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La triatleta valenciana María José Martínez Maroto partió hace unas semanas al desierto marroquí de Errachidia, en donde se ha disputado la Titan Desert 2018. Después de meses apartada del deporte por motivos personales, se embarcó en una aventura que se ha celebrado del 29 de abril al 4 de mayo.

Nuestra protagonista ha sido la única valenciana de los 600 valientes que han afrontado el recorrido más exigente de los trece años de historia de la Titan Desert. 619 kilómetros y más de 7.500 metros de desnivel positivo.

La única valenciana que participará en la Titan Desert 2018

 

María José ha sufrido como nunca para poder colgarse la anhelada medalla finisher de la Titan Desert, una de las pruebas más duras del mundo sin lugar a dudas.

“He pasado de todo porque es muy duro. Son muchos kilómetros, dunas, barrancos, el viento. He llorado pero me ha llegado la energía de todos para poder cumplir mi sueño”, declara eufórica.

Día 1

“La eterna sonrisa ha llorado bastante” fue la primera frase que María José dijo al termino de la primera etapa. Ya dejaba entrever que el comienzo no había sido el soñado, pero nadie podía presagiar lo que realmente ocurrió.

En el kilómetro 30 sufrió una aparatosa caída que le provocó hematomas de grandes dimensiones por los que tuvo que ser pinchada con anti inflamatorios en el hospital nada más acabar.

“Llevaba los dos pies calados, que ya me han dicho que no debo. El de adelante frenó y me caí a la derecha dando una voltereta y quedándome enganchada a la bicicleta”, relata.

El dolor fue inmediato y con él las lagrimas se sucedieron. Afortunadamente unos chicos se acercaron a socorrerla, María José ha viajado sola, y la desengancharon de la bicicleta. “Me salvaron completamente”, reconoce.

En el kilómetro 40 la organización le dio la opción de recortar y no subir un monte con 2.800 metros de desnivel acumulado. Pero a pesar de que cada pedaleo era un auténtico infierno sacó su garra negándose en rotundo.

“Yo no he venido para hacer ningún recorte, quería ser finisher al completo. Así que decidí subir el monte aunque me costó un mundo hacerlo”, añade.

Y es que en cada subida, la cadena de la bicicleta se colaba detrás del piñón provocando que María José tuviera que pararse y arreglarlo. Una serie de catastróficas desdichas que ponen más en alza si cabe el mérito que posee.

Casi una hazaña, se atrevería servidora a calificar porque nuestra superwoman logró terminar la etapa dos horas antes del tiempo fijado para el cierre.  Una maraña de sentimientos encontrados la hacían pasar del llanto a la risa en cuestión de segundos.

“No sé qué me van a dar cuando sea finisher de las seis etapas. Pero voy a luchar por ello cueste lo que cueste”, sentenciaba tras su primer día en la Titan Desert 2018.

Día 2

Tras la dura caída de la primera jornada, María José amaneció completamente magullada y dolorida. A duras penas podía levantarse de la jaima, pero ese espíritu que la caracteriza la hizo motivarse a ella misma.

Sin embargo el universo parecía tener algo personal contra ella porque su rueda trasera pinchó doblemente, gastando así las dos únicas cámaras que tenía y perdiendo bastante tiempo en reponerlas.

“Rezaba en cada bajada porque no me quedaban más cámaras y estaba completamente sola. Menos mal que los Ironman me han dado la fortaleza mental para estos obstáculos”, narra.

Los incidentes también ocurrieron en torno al kilómetro 33, un hecho que la han llevado a tomar una determinación: “Voy a tener que tatuarme algo sobre ese número”.

“Dicen que se aprende a base de ostias y la verdad es que yo lo puedo corroborar”, sentenciaba tras concluir su segunda etapa.

Día 3

¿Pensáis que ya nada peor le podía ocurrir? Pues nada más lejos de la realidad. Llegaron curvas, muchísimas más curvas. Y es que como dice María José: “El desierto tiene vida”.

Una tos horrorosa dio la bienvenida a la valenciana en la tercera jornada, fruto de las anginas que lucían en su garganta. Lejos de terminar de hundirla por todo lo acaecido en el día anterior y por como este empeoraba, se armó de valor.

Pero llegaría un nuevo calvario en el kilómetro 33, la rueda trasera volvía a pincharse pero esta vez no le quedaban cámaras. Unos sevillanos decidieron socorrerla. Cuando parecía que la luz atisbaba al fondo del túnel… nuevo varapalo.

La rueda trasera volvió a romperse y tuvo que “mendigar” como ella afirma por nuevas botellas de CO2 y cámaras. En los últimos kilómetros se puso a rodar como buenamente podía ante la incredulidad de la gente que le recomendaban retirarse.

“Me dijeron que no llegaría, que me lo dejara. Pero ni loca pensaba hacerlo. Saqué fuerzas de donde no había”, explica.

Día 4

La cuarta etapa de la Titan Desert fue extrema a causa del calor. Y probablemente su peor recuerdo. María José sufrió una insolación y deshidratación severa, los últimos 7 kilómetros temía por desplomarse y que nadie pudiera atenderla.

Al llegar a meta exhausta y completamente desubicada la trasladaron ipso facto al hospital, donde le inyectaron un gotero de suero para que se recobrase cuanto antes.  Pero las sensaciones al irse a dormir eran muy pero que muy negativas.

Día 5

La valenciana amaneció igual que se acostó: con dudas, muchísimas dudas. Se desplazó al hospital para saber si estaba en condiciones de afrontar la penúltima jornada después de lo acaecido en el día anterior.

Le dieron el visto bueno y por ello a pesar de la inmensa fatiga que sentía se animó para iniciar y completar la quinta etapa. Tras aprender de los errores del día anterior, María José cogió previsiones más que de sobra.

“Me hidraté muy bien para evitar sufrir una nueva deshidratación. Además cambié de alimentación, añadí una papilla de ocho cereales y unos potitos de frutas a las barritas y geles tradicionales”, comenta.

María José partió de las últimas para afrontar la quinta jornada de la Titan Desert, donde la protagonista fue la navegación. “Menos mal que sé navegar y manejarme con el GPS porque estaba muy desgastada”, indica.

En un primer momento se enganchó con una pareja porque le daba miedo correr sola por si volvía a ocurrirle algo. Pero llegó un punto en el que la dejaron atrás y tuvo que volver a valerse por sí misma.

“Decidí ir en línea recta me encontrara lo que me encontrara. Con esa idea llegué a la meta”, señala.

Día 6

Última etapa de la Titan Desert y la recompensa a los sinsabores de una carrera sin parangón. María José cumplió su sueño, ser finisher, superando cada obstáculo con el que se topaba en el camino.

Ha vuelto a demostrar al mundo entero su lección de vida: “Si no lo intentas no lo consigues, y si lo consigues es porque lo has intentado”.

¡Enhorabuena, campeona!

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