Carlos Gimeno es uno de esos jóvenes tenistas que, cuando alguien profano pregunta a un entendido de este deporte, sale a relucir en la conversación como nombre a tener muy en cuenta. Cumplirá 19 en 2020 pero todavía tiene 18 años, y se prepara para un nuevo curso todavía reciente el sabor tan dulce que le dejó una pasada temporada que jamás olvidará.

Fue la de su regreso de las sombras, en las que vivió durante casi dos años por culpa de una maldita lesión que se produjo de forma fortuita en el pie. Un trago muy amargo para un adolescente que con 15 años ya medía 1,85 (ahora está sobre el 1,90) y tenía muchos focos sobre él, con marcas como ‘Nike’ o ‘Wilson’ muy cerca de ese niño que ganaba y sobre todo auguraba grandes éxitos para el tenis valenciano y español.

Carlos Gimeno: el talento valenciano al que ya se han rendido ‘Nike’ y ‘Wilson’

Se aferró a los suyos y no dejó de esperar la ocasión de volver a brillar con una raqueta en la mano. Y en cuanto pudo hacerlo, el año 2019 pudo dar fe de que la estrella de Carlos Gimeno no se había apagado del todo, solo había dejado de brillar con la fuerza que todos esperaban. Fue subcampeón Junior de Wimbledon y acudió a la convocatoria para entrenar con el equipo español que ganó la Davis en Madrid, los grandes ‘highlights’ de un curso que no obstante tuvo mucho más para él. ¿Y ahora qué?

Futures, Challengers y los pies en el suelo

A este joven que compite para el Club de Tenis Valencia y entrena cada semana en Jávea, en la Academia que allí posee David Ferrer, no se le ha subido el éxito a la cabeza. De eso ya se encarga su familia, su entorno tenístico donde también destaca la figura de Albert Molina y el saber que antes que él han habido otros tenistas llamados a comerse el mundo a tan tierna edad. Luego, ni los más expertos en el deporte de la raqueta se acuerdan de muchos de ellos.

«A nivel de estudios quiero acabar Bachillerato y a ver qué hago luego en este ámbito. En lo tenístico a corto plazo estoy todavía con 4-5 semanas más por delante de pretemporada antes de jugar el primer torneo en Mallorca, un Future desde el 10 de febrero», avisa Carlos, que requiere de un salto físico y mental para afrontar el calendario que está preparando junto a su gente.

«Empezaré jugando un par de Futures y luego se trata de subir mi nivel para poder dar el paso a los Challengers», añade, advirtiendo al entorno que menos conoce los entresijos del tenis que esto no es automático ni tan fácil como llegar a unas semis Junior de Wimbledon, como es su caso, y al año siguiente seguir ya de inmediato la estela de los Nadal o Ferrer en la ATP.

Hay que tener paciencia porque luego de la etapa Junior que ya he dejado atrás hay un escalón que hay que aprovechar, con Challengers y Futures. Personalmente, lo que más alegría me da desde Wimbledon es no haberme relajado y haber seguido trabajando cada día para mejorar».

Aprender de los mejores

La suerte que él atesora, y que muchos otros envidian, es que puede aprender cada día de un referente como David Ferrer, su actual entrenador en la Academia de Jávea. Allí perfecciona su juego y ajusta sus objetivos diarios y más a largo plazo, valorando la suerte que actualmente posee de contar con salud para realizar lo que más le gusta que es jugar al tenis. Aquello que siempre decimos de no valorar algo lo suficiente, hasta que lo pierdes.

Ahora me siento capaz de competir de tú a tú con gente con la que no podía antes. Psicológicamente la lesión me dio algo positivo, y es que me ayudó a tener más ganas en cada día de entrenamiento, a cuidarme todavía más si cabe y valorar lo importante que es estar bien en lo físico», resalta el joven jugador valenciano de 18 años.

Nunca dudó de sí mismo y siempre supo que recuperaría su mejor versión, un juego que desde que tenía 14 o 15 años le había colocado en esa siempre delicada terna de jugadores llamados a tomar el relevo de los Nadal, Ferrer o Bautista que todavía deslumbran al más alto nivel. Y aunque admira y sigue muy de cerca a alguien como Djokovic, es el ejemplo de esfuerzo y sacrificio que siempre ha demostrado David Ferrer lo que marca el camino para Carlos Gimeno.

Ahora mismo es el tenista al que más valoro, sobre todo por como es fuera de la pista y lo humilde que es con todo lo que ha conseguido. Me fijo mucho en él, y con David sí que es verdad que tengo un vínculo muy especial», reconoce.

¿En qué se traduce esta unión? En mejoras constantes, y en ese espíritu de no rendirse y nunca dejar de mejorar del que hacía gala el mito de Jávea. «Él sabe cosas y ha aprendido de errores que puede analizar tras toda una carrera en la élite, buscando que yo no los cometa».

«Insiste mucho en el tema de la nutrición, cuidarme con mucha prevención y valorar todos los detalles. Me insiste en que lo dé todo en cada entrenamiento, y se fija en cosas a las que cualquier otro entrenador no le da importancia. David sabe todo lo que hay por haber estado al máximo nivel», añade.

El tiempo y la raqueta dirán

Carlos habla con la madurez que puede atesorar un joven que, con 18 años, ya ha viajado y vivido más experiencias deportivas que otras muchas personas no conocerán en toda una vida. No es ajeno a esas reflexiones que circulan por ahí, preocupaciones del entorno acerca de quién o quiénes tomarán el relevo de los grandes nombres del tenis español que ya han pasado la treintena.

Pero no le asustan ni las comparaciones ni las altas expectativas, porque sabe lo que trabaja cada día y tiene en David Ferrer, Albert Molina y muchas otras figuras de su entorno a los mentores que están midiendo al detalle su evolución deportiva. «Me gustaría mejorar el saque, y David me dice que tengo que aprender a saber cuándo cortar para cambiar el ritmo de los puntos, y utilizar más este recurso».

«Subir más a la volea y seguir mejorando físicamente son otro de los puntos que trabajamos», añade Carlos Gimeno, que se esfuerza a diario para recuperar el tiempo perdido a causa de esa lesión en el pie que por suerte ya es cosa del pasado. «Cada vez estoy mejor a todos los niveles, y tengo que seguir así».

Con grandes y buenos amigos en el circuito, jugadores españoles con los que coincide mucho a lo largo del calendario de torneos que afronta la gente de su edad y potencial, Gimeno ahora disfruta el tenis como siempre lo ha hecho. Con la ilusión de un niño que ha vuelto a poder brillar dentro de una pista, lo que siempre ha querido hacer. Alguien que avisa a los de fuera, a los que no siguen este deporte salvo cuando llega un gran torneo o final: «jugadores como Nadal, Ferrer, Bautista o Ferrero salen cada mucho tiempo».

Ojalá dentro de 20 años podamos sumar a esta lista a Carlos Gimeno, pero también a otros que como él nos dice antes de despedir la entrevista, «seguro que van a estar ahí arriba metidos en el circuito». Si eso ocurre, serán otro motivo de orgullo para un deporte español que saborea el presente pero no olvida el futuro que viene, el que debe ser conquistado por talentos como el de nuestro protagonista.

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