Así relatan dos valencianas su experiencia compitiendo en el Mundial de Rugby con España
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Así relatan dos valencianas su experiencia compitiendo en el Mundial de Rugby con España

Un bloque que ha contado con nombres valencianos como los de Jeanina Vinueza, María Ahís o Ángela Soria formando parte de los éxitos en los últimos años. Son precisamente las dos primeras las que acudieron a la convocatoria de José Antonio Barrio para esta cita internacional, y ahora, semanas después, abren su corazón para Yosoynoticia.es y todos sus lectores.

De su boca conocemos las emociones y las anécdotas de un evento que jamás olvidarán.

Era el primer Mundial para Jeanina Vinueza (criada en el CAU Valencia) y también para María Ahís (Universidad Politécnica de Valencia y Rugby Club Valencia), y con la perspectiva que ofrece el tiempo tras el final del torneo y haber pasado unos días de vacaciones de vuelta en casa, esto es lo que nos cuentan dos ‘Leonas’ valencianas de pleno derecho.

Rugby: Dos valencianas y un reto Mundial

Jeanina Vinueza y una experiencia que trasciende más allá de lo deportivo

Ha sido increíble en muchos aspectos, ha trascendido más allá de lo deportivo. El ambiente en todo momento ha sido de emoción y de competición.

Durante todo este camino hacia el Mundial yo personalmente he cambiado mucho tanto como jugadora como persona, el grupo me ha ayudado a superar mis miedos, a enfrentarme a ellos con valentía o vergüenza pero siempre hacia adelante.

Nos ha ayudado a comprendernos mejor, a saber a quién tenemos a nuestro lado y a confiar plenamente. A lo largo del camino se han unido e ido muchas personas, y sin todas ellas no hubiéramos llegado a donde lo hicimos.

Respecto a la filosofía dentro del grupo, creo que la más acertada era lo que mi capitana Aroa Gonzalez nos dijo durante todo el proceso: “a ponerse el mono de trabajo y a currar”.

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Cada entrenamiento disfrutando, pero concentradas y a dar lo mejor de cada una de nosotras. Quizás otras palabras de ella misma que se me quedaron muy marcadas fue que ”la familia va a estar ahí pase lo que pase”. Siempre sentí eso dentro y fuera del campo.

La anécdota más significativa fue en nuestra primera semana en la localidad irlandesa de Bandon, cuando tuvimos esos 5 días de trabajo con la selección de Irlanda, lo cual resulto curioso puesto que actualmente tienen la mejor melé de Europa. Fuimos no con miedo, pero sí con respeto hacia ese entrenamiento.

Una vez allí trabajando descubrimos que era duro, pero que podíamos con ellas y que éramos competitivas como para poder ganar una melé contra mujeres que juegan todos los años el VI Naciones. Nos ayudó a conocernos a nosotras mismas, y a ver fallos que teníamos y que podíamos mejorar.

La organización del Mundial me pareció muy buena en su mayoría, disponíamos de un bus para cada selección que se utilizaban para ir a los campos a entrenar el día de partido, y para hacer algunas excursiones a la ciudad.

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Estuvimos en un complejo universitario, lo cual nos permitía estar casi todas las selecciones juntas, y el comedor más de lo mismo, nos dividían por países pero aun así interactuábamos con chicas de otras selecciones.

En nuestro mismo edificio estaba Irlanda, con la que hicimos muy buenas migas y nos llevábamos bien. Algunas de las chicas han jugado en otros países como Francia, Nueva Zelanda e Inglaterra, o conocían a jugadoras de otros países, lo cual era genial porque había un muy bien ambiente y te encontrabas con viejas amistades.

Podías ver de cerca a esa jugadora que vive tan lejos y que te encanta como juega, por ejemplo Portia Woodman. Las chicas del Seven las ven mucho más a menudo, pero las que no somos del Seven sólo las vemos por la televisión, internet o vídeos. En general Dublín nos dio un magnífico recibimiento.

En cuanto a mi debut sentí nervios, muchos, aunque hubiera sido raro que no los tuviera. Me sentí feliz de ver a mis padres en la grada apoyándome como siempre, y de estar en el campo con las 27 jugadoras que formábamos el grupo.

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Sentí que íbamos con los deberes hechos, y que estábamos listas para afrontar el primero reto contra Inglaterra en el Mundial. Era como un sueño y, aunque sabía que iba a sufrir e iba a ser duro, me sentía contenta y agradecida de poder estar ahí con mi número ‘3’ que tantas alegrías me ha dado.

Todavía hoy recuerdo el Mundial y se me pone la carne de gallina.

Al principio es un sentimiento de emoción por lo nuevo, por el reto y por lo que vas a ver y sentir. En el transcurso del Mundial sientes ilusión, y disfrutas de cada momento sabiendo que los días pasan, el cansancio se acumula y los golpes empiezan a doler.

Y el final es agridulce ya que por un lado llevas mucho tiempo fuera de casa, de familiares, amigos y pareja y tienes ganas de volver de verlos. Aunque por otro lado sabes que se acaba, y te da tristeza y melancolía el saber que hay gente con la que no vas a volver a compartir campo, y con la que no vas a jugar hombro a hombro nunca más con la misma camiseta.

Pero bueno, la vida es así y todo lo bueno se acaba aunque los recuerdos, risas, secretos, novatadas, lloros y alegrías siempre nos pertenecerán.

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María Ahís y lo que cuesta asimilar todo lo vivido

No sé muy bien por dónde empezar. Pasada algo más de una semana desde la vuelta a España, te paras a reflexionar sobre lo vivido y todavía no asimilas que ya haya pasado, que se haya acabado. Echas mucho de menos a la gente, la experiencia, el sueño en sí… por el cual has dado todo durante la preparación, que parece tan lejano y de repente llega y se acaba.

Es una sensación extraña el post-Mundial, estoy feliz pero nostálgica.

La experiencia ha sido única a nivel deportivo y vital. Va a ser difícil olvidar la adrenalina que sientes en el campo al enfrentarte contra las mejores jugadoras del mundo.

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Vas sumando experiencias, y en mi caso, todas novedosas: llegar al Mundial, vivirlo con las compañeras, debutar… es algo en lo que has depositado mucha ilusión, y cuando llega ese momento es una mezcla entre nerviosismo, emoción y mucha motivación.

Ha sido un mes de mucho trabajo. Muchas horas de entrenamiento acumuladas, de análisis de vídeo propios y de los rivales, en definitiva, de mucho rugby durante las 24 horas del día. También tuvimos mucha tensión tras los primeros partidos, contra Inglaterra y EEUU.

Está claro que son rivales muy duros y lo sabíamos, pero nunca es plato de buen gusto perder, y tocó remontar como grupo y hacernos más fuertes tanto a nivel de juego como psicológicamente.

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Es evidente que, a pesar de que ahora mismo echo de menos cada uno de los momentos vividos, durante tantos días y en un evento deportivo de tal magnitud a nivel personal también vives algo de estrés. Aunque considero que hemos sido como una familia (staff y jugadoras), es inevitable echar de menos a tu gente.

Por otro lado insisto en que hemos sido una familia, y el compañerismo dentro del grupo ha hecho que esa nostalgia fuera más llevadera.

Por suerte muchas de las personas que echábamos de menos han sido fieles seguidores de la selección, y han venido a animar a las dos sedes de Dublín y Belfast. Chapó por la afición, es muy satisfactorio y emocionante sentir el calor durante los partidos y poder dirigirte a la grada al finalizar para compartirlo con los que más quieres.

Como grupo, hemos vivido mil anécdotas y compartido muchas risas. Las anécdotas son nuestras y quedarán para nosotros y nosotras, nunca las olvidaremos.

Pero sí, echaré de menos los despertares alegres de Mónica Castelo, las risas compartidas con mi ‘twin’ Carlota Méliz (como así nos llamaban), las partidas de Dixit en los apartamentos con Maribí, las sesiones musicales con Diana Gassó, el “¿tenéis hambre Leonas?” de Aroa antes de cada partido… y muchas más porque en un mes tienes tiempo de conocer y compartir con todas las personas de este proyecto.

Tras escribir estas líneas, me doy cuenta de todo lo vivido. No cambiaría nada y de hecho, a pesar de que ahora estoy en casa en Castellón tomándome unas breves vacaciones, ya tengo ganas de volver a coger un balón. Ha sido una inyección de motivación, y una muestra más de todo lo que este deporte me ha aportado y me sigue aportando.

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