La pasión por lo que cada uno hace puede marcar la diferencia. Tanto en el mundo laboral como en el mundo deportivo, ofrecer un plus pasional permite conseguir, en la mayoría de casos, los objetivos con mayor rapidez. Y, afortunadamente, el propio deporte nos regala historias pasionales cada día. Esta vez, la historia tiene la firma de Rubén Muñoz, atleta del club Triculpelat de Alaquàs.

Rubén, valenciano de 32 años, descubrió el Duatlón por circunstancias ajenas. Un accidente de tráfico hace ya 10 años le bajó de la bici donde había competido toda la vida. Tras uno de los momentos más duros de su vida, un compañero de trabajo le volvió a sacar el gen competitivo. Habían pasado 9 años desde aquel momento. Ya no había ciclismo, pero sí aparecía la bici. Rubén iba a enamorarse del Duatlón.

Ya han pasado tres años desde que se calzara las zapatillas para combinar los kilómetros a pie y a dos ruedas, pero a nuestro protagonista le ha dado tiempo a competir en campeonatos de Europa y del Mundo. De hecho, la actualidad más reciente nos lleva a ver a Rubén cruzando la línea de meta en novena posición en el Mundial disputado el pasado 27 de abril. Dentro de su categoría amateur al no poder ser élite, Rubén es el noveno mejor del mundo. La receta del éxito tiene un ingrediente: sacrificio.

A veces como algo rápido en el trabajo o ni eso

Conocemos la historia de Rubén Muñoz, mecánico de profesión y atleta por pasión, que tira de sacrificio para poder competir a estos niveles sin ser profesional: «Hay que poner muchísimo sacrificio. Acabo a las 14 h de trabajar y hago media hora de bicicleta o carrera. Luego, termino a las 19:30 h y vuelvo a entrenar lo que me toca. A veces ni como o tengo que comer en el trabajo o algo a media tarde. Hago malabares. Y el sábado y domingo hago las tiradas largas».

Preguntado por cómo volvió al deporte tras su accidente, Rubén reconoce que no se veía compitiendo pese a ser un ganador nato: «Hace 10 años era ciclista pero tuve un accidente de tráfico y lo tuve que dejar. Estuve parado unos 9 años y un compañero de trabajo hacía triatlones o duatlones y empecé a apuntarme. No me veía compitiendo otra vez después del accidente, pero me enganché y mira, hasta aquí he llegado«.

Eso sí, poco o nada tardó en reengancharse al mundo competitivo: «Lo dejé 9 años y no me veía compitiendo otra vez después del accidente. Pero cuando empecé hace tres años con el Duatón, comencé a ver que estaba bien en las pruebas locales y ya empecé a prepararme más en serio. Realizaba entrenamientos más específicos, más estructurados. Me clasifiqué para el Europeo y el Mundial. Soy muy competitivo y al final en la carrera estás nervioso, comienzas a correr y la adrelina que descargas es lo que más me gusta».

Las competiciones, el material, los desplazamientos… Todo sale de mi bolsillo

El sacrificio de Rubén no es solo no tener horarios para comer o utilizar los fines de semana para entrenar en lugar de descansar. Nuestro protagonista, pese a ser uno de los 10 mejores del mundo en su categoría, no tiene ayudas de ningún tipo a nivel profesional. De hecho, este gran hándicap puede dejarle sin competir en el próximo Campeonato de Europa ya que se disputa en Holanda.

Y es que, cuando hablamos con Rubén sobre el tiempo que quiere seguir compitiendo, la respuesta no tiene nada que ver con posibles lesiones o con cansancio: «Dependerá del dinero del que disponga. En este deporte, no me ayuda nadie económicamente».

Sin ir más lejos, el apoyo económico de su familia le permite poder llegar a los Mundiales cercanos ya que, el último se celebró precisamente en España: «La ayuda que he tenido para el Mundial ha sido todo de mi familia. Me he tenido que pagar el Europeo, los viajes, los hoteles, las competiciones, el material deportivo… Todo sale de mi bolsillo. El próximo Europeo es en Holanda y aunque esté clasificado, si nadie me ayuda no podré participar. Yo soy un trabajador y llego hasta donde llego. Si no puedo, seguiré en el ámbito local y nacional».

La historia de Rubén Muñoz, un apasionado del deporte y uno de los mejores en su categoría, se repite por desgracia en más de una vez. Personas que compiten, que sacrifican muchísimas cosas por el deporte y que se ven cerca de abandonar competiciones por falta de apoyos. Pero, al final, la pasión lo puede todo.

Fotografías cedidas por Rubén Muñoz.

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