Pocas pruebas hay más técnicas y más complicadas que el salto de altura. Cada gesto debe estar entrenado al milímetro, cada décima de segundo es esencial y si todo eso no tiene un trabajado adecuado, no solo es imposible superar la “decisiva barrera de los 2.30”, sino que tu cuerpo puede decirte basta en forma de lesiones.

De todo esto sabe mucho Miguel Ángel Sancho (Valencia, 24 de abril de 1990), que atraviesa un momento dulce de forma después de estrenar un nuevo entrenador, Gustavo Adolfo Becker, con quien ha encontrado a alguien que le dice ‘tienes que entrenar así’.

“He vuelto a casa y todo está funcionando bien. Este es un año diferente con el cambio de entrenador, tenemos muy buen feeling juntos y es fundamental. Muchas veces nos vamos perdiendo por las ramas y ahora mismo tanto él como yo hemos sabido lo que había que cambiar para mejorar. Yo llevaba mucho tiempo haciendo muchas cosas mal y aún hay algunas que las sigo haciendo mal”, explica a YoSoyNoticia.es el atleta del Playas de Castellón.

Encontrar buenas sensaciones

Después de unos años complicados pero “estables” en sus marcas, el principal objetivo para este 2019 era el de “disfrutar” y el de “encontrar buenas sensaciones”. Él mismo reconoce que esto ya lo está consiguiendo y el hecho de que esta sea “una temporada larga” le “está beneficiando” porque está teniendo tiempo “para ir puliendo pequeños detalles. He ido afinando mi forma, estoy bastante constante en saltos en torno a 2.22 y eso indica que más pronto que tarde debo pegar el salto hacia los 2.26 o 2.27”, su marca personal lograda en 2009.

Ahora mismo, solamente piensa en encontrar esa competición en la que uno está iluminado para poder elevarse al cielo, aunque para ello una palabra taladra su cabeza día a día. “Técnica, técnica y más técnica”, esa es la clave. “Lo positivo para mí es que hasta ahora estoy estable, regular y solo falta que llegue ese día de enganchar el salto, de llegar a 2.27, 2.28 e incluso tener opciones por ránking de clasificarme directamente para el Mundial de Doha”, un reto importante para él y que tiene más al alcance de su mano que nunca.

Y todo esto está siendo especialmente bonito para él después de un 2018 muy complicado a “nivel emocional y motivacional”. Tuvo que dejar la temporada a medias y “volver a casa”, algo que explica pacientemente. “Mira, el rendimiento deportivo depende de muchas cosas y el ámbito emocional es muy importante, tus amigos, tu pareja, tu familia. Y el año pasado fue muy complicado en este aspecto”.

Técnica, técnica y más técnica

Eso ha cambiado en esta temporada. “Ahora solamente nos queda seguir con la parte técnica”, insiste. “Soy consciente de que tengo una manera de saltar muy automatizada debido a los últimos diez años y ahora tengo que resetear, empezar de cero. Es algo que me cuesta mucho, sobre todo en alturas altas, donde siempre termina saliendo otra vez el antiguo Sancho”.

Él mismo reconoce que durante esta década -saltó 2.27 en 2009 y no ha mejorado esa marca desde entonces- las cosas no han sido nada sencillas. “Empecé a saltar mucho muy joven. Salté 2.27 por intuición, sin saber casi nada a nivel técnico. Pero era joven, me pilló con ganas de todo, iba a cada control con ilusión y eso es algo que con el paso de los años cuesta mucho más”. Sin embargo, el problema de no saltar bien acabó en lesiones. “Yo estaba fuerte y compensaba así los problemas técnicos. Llegaba alto”.

Lesiones

“Pero al saltar mal terminé lesionándome del tendón rotuliano. Como estaba saltando 2.27 no quisimos tocar nada, porque piensas que en cualquier momento puedes llegar a 2.30. Acabé con tendinitis rotuliana crónica, tuve que operarme, volví y me lesioné los talones y otra vez a operar. Fue así varias veces y no tenía un modelo técnico. Ya era hora de que llegara alguien y me dijera ‘tienes que saltar así’», explica Sancho, convencido de sus palabras.

Porque su insistencia va siempre en la misma dirección. “He saltado mucho, pero de muchas maneras y sin estabilizarme. Hubo momentos en los que no sabía si los entrenamientos me venían bien o mal. Era complicado. Siempre he estado estable en mis marcas, pero necesitaba ese modelo técnico para poder llegar más arriba”, explica.

Antes de cerrar, incide en el mensaje de la importancia de entrenar lo necesario y no perderse “en otras cosas. Somos un país con bastante atletismo, con muchos entrenadores muy buenos, sin embargo, no tenemos saltadores en 2.30, mientras los países de nuestro alrededor sí”, ha contado el valenciano.

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