Una esclerótica en los Taronja Games
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Una esclerótica en los Taronja Games

Comencé a entrenar CrossFit hace algunos años. Este deporte me ha ayudado a sentirme fuerte, y a retomar el control de mi cuerpo tras el palo del diagnóstico de la EM.

Nunca me había planteado competir. Sí se me había pasado por la cabeza y había soñado alguna vez con ello, pero jamás lo puse en práctica hasta este año.

Tomada la decisión, pensamos que lo mejor era inscribirnos en la categoría de escalado por equipos. Creímos que tener el apoyo de unos compañeros sería lo mejor para mí, en mi primera incursión en territorios desconocidos.

Grabamos el clasificatorio con mucha garra y energía, y cuando salieron las clasificaciones y vimos que estábamos dentro, se me escapó una sonrisa acompañada del pensamiento de que debía sacar mi mejor versión para esta experiencia.

Que mi autoinmunidad no iba a ser ni una excusa, ni un impedimento para vivir esos momentos.

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Llegado el día he ido al baño más veces que casi en un año. Llevo dos días soñando con unos “toes to bar” y unas dominadas perfectas, pues son ejercicios a los que me tengo que enfrentar y no domino ni de lejos. Pero he de buscar la inspiración para sacar los wods hacia delante con mi equipo.

Nos dirigimos hacia el lugar elegido para competir. Se respiran nervios, buen rollo y compañerismo -“¡coño, cómo mola! – . “Que afortunada soy de poder vivir esto desde dentro”, pensé.

Terminamos el primer wod en tercera posición extasiados, y con una sensación de euforia. Había salido un día perfecto, el sol y el calor no habían podido conmigo porque estaba nublado, era perfecto. Comienza el segundo wod y no me lo podía creer, ¡me salen los ‘toes to bar’ por primera vez en mi vida!

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Que sensación más indescriptible, que orgullo de sentir que el trabajo realizado era bueno. Me sentí indestructible, nada iba a pararme. Hasta que llegó el tercer wod. Salió el sol pegando muy duro, y las malditas dominadas. Ese ejercicio con el que llevo peleando meses, que se me resiste y que ni trabajando la visualización sale.

Comencé a ponerme nerviosa, mucho. Un nudo en el estómago, se me comenzó a tensar el cuerpo, empecé a notar que no podía controlarlo, algo no iba bien… y así fue. Los brazos se me quedaron tan rígidos que no era capaz ni de balancearme en la barra. “Maldita esclerosis”, pensaba todo el rato, y de ahí no salía, y sentí tanta rabia que solo se me escaparon lágrimas.

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Mi pedazo de equipo me cogió por banda y me dijeron lo orgullosos que estaban de mí, que había luchado hasta el final, lo había intentado más de cinco veces, era absurdo que siguiera destrozándome, y ahí fue cuando me dí cuenta de que hay que tener un par de narices para enfrentarse a esa situación.

Hay que ser muy valiente para decidirse a competir, tener la cabeza muy bien puesta para ser un buen competidor y además fui consciente de que no solo competí, sino que había roto mis barreras.

Había superado algunos de mis límites, había competido con todas mis energías y le había vuelto a plantar cara a todo lo que mi cuerpo vive por dentro.

Ahora tengo ganas de que llegue el año que viene para volver a competir en los Taronja Games, mi primera competición que tanto me ha dado y me ha enseñado. Seguiremos entrenando duro, le daremos fuerte a nuestras debilidades y nos volveremos a enfrentar con todo.

Tengo una cuenta pendiente con las dominadas, y esto no se ha acabado aquí.

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