A Álvaro Arco Garrido, un joven granadino que ahora tiene 17 años, el fútbol no se le daba nada mal. Su pasión como aficionado de muchos deportes la trasladó al campo con un balón entre las piernas, y sus condiciones le permitían actuar tanto en defensa como en ataque. Llegó a militar en la cantera del Granada CF, donde destacaba por su fuerza y habilidad para el regate. Álvaro también llamaba la atención por su buen golpeo en las faltas directas.

Su evolución deportiva continuó en conjuntos como Vandalia CF y Wee CF, de la zona, trasladando hasta esos proyectos la ilusión y ambiciones que todo joven adolescente atesora cuando se viste de corto en entrenamientos y partidos. Soñando con emular a sus ídolos.

Pero en el camino de Álvaro se cruzó un maldito partido amistoso que ya nunca olvidará. Allí se produjo, o más bien se la ocasionó la entrada de un rival, una lesión de rodilla que fue el comienzo de su particular calvario. Un viaje por una especie de ‘purgatorio’ físico y emocional que hace madurar mentalmente a cualquier chaval.

Dos años recuperándose con continuas visitas al traumatólogo, fisios y a una rehabilitación que parecía no acabar nunca. Fue entonces cuando el traumatólogo le aconsejó a este joven deportista andaluz que dejara el fútbol de competición, y aunque algo tan drástico no estaba en los planes de aquel niño que comenzó a pegarle patadas a un balón en la base del Granada CF con apenas 5 años, tuvo que aceptar su destino.

Renacer con el kick boxing

«Fueron unos años duros, sobre todo para Álvaro, ya que el fútbol era su pasión», aseguran sus padres. Sus progenitores estuvieron siempre ahí, a su lado, arropando a alguien que con 13 años no sabe muy bien cómo asimilar que lo mejor para su salud futura es dejar de lado lo que más le apasiona.

Pero se dice que cuando uno se cae está obligado a levantarse, y tras el necesario luto llegó una nueva esperanza para Álvaro y su familia. Porque sí, el fútbol ya no era una opción debido a su rodilla, pero el mundo no se acaba por suerte en el verde del terreno de juego. Así que el granadino dio un cambio radical de 180 grados y pasó del césped al cuadrilátero, en concreto al kick boxing.

«Conseguí llevarlo al gimnasio donde yo entrenaba, y a los pocos meses se fijó en las artes marciales, en concreto en el kick boxing», nos confiesa su padre. Álvaro habló con el profesor de esta disciplina, le contó su paso por el fútbol y la lesión ya superada, y el maestro le dijo que probara antes de practicar más en serio.

Está motivado, veo como nuevo a mi hijo, que vuelve a ser ese deportista ilusionado y competitivo que conocíamos antes del grave incidente en el amistoso»

«Estuvo dos días probando y volvió a ser el deportista de siempre», añaden. Y es que Álvaro ha entrado con fuerza en este nuevo deporte, y ya se ha examinado del segundo cinturón y conseguido el de color naranja cuando solo lleva 15 meses entrenando en esta actividad, que era completamente nueva y desconocida para él y los suyos.

«Está motivado, veo como nuevo a mi hijo, que vuelve a ser ese deportista ilusionado y competitivo que conocíamos antes del grave incidente en el amistoso», remarcan los que mejor le conocen.

Los valores de las artes marciales

Nabil Daef Makram es la persona que ahora cuida de la formación física y emocional en el gimnasio de Álvaro. Nabil atesora casi una década de experiencia en competición, con una veintena de combates en categoría amateur además de un par en semiprofesional. Es cinturón negro y cuenta con un título de técnico deportivo que le legitiman para ejercer como entrenador y preparador en esta disciplina del kick boxing, «con la motivación de integrar a todo tipo de personas que quieran compartir mi pasión».

La sociedad aún cree que es para ‘brutos’, pero nada más lejos de la realidad»

Él ha tenido mucha culpa en la recuperación física y emocional del joven deportista granadino, que como todavía ocurre con mucha gente, desconocía todas las bondades y valores que atesoran las artes marciales en su globalidad. «La sociedad aún cree que es para ‘brutos’, pero nada más lejos de la realidad», afirma Nabil.

«Observé que cuantas más sesiones compartía con nosotros su interés iba creciendo exponencialmente, hasta el punto de tener la autonomía suficiente para practicar este deporte de forma individual en sus ratos libres. Pensé que le podría venir bien tener una motivación adicional para su completa realización como deportista, porque en este deporte la complejidad es tal que dentro de él hay multitud de formas y facetas en las que practicarlo y vivirlo», nos cuenta su profesor.

Por eso el siguiente paso fue embarcar a Álvaro en la carrera de los cinturones, faceta que le podría aportar una mayor profundización en sus capacidades además de una materialización de sus logros. «Por otro lado, de forma espontánea le ofrecí competir en una de las numerosas modalidades ‘kick-light’ que tenemos, lo cual supone una perfecta iniciación para la competición».

Álvaro, que actualmente cursa Bachiller en un Colegio San Isidor de Granada que arropa (especialmente su profesor de Educación Física) esta nueva faceta deportiva del chico, aceptó con ilusión esta oferta y el futuro dirá si aquella dramática lesión abrió la puerta de una nueva y exitosa carrera deportiva para este adolescente granadino. Por suerte, aún le quedan muchas aventuras que vivir en este maravilloso y desafiante mundo del kick boxing.

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