En el Club Deportivo Minusválidos Elche llevan 30 años demostrando a diario que hay salida al enfado y la frustración por verse postrado en una silla de ruedas, ingresando en una familia deportiva que recorre España con un balón de basket bajo el brazo.

Casi 200 kilómetros por jugar al baloncesto en silla de ruedas

Tomás Mora es el presidente de un club que ha visto nacer, crecer e incluso refundarse, desde la denominación original de Club Deportivo Elche El Palmeral hasta la actual de Club Deportivo Minusválidos Elche. El único de toda la Comunitat Valenciana que permanece en competición nacional, un referente que cada temporada pasea su nombre y el de toda la Comunitat por lugares como Murcia, Ciudad Real o Andalucía.

Para jugar puntúa el grado de discapacidad física que tenga cada jugador del equipo, un aspecto que se tiene muy en cuenta antes de cada partido, y lejos quedan los tiempos en los que eran más de 90 conjuntos los que residían en el país, menguando la cifra hasta menos de la mitad.

Consecuencias de la crisis económica y de lo que cuesta cada año sacar adelante proyectos sin apenas apoyos empresariales, debido a que mediáticamente no generan el impacto que tanto podría atraer a las marcas.

Pero si los sponsors se detuvieran un segundo y profundizaran en las historias que alberga este club de baloncesto en silla de ruedas, verían que hay gente como Javier Ortega, de 38 años de edad y natural de Yecla.

Los 3 días a la semana que el equipo entrena en el pabellón de El Toscar (de 21:00 a 22:30 horas de la noche), se recorre en coche 170 kilómetros diarios para poder estar junto al equipo donde se reencontró con el deporte y la felicidad hace años.

Y se sacrifica con gusto, encima después de dedicar la jornada a trabajar en la empresa familiar. Su físico ha cambiado para bien, “llegó con unos bracitos muy finos, y mira ahora que espalda y brazos tiene”, bromea con él Tomás Mora, y su ejemplo debe servir de motivación para aquellos que todavía no han decidido dar el paso.

Actualmente son 9 jugadores en el equipo, “lo ideal sería contar con 3 o 4 jugadores más”, nos comentan algunos de los miembros, toda vez que a muchos desplazamientos no siempre puede ir la totalidad de la plantilla. Así que hay veces que toca salir a competir con las piezas justas.

Como novedad de este año, fruto del convenio de colaboración con el departamento de Ciencias del Deporte de la Universidad Miguel Hernández (UMH), Javier y el resto de compañeros cuentan con la ayuda de una entrenadora, Sonia Magaña, y la psicóloga Miriam Mateu también lleva algo más de tiempo junto a ellos.

Dos baluartes para mantener la pasión en el seno del equipo, consiguiendo además que en cada entrenamiento todos sientan que aprenden algo nuevo.

Con 30.000 euros no da para todo

Por suerte para ellos, ya hace una década que el Ayuntamiento de Elche dio el paso de subsanar las barreras arquitectónicas que les hacían la vida más difícil cuando de pasar horas con el baloncesto se refiere.

Las instalaciones de El Toscar, que están cedidas al club para que las utilicen en entrenamientos y partidos de forma gratuita, son un ejemplo en sus vestuarios de lo que debería ser lo ideal en cualquier recinto que visitan. Aquí hay vestuarios y duchas preparadas para acogerles, no así en otros destinos que visitan como parte de la segunda división nacional.

Con unos 30.000 euros de presupuesto se sufragan los viajes, hoteles, fichas, arbitrajes y también el combustible de los jugadores que acuden a entrenar. Algunos vienen de Yecla, otros de Alicante ciudad, y también de Novelda, Aspe y por supuesto de Elche proceden los integrantes de este histórico club.

La captación es completamente amateur, “tiramos del boca a boca”, confiesa su veterano presidente, que curiosamente jamás ha jugado a este deporte del baloncesto en silla de ruedas. Recientemente la emisión de los partidos del equipo por la plataforma online de la televisión local les ha generado mayor alcance, y que algunos chicos se hayan preocupado por acercarse a conocer el proyecto.

Es la mejor noticia para una entidad referente en toda la Comunitat Valenciana, que sobrevive gracias también a la “inestimable ayuda de la Fundación del Deporte Ilicitano, la Fundación Juan Perán Pikolinos, la Fundación Pascual Ros Aguilar, SUMA, el Grupo Orona y la firma OrtoSanvi, de San Vicente del Raspeig”.

CaixaBank y la Federación Española de Deportes de Personas con Discapacidad Física se unen para impulsar el baloncesto en silla de ruedas

Ahora llega, por mediación del acuerdo con la Federación Española de Deportes de Personas con Discapacidad Física, el gran impulso que CaixaBank quiere dar al baloncesto en silla de ruedas. Un compañero de viaje del que todos esperan sacar mucho partido.

“Ojalá CaixaBank pueda dar más repercusión a este deporte, y que llegue a más gente”

Es una de las reflexiones que nos dejan los jugadores del equipo tras pasar una noche con ellos, viéndoles prepararse.

Desde el necesario cambio de la silla de ruedas, para dejar la de uso cotidiano y pasar a la adaptada para el deporte, con las ruedas inclinadas hacia dentro para evitar eso que tantas ocurría en el pasado y era tan peligroso: atrapar manos de jugadores.

Se trata, esto del cambio de silla, de un proceso clave para el correcto rendimiento en la cancha. Y posteriormente llega el turno del calentamiento, los ejercicios con balón y el partidillo para poner el punto y final a otra sesión más en El Toscar.

Escuchándoles se nota que abrazan con fuerza la noticia, sobre todo con la esperanza de que ellos también sientan de cerca los beneficios de esta apuesta empresarial a nivel nacional. Todos tienen ganas de una mayor repercusión mediática, y así contar con el respaldo económico que les facilite el acceso a los medios adecuados para practicar su deporte favorito.

El sueño de una cantera

Una silla de ruedas para jugar cuesta más de 3.000 euros, y aunque el club proporciona una a cada jugador, algunas ya están viejas o no se ajustan a las condiciones físicas de todo aquel que llega a probar. Son sillas hechas a medida en una fábrica de Gandía que consigue la entidad, y cuantas más tengan en la recámara mejor que mejor.

Compiten con gente local, de la provincia y con alguna excepción como el jugador de Yecla. Nada que ver con la máxima categoría, que incluso tiene americanos en las filas de algunos de sus equipos. En este conjunto amateur de Elche se mantiene la esencia de los inicios, y ahora encima van a redoblar su apuesta.

Preparan con mimo la creación de una Escuela de baloncesto en silla de ruedas, para chicos y chicas de diferentes edades.

Responde a la firme intención de asentar una cantera, de dar una salida deportiva a tantas personas a las que les cambia la vida de un día para otro, y que no saben qué hacer a corto plazo. Aquí, en el Club Deportivo Minusválidos Elche, van a poder encontrar una salida al dolor y las inseguridades, y sobre todo una familia que les va a recibir con los brazos abiertos.

Una motivación y liberación diaria que además ahora, y gracias a CaixaBank, se dispone a desafiar sus propios límites.

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