Salva Pérez alumbra el camino maratoniano de Manuel Masedo
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Salva Pérez alumbra el camino maratoniano de Manuel Masedo

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Manuel Masedo vuelve a sonreír. Lo hace treinta y ocho años después, al recordar todo lo que ha tenido que luchar y trabajar para llegar a completar con fundamento su decimoséptimo maratón. Aún así, nada ni nadie puede borrarle la sonrisa triunfal de la cara. Ni la peor de las noticias. Su voz contagia ilusión, emoción, ganas de nuevas aventuras.

Han pasado ya seis años desde que decidiera enrolarse en, como tilda, ‘una de las mayores locuras de su vida’, pero no se arrepiente. Todo lo contrario. Presume de ello con la cabeza bien alta. Eso sí, sin fardar. Lo odia. Opta por normalizar aquello que otros consideran extraordinario, porque “la discapacidad solo está en la mente de las personas”, insiste.

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Él lo tuvo claro desde el primer momento, aunque reconoce a duras penas que no todas las personas lo llegan a asimilar: “Es una situación muy dura, ya que tu vida da un giro drástico de manera repentina, pero hay que dar un paso al frente y aceptarlo. El físico es el mismo, con y sin vista, así que no es un problema para practicar deporte. Todo radica en el aspecto psicológico. Si dominas tu cabeza no tienes rival”.

El físico es el mismo, con y sin vista, así que no es un problema para practicar deporte. Todo radica en el aspecto psicológico. Si dominas tu cabeza no tienes rival”, afirma Masedo

Lo explica alguien que ha convivido con ella desde que naciera allá por 1964, cuando salió dañado de un parto que trascendió en una ceguera parcial y, tiempo después, en una total. Desde entonces ha tenido que aprender a practicar todo tipo de deportes –‘su gran pasión’, admite– desde la oscuridad y a superar todos los obstáculos por sí mismo.

Siempre se ha mostrado predispuesto a ello, incluso cuando las noticias han ido de mal en peor; en lo que a su ceguera respecta, ya que en apenas ocho años pasó de ver un puñado de luces sin sentido a la oscuridad total. Así lo demuestra en la infinidad de maratones que ha cursado. Su pasión por el mundo del atletismo le ha llevado a lo más alto.

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Ni los kilómetros que le separan de los mejores eventos del mundo han podido pararle los pies. Se los funde semanalmente. Madrid, Barcelona, Sevilla, Vitoria, San Sebastián, Berlín, Belfast, Houston, Florencia y Valencia. Miles de kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. Su vida, además de convertirse en una aventura constante, ha encontrado en el deporte esa luz que perdió a los quince años de edad.

Manuel Masedo, a sus 53 años, ha completado en varias ocasiones los maratones de Madrid, Barcelona, Sevilla, Vitoria, San Sebastián, Berlín, Belfast, Houston, Florencia y Valencia”

Por ello, se recorre (casi) de manera diaria todas las calles de su Madrid natal con el fin de seguir mejorando sus condiciones físicas con una independencia admirable. Eso sí, admite que en los maratones necesita a su lado a un guía, esa persona que le alumbra el camino. De sus indicaciones depende su orientación y su movilidad. La compenetración debe ser perfecta, aunque admite que hay margen de error, porque “todos estamos para aprender y mejorar”.

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Lo explica Masedo una y otra vez, sin fin. Insiste en elogiar antes que nada el papel que ejercen los guías: “Dependemos de las indicaciones que nos den. Las personas ciegas tenemos el sentido de la orientación más desarrollado, pero no el de superar a personas corriendo. Cuando se alcanza una velocidad importante, resulta muy difícil saber dónde estás. Necesitas a una persona al lado que te instruya en momentos puntuales”.

Las personas ciegas, adeptas al atletismo, necesitamos a una persona al lado que nos instruya en momentos puntuales”, añade Manuel

Algo parecido encontró con Salva Pérez, ese corredor valenciano que, tras conocerle en la Behobia de San Sebastián, coincidir en la edición anterior y emparejarse casualmente en “Comparte tu energía” –plataforma online que facilita a todas aquellas personas ciegas o con discapacidad visual grave encontrar corredores que puedan ser sus acompañantes–, le alumbró el camino el pasado 19 de noviembre en el Maratón de Valencia 2017.

Siempre quiso hacerlo. Era uno de sus sueños. Llevaba mucho tiempo esperando el momento oportuno, hasta que el destino le llevó a las zancadas de Manuel Masedo. Una simple conversación en medio de la Behobia y hecho. No necesitaron más que un par de palabras, un número de teléfono memorizado y la acción de la plataforma “Comparte tu energía”, que les acabó uniendo.

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Marcas, físico, experiencia. Todo cuadraba, incluso sus mentalidades ganadoras. Por ello y por la falta de tiempo –admiten ambos– apenas entrenaron juntos antes de la prueba final. Solo un par de trotes en la quedada preparatoria del sábado y una pequeña charla antes de emprender la marcha del domingo les bastó para completar uno de los maratones más especiales de sus vidas.

Así lo tilda y lo recuerda Pérez: “Había disputado muchos ultras de 70, 80, 90 e incluso 100 km en mi carrera deportiva, además del Maratón de Valencia en 2016, pero nada tan significante como esto. Estaba muy nervioso, ya que sentía mucha responsabilidad y miedo por mi talón de Aquiles, lesionado por aquel entonces. No sabía qué pautas seguir; cómo hacerlo todo. Sin embargo, Manuel me tranquilizó e hizo que todo fuera muy sencillo”.

No sabía qué pautas seguir; cómo hacerlo todo. Sin embargo, Manuel me tranquilizó e hizo que todo fuera muy sencillo”, rememora Salva Pérez

Se mantuvieron durante todo el evento en los primeros pelotones para evitar las grandes concentraciones, hasta que empezaron a adelantar: “Fue cuando más tuvimos que conectar, porque la gente estaba cansada y apenas dejaba pasar. Aún así, poco a poco lo conseguimos. Masedo tiró de mí en varias ocasiones, llegando así a guiarme”.

Acciones humanas y recíprocas que les llevaron a cruzar la meta con un tiempo que ya ha quedado grabado en sus mentes: 4:13:57. Fue entonces cuando se desató la locura. Ambos empezaron a abrazarse, a llorar de la emoción y a celebrar lo logrado. Era el decimosexto maratón para Masedo, pero el primero como guía y más especial para Salva Pérez, que para más inri lo hizo sobre sus sandalias. Nada nuevo para el valenciano.

Salva Pérez disputó el maratón, como ya es habitual, sobre sus sandalias

De esta manera, tras cuatro horas, trece minutos y cincuenta y siete segundos de recorrido, pusieron el punto final a un fin de semana maratoniano en Valencia inolvidable, sobre todo para Salva, porque Manuel apenas tuvo tiempo para reflexionar sobre lo vivido. Dos semanas después, disputó de nuevo un maratón, esta vez el de Florencia. Así son Pérez y Masedo, dos luchadores que no contemplan lo imposible.

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