Presencia de público

La afluencia de gente en las gradas era otro punto de fricción, aunque con este protocolo único y de alcance nacional se deja la puerta abierta a que puedan entrar aficionados a disfrutar, bajo estrictas medidas sanitarias, del deporte en directo. Decidirán las comunidades autónomas en sus regiones, diciendo el CSD que lo recomendable es un máximo de 500 personas a cubierto y de 1000 al aire libre.

Un detalle que no es baladí para categorías modestas del fútbol, baloncesto y demás, cuyos ingresos dependen en un número importante de la taquilla, algo que no adquiere tanta importancia en la élite de primera división. Incluso con menos gente de la esperable por la circunstancia de la COVID-19, son billetes que necesitan estas entidades.

Días felices por tanto aunque lo serán más cuando pase esta maldita pandemia, y todo el deporte español pueda sentirse seguro de que va a iniciar y finalizar las temporadas con plenas garantías. Mientras tanto, toca navegar en aguas turbulentas de la mejor forma posible, y con salvavidas como éste del CSD que al rugby, futsal, balonmano, baloncesto femenino, fútbol femenino y muchos otras modalidades de equipo les ha dado la vida.

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