Pero lo que se agita por el campo no es un árbitro vestido de negro silbato en mano, y unos jugadores detrás de un balón. Un primer vistazo para el espectador no entrenado se torna una experiencia algo caótica: varios balones en juego y diversos focos de atención en el partido. Palos figurando ser escobas entre las piernas de los protagonistas, y porterías que son aros.

Todo pasa muy deprisa, y mientras unos intentan colar el balón por los aros hay otros que intentan esquivar el golpe de una pelota. Todo a la vez. Y la traca final llega cuando pasados los 18 minutos de juego de partido sale al césped un chico que porta una camiseta o pañuelo amarillo (es la ‘snitch’ dorada que aquí, por razones obvias, no está volando).

Entonces se abalanzan sobre él jugadores de ambos equipos para tratar de arrebatárselo, y es cuando uno se da cuenta de que no entiende nada de lo que allí está ocurriendo. Es dinámico, ágil y ellos están pasándoselo ‘pipa’, pero es necesaria una explicación para dar sentido a toda esta ‘locura’.

Es el ‘Quidditch’, nos dicen, y no, no estamos dentro de una película de Harry Potter ni estamos soñando. Esto es Valencia, estos chicos y chicas de diferentes edades son de carne y hueso y el deporte es real como la vida misma. ¡Pero si hasta entrenan 3 días a la semana!

Buckbeak Riders y un gran evento nacional en la capital del Turia

Mezcla de balonmano, rugby y balón prisionero, el ‘Quidditch’ existe aunque apenas tiene unos pocos años de trayectoria en la ciudad de Valencia gracias a los Riders, y también a los algo más veteranos de trayectoria Levante Phoenix.

Pero además hay selección española (quedó décima en el último Mundial celebrado) y campeonatos europeos y mundiales, siendo Estados Unidos el país donde se originó una práctica deportiva que ya conocen miles de personas en todo el mundo.

Y no necesariamente todos los que lo juegan son fans acérrimos de la saga Harry Potter creada por J.K. Rowling, aunque es natural y así ocurre que a este deporte la gran mayoría de practicantes llegan por su afinidad con el personaje de ficción. Pero aquí no se juega en las alturas ni la magia hace acto de presencia.

Todo es muy terrenal, y especialmente cercano. Familiar y divertido son otras palabras que aplicar y eso sí, los que lo han probado dicen que engancha a gente de todas las edades. Su auge es tal que los pasado días 2 y 3 de marzo en Valencia los locales BuckBeak Riders organizaron un torneo de carácter nacional, el Taronja Quidditch.

Al mismo acudieron competitivos equipos de Santiago de Compostela (a la postre campeones), Madrid, Barcelona y los ya mencionados anfitriones.

Fueron dos jornadas de total entrega al ‘Quidditch’, llamativo a la vista y sin duda atrayente para el que busque una experiencia diferente. Aquí los hay menos deportistas pero también otros que, como en el caso de Martín Navarro Frías, han estado en el pasado muy vinculados a disciplinas como el fútbol sala. Ahora es una de las voces veteranas de un equipo que se esfuerza por mantenerse unido para entrenar, y sobre todo para ir a competir por donde sea.

La falta de muchos más equipos en la Comunitat deriva en que desde hace algo más de 1 año sus integrantes jueguen la liga de Cataluña, y el coste de los viajes y demás gastos corre casi en su totalidad de su bolsillo, aunque no del todo.

La igualdad y oportunidades para todos aquí no se negocia

Aquí se tira de ganas, ilusión y mucho ingenio para por ejemplo dar forma a las porterías (esos aros que al visitante novato despiertan enorme curiosidad) con tubos de plástico que se compran en una ferretería. Pero poco a poco van apareciendo entidades que apoyan el ‘Quidditch’, y un claro ejemplo es el CD Samarucs.

La organización vinculada al movimiento LGTB+ de Valencia aporta una estabilidad al proyecto deportivo de Buckbeak Riders (toman su nombre del hipogrifo que sale en la tercera película de la saga literaria y cinematográfica), y gracias a ellos el crecimiento está siendo lento pero sostenido.

Nos dicen que lo que más valoran de este deporte y además es motivo de orgullo para ellos es la regla de género. Está contemplada en el reglamento de la IQA (International Quidditch Association), y se llama ‘máximo 4’.

Esta regla consiste en que no puede haber en el campo de juego más de 4 integrantes de un mismo género sin distinguir cual sea, dando lugar a una mayor diversidad e igualdad entre géneros nunca vista en otro deporte conocido.

¿Dónde encontrarlos?

En el Polideportivo de Natzaret juegan sus partidos, y entrenan un día entre semana en el polideportivo de Benimaclet y dos más en el parque del antiguo cauce del río Turia, a la altura del puente 9 de Octubre.

Allí montan su tinglado y llaman la atención de paseantes y ‘runners’, tanto que alguno se acerca a curiosear y entonces queda atrapado por las virtudes de un deporte que no es ninguna broma. Actualmente el entrenador es Eduardo Cebrián, quien ha tenido la oportunidad de competir en Inglaterra en su Erasmus en el equipo de Sheffield, y además también es jugador y parte del cuerpo técnico de la selección española.

Aunque lo parezca por las escobas entre las piernas y por su estrecha (obvia por otra parte) relación con la ficción que protagonizan Harry, Ron o Hermione, aquí nadie se siente un ‘friki’ ni viene a perder el tiempo. Es el mensaje que desean mandar a todo aquel que se interese por el ‘Quidditch’, que en España crece y crece pese a lo duro que supone encontrar ubicaciones para entrenar y jugar.

Su perfil oficial de Facebook es el siguiente: https://www.facebook.com/buckbeakriders/ , y allí puedes encontrar más información sobre ellos relativa a toda su actividad semanal así como las competiciones que disputen.

¿Te animas a conocerles?

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