¿Quién no ha empezado jugando a pádel prácticamente sin moverse del fondo de la pista? Con el paso del tiempo el juego se vuelve mucho más rápido, complejo y de mayor vistosidad, pero también aparecen una serie de comportamientos casi imposibles de evitar.

A continuación presentamos una serie de pensamientos que suenan a escusa o comportamientos equivocados que se convierten habitualmente en los pecados de los jugadores de pádel:

1. Tengo que cambiar de pala

Mada más empezar a jugar a pádel y cuando coges un poco de nivel, te empieza a molestar perder partidas. Por eso, todos, sin excepción ¿a que sí? dicen aquello de: «esta pala no vale nada, me tengo que comprar otra». Y empiezas las conversaciones preguntando a todos por su pala, a profesores para que te recomienden una, «de profesional no, pero que esté bien», hasta que te das cuenta de que necesitas mejorar y no todo es la pala, aunque ayuda.

Mejores-puntos-padel

2. Todo hay que matarlo

En cuanto coges algo de soltura quieres deslumbrar, y cada bola alta que llega pretendes sacarla de la pista o asestar el golpe definitivo. Calma. Demasiadas bolas a la red o al cristal. Sin paciencia hay poco que hacer en el pádel, y no todas las bolas que pasan un poco elevadas por la red son el regalo que esperas para derrotar a tu rival.

3. Unas cuantas clases y a triunfar

También se suele oir otra cantinela en las pistas de los que empiezan; «ahora voy a ir a que me den unas clases para perfeccionar porque me faltan algunos conceptos». Ir a clase es bueno, pero ir dos días no basta. Algunos pretenden cambiar su juego en cuatro tardes, pero el pádel igual que cualquier otro deporte requiere constancia y perseverancia en la mejora. ¡No hay milagros!

4. Me faltan horas para acumular partidas

Una vez le pillas el gustillo a competir y ganar más de una partida, sueles caer en la acumulación de partidas. Apúntame y si falta alguien me llamas. Una partida por la mañana y otra por la tarde, se puede convertir en algo normal, e incluso jugar todos los días. ¡Cuidado! Si no estás preparado físicamente, ese desgaste te puede llevar a lesiones. ¿Ya te duele el antebrazo? frena un poco, tienes el peligro de convertirte en un «efervescente», no llevas un preparador físico profesional a tu lado para aguantar el ritmo.

5. Mi compañero no está al nivel

A cierto nivel, ya molesta pensar que no ganas porque no eres suficientemente bueno. Por eso, muchos caen en girar la vista hacia el lado y mirar al compañero. Empiezan las lamentaciones cada vez que él falla una bola (probablemente tu estás fallando el doble) pero ya tienes una idéa en la cabeza; «mi compañero no está al nivel». Cuidado, cuando aparece no es fácil desengañarse y queda muy feo.

padel-verano6. El boom de los torneos

Los jugadores que empiezan a apuntarse a torneos ven como el ambiente les gusta y se sienten parte del mundillo «pádel». Eso gusta, pero es muy difícil avanzar frente a esos «semiprofesionales». Por eso, siempre es bueno organizar un torneo en el pueblo en verano y esperar a que la otra pareja que juega bien no esté veraneando esos días allí o que si te tocan en la final puedas por fin vencerles. ¡Qué verano con la cabeza alta!

7. Pastilla efervescente

Después de comprar la pala, acumular partidas, clases, jugar torneos y ser un apasioando del pádel, suele pasar que si la cosa se estanca optes por el running, ya sean carreras populares o trail o el ciclismo; «me gusta competir contra mí mismo». Está claro que eres un «efervescente». No es malo probar de todo, pero no dejes el pádel, siempre es bueno disfrutar de una partida con buenos amigos/as.

¡Ánimo y a seguir con los «siete pecados» a cuestas!

Los 5 tipos de jugador de pádel que te sacan de quicio

 

Aviso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información ‘aquí’.

Aceptar Cookies