Entrena menos, muévete más
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Entrena menos, muévete más

¿Acaso no es lo mismo movimiento que entrenamiento? Pues no, no lo es. Podríamos definir entrenamiento como una actividad física organizada en pos del logro de un objetivo de rendimiento.

Es decir, entrenamos para conseguir una marca determinada, levantar un peso determinado, ser competitivos en un deporte… Introducimos así un nuevo concepto, deporte. El deporte es una suerte de actividad física reglada, es decir, sometida a un reglamento.

¿Y a que nos referimos al hablar de actividad física? Pues es todo aquello que tiene que ver con el movimiento. Recordamos otra vez que el ser humano es movimiento, hemos evolucionado con y gracias a él.

Los atletas hacen el trabajo necesario para lograr los resultados que desean. El resto del tiempo descansan para recuperarse y estar listos para la siguiente sesión de entrenamiento.

Los que no somos atletas no debemos guiarnos por estos principios. Como acabamos de comentar, hemos evolucionado en un entorno de constante movimiento, y deberíamos distribuir éste a lo largo de todo el día.

Pensemos en un atleta. Hace una sesión por la mañana, de una o dos horas de entrenamiento. Algunos incluso doblan, una o dos horas o más por la tarde, dependiendo de la especialidad. Tenemos un total, pues, de dos a cuatro o más horas.

Los deportistas populares entrenan menos tiempo, lógicamente. El día tiene 24 hrs en las que realizamos una vida más o menos sedentaria. Si contabilizamos ese tiempo semanalmente o mensualmente, asusta.

Es por ello que abogamos por una mayor cantidad de movimiento, aparte de las horas en las que entrenamos. Caminar más, subir escaleras a pie, desplazarnos en bici en lugar del coche…

Otro problema añadido es el mantenimiento de posturas repetitivas, como pasar ocho horas de trabajo en la oficina, sentados en el pupitre escolar. Sería ideal poder cambiar constantemente de posición: trabajar de pie un rato, después sentados en el suelo, etc.

Activos durante todo el día

Desde BodyLab queremos promover un movimiento global para las personas interesadas en mejorar su salud. Por cierto que esperamos sean todas…

Se trata de un cambio de paradigma: pasar del entrenamiento, de la actividad física reglada, a un movimiento global. Es decir, centrar nuestra atención en permanecer activos durante todo el día.

El entrenamiento solo tiene valor para mejorar nuestras prestaciones deportivas. No me entendáis mal. No estoy diciendo que sea malo, solo que si no hay ningún interés en un rendimiento deportivo, es mejor enfocar nuestros esfuerzos de otro modo.

En la senda de la ultraproductividad

Para movernos más, una buena recomendación sería aparcar nuestro vehículo a varias manzanas de nuestro objetivo y caminar hasta allí. O, mejor aún, acudir a todas partes en bicicleta siempre que nos sea posible.

Básicamente estaremos haciendo más trabajo y aportamos nuestro granito de arena a los problemas de tránsito, movilidad y contaminación que acucian a nuestras ciudades. Parece que esto marcha, ¿no?

Tampoco son necesarias caminatas hiperlargas, de muchas horas. Creo más importante hacer siete caminatas de un kilómetro que una de siete. Y así con todo.

Utilicemos este mismo principio para la formación y el aprendizaje. Podemos utilizar la tecnología para aprender a la vez que nos movemos. Mientras caminamos, corremos o pedaleamos podemos utilizar nuestro teléfono para escuchar podcasts o audiolibros.

Éste es un hábito que nos puede poner en la senda de la ultraproductividad. Comportándonos de este modo podemos pasar más tiempo al aire libre. En otros artículos ya hemos dado fe de lo importante que resulta esto hoy en día.

En cuanto a las posiciones o posturas repetitivas, tenemos un problema. La mayoría de personas tenemos dificultades de movilidad, flexibilidad e incluso equilibrio. En gran parte determinado por el grado de sedentarismo de cada uno.

Cambiar continuamente de posición alternando en pie, sentado, en cuclillas o caminando por la habitación mientras hacemos las tareas, facilitará la mejora de estos tres aspectos y alguno más.

Para ello, un paso más, nunca mejor dicho, es descalzarnos. Pasar tiempo sin calzado, el máximo posible, permite que nuestros pies se refuercen y comiencen a retomar su función primigenia.

Evolutivamente, las plantas de los pies son centrales de información que aportan datos del terreno como el grado de inclinación, el tipo de superficie, temperatura, etc. Caminando descalzos, involucramos grupos musculares distintos que con calzado, mejoramos la postura…

Aparte, es el primer paso, de nuevo, para comenzar la adaptación al ‘barefoot’, o carrera descalzos.

Nuestro organismo tiene una capacidad de adaptación increíble. Es por ello que cuanto más realizamos una tarea, o un movimiento, más eficiente somos en ello a la larga. Y no necesariamente ha de ser bueno, de hecho casi nunca lo es en nuestro estilo de vida moderno.

Si eres como el resto de los mortales, tu cuerpo estará adaptado a ciertos movimientos y/o posiciones a fuerza de repetirlos. Incluso aunque hagas ejercicios de compensación.

Es por ello necesario analizar donde tenemos nuestro punto o puntos débiles e intentar corregirlo, a través de dichos ejercicios y haciendo cambios en la forma que tenemos de movernos y de posicionarnos en nuestro día a día.

Si ciertas partes de nuestro cuerpo se mueven de forma correcta con respecto a otras que no, es bastante factible que podamos sufrir algún tipo de lesión. Por ejemplo, si se da un desequilibrio entre nuestra cadena posterior y la anterior, tenemos casi asegurados los problemas lumbares.

Mantenernos activos, y en movimiento continuo, flexibilizará todos nuestros tejidos gracias a un aumento de la vascularización y el riego sanguíneo. Con ello dificultaremos la llegada de cualquier lesión.

Tomarse el tiempo necesario

Entiendo que todo esto de que hablamos pueda resultar chocante. Posiblemente la mayoría de vosotros no podáis o queráis llevarlo a cabo pero desde luego, es lo que yo hago. Y me funciona.

Mi transporte son mis pies, voy caminando o corriendo a todas partes. Para mayores distancias o rapidez utilizo mi bicicleta. Nunca cojo ascensores y procuro cargar toda la compra hasta casa, sin utilizar carrito.

A la hora de estudiar y/o escribir, por ejemplo este artículo, cambio constantemente del escritorio al suelo, a caminar, a estar de pie leyendo… por supuesto descalzo todo el día. O con calzado minimalista tipo ‘five fingers’ si he de llevarlo por cualquier motivo.

Ahora ando investigando la transición a dormir en el suelo. Os iré contando.

Por supuesto, no recomiendo a nadie un brusco romper con todo. Con ello solo conseguiríamos dolores por todo el cuerpo y posiblemente lesiones. Así como ser capaz de correr maratones descalzo me costó como dos años de adaptación, tomaos todo el tiempo necesario en cualquier aspecto que queráis cambiar. Escuchad a vuestro cuerpo.

Otra manera más de integrar esta filosofía de vida es dejar de usar algunos electrodomésticos. Batid los huevos a mano, exprimid limones con el exprimidor manual, etc.

Más ejemplos: cada vez que pases por debajo de una puerta, salta o estírate para tocar el marco, recoge cosas del suelo con los dedos de los pies. Coloca una barra de dominadas en otra puerta y haz ocho, o diez o veinte cada vez que cruces ese umbral. Utilizad vuestra imaginación.

Al final el gran ¿problema?, más bien excusa, de todo el mundo es el tiempo. Integrando estos comportamientos en vuestra vida diaria, nunca os faltará el tiempo para cuidaros.

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