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FOTOS: LOLA MORALES Y CSD

Ya se ha difundido que la selección española femenina de flag football (modalidad sin contacto de fútbol americano) es nueva campeona de Europa. Lo han conseguido estas chicas en el reciente Europeo celebrado en Israel, en las espectaculares instalaciones de fútbol americano que allí tienen gracias al apoyo económico, entre otros, de Robert Kraft, propietario de los exitosos New England Patriots de la NFL.

Del 28 de agosto al 1 de septiembre las españolas, dirigidas por el staff del seleccionador nacional Daniel Castañón, dieron buena cuenta de sus rivales hasta la gran final contra la poderosísima Gran Bretaña.

De leyenda fue la remontada en semifinales, pasando de un 18-6 en contra contra la favorita Dinamarca para acabar imponiéndose por 18-19 gracias a una defensa, que coordinada por Raúl Saavedra, sacó su mejor versión en los momentos clave. En el último partido del torneo, y de principio a fin, dominaron las españolas camino de un 28-14 contra las británicas que les encumbra a nivel continental.

Pero sobre todo escribe otra brillante página en la historia del deporte femenino español, en auge y ahora también acompañado por un fútbol americano que cada año gana más adeptos en nuestro país. Lo que no es tan conocido es el sacrificio, la pasión a prueba de cualquier obstáculo que demuestran jugadores/as y staff en este deporte, y más especialmente en eventos internacionales de este calibre.

“Gracias” por una victoria en el campo y en las gradas

Jerusalén se tiñó de rojo español, y conviene darle su parte de culpa al esfuerzo de los chicos (que fueron séptimos en la competición masculina). Ellos, con sus cánticos y pasión desde la grada, originaron el ambiente en cada partido del combinado femenino que a ellas les hacía sentir como si jugaran en casa.

Dificultaba además el papel de unas rivales que sufrían ante la presión ambiental que provocaba la animosa expedición española, que tomó la instalación y ganó para la causa a casi todos los allí presentes.

Luego sobre el césped el talento y amor propio de estas jugadoras hizo el resto, provocando que en la entrega de medallas los altos cargos federativos expresasen un sentido y profundo “gracias”. Lo cuenta Alicia Miguel, la quarterback de los Valencia Firebats que en su primer viaje a un Europeo ha podido volverse con una medalla de oro que guardará como tesoro el resto de su vida.

Ese “gracias” iba más allá de la satisfacción por el resultado en la final. Corona a una generación que ha luchado muchos años para llegar hasta aquí, que se ha sacrificado con las dificultades propias que el deporte femenino todavía entraña en España, mucho más en una Federación Española de Fútbol Americano (FEFA) sin los recursos económicos, mediáticos y de licencias que harían más fácil y cómoda la vida de todos sus practicantes.

Pero ahora, gracias a este éxito, el camino quizá se allane un poquito más para las futuras generaciones, y ojalá ayude a FEFA a conseguir mayores apoyos para su deporte. Un entorno que, por suerte, es noticia por algo más que esa polémica de hace unos meses, en relación a la falta de recursos para que las jugadoras de ‘tackle’ (la modalidad de contacto) fueran a competir a un campeonato internacional.

Lo que cuesta ser campeona de Europa

En esta gesta confluyen la pasión y amor por tu deporte, muy por encima del beneficio económico o la repercusión mediática que se pueda sacar, con el necesario sacrificio que requiere triunfar a estos niveles en el fútbol americano en España.

Porque jugadoras como Alicia Miguel (no fue la única de la Comunitat Valenciana, también estaba Ana Díaz y Violeta Alexandra Wiksten de Firebats, Ana Tolu Leal Madre de Alicante Sharks y Alicia Galiana de San Juan Dolphins) han tenido que rascarse el bolsillo para completar entre todas y todos el presupuesto que requería acudir a Israel.

De momento los recursos de FEFA dan para lo que dan, y mientras eso no cambie (gestas como la de Israel deberían ser bien aprovechadas por los dirigentes federativos para crecer en el área económica y mediática) la realidad que las campeonas de Europa viven es la de aportar económicamente antes del evento, con las pruebas de selección, y posteriormente en otros gastos derivados del viaje y estancia en el evento internacional.

Por no mencionar que Alicia, como otras compañeras, ha sido una de las que ha gastado aquí sus vacaciones de la empresa donde trabaja, para así poder viajar y cumplir este sueño que por suerte se ha hecho realidad.

Otras se buscan trabajos que complementar con los estudios y así no tener que pedírselo todo a los padres y madres, que también han vivido algunos de ellos en primera persona el familiar ambiente que el grupo español ha creado en Israel, ya para siempre tierra santa para el fútbol americano patrio.

Un esfuerzo económico y personal que todavía engrandece más a un grupo que ha pasado a la historia del fútbol americano español. Unas mujeres que se rebelan contra las carencias que todavía persiguen el deporte femenino (los chicos no es que lo tengan mucho mejor en esto del flag, en eso el fútbol americano es bastante paritario), para ser capaces de regalarnos gestas como la del país hebreo.

«Es un placer poder aportar estos triunfos al deporte nacional. Vos viene bien a todos: federaciones, clubes y jugadores”, comenta Alicia, para quien los frutos recogidos justifican la enorme dedicación que requiere triunfar en este deporte. Y más sabiendo que ha habido gente que no ha podido ir debido al trabajo u otras cuestiones.

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