Gimnasia rítmica, atletismo, triatlón, ciclismo… Esa es la vida de Cristina Azanza, una mujer que ahora tiene 44 años y que el deporte ha sido el motor que la ha llevado hacia delante siempre, bien sea compitiendo o a través de sus valores, como a lo que se dedica ahora, que es a participar en las quedadas de ‘Woman in bike’, una iniciativa que está cogiendo más fuerza cada vez.

«Cuesta ver todo lo que hacíamos», cuenta cuando recuerda la etapa en la que se centró en el triatlón, un deporte que a principios de los noventa apenas empezaba a conocerse en España. «Era duro», va explicando, además de reconocer que por aquel entonces la gente «se extrañaba de ver a una chica sola y en bicicleta».

Su aventura en el triatlón

En eso todo ha cambiado mucho, pues ahora estamos más que acostumbrados a ello gracias al auge que ha cogido no solo el triatlón, sino también el ciclismo y el salir a correr.

«El triatlón me enganchó mucho y la realidad es que todavía no puedo decir que lo haya dejado. Eso sí, me costó conseguir buenos resultados, aunque al final llegaron»

Su llegada al ciclismo fue más fruto de la casualidad que otra cosa. Es ahí donde llegó su parón en el triatlón porque le ofrecieron desde la ONCE ayudar a una chica invidente, Ana Belén Miguélez, quien necesitaba un piloto para afrontar el reto de los Juegos de Sídney 2000. «Fue una idea que me atrajo muchísimo. Me lancé y me dediqué a ello al 100%», cuenta.

«El hecho de ayudar a una persona que no podía por sí misma desarrollar una actividad deportiva me motivó mucho», continúa contando sobre aquella época que la llevó a los Juegos Paralímpicos de Sídney y a empezar centrarse en el ciclismo, «un deporte en el que no compitió demasiado».

«Era muy novata», recuerda. «Me costó adaptarme a ir en pelotón porque en el triatlón no se podía ir a rueda, pero al final me adapté y tengo la sensación de que fue una experiencia divertida».

La experiencia en Sídney 2000

Como «espectacular» define todo lo que conllevó a compartir con Ana Belén Miguélez en los Juegos de Sídney. «En la prueba en línea tuvimos mala suerte. Nos escapamos buscando una medalla y yo perdí el control de mi bici y nos caímos. Fue un susto tremendo y muy decepcionante después de todo el trabajo que habíamos hecho el último año. Nos dejó con un sabor agridulce«, confiesa.

Y aunque su etapa en el ciclismo no se caracterizó por la cantidad de competiciones, llegó a ser cuarta en un Campeonato de España, antes de pasarse a las largas distancias donde sí llegó a ser campeona nacional. No contenta con todo esto, poco después probó en el ironman, probablemente una de las modalidades deportivas más exigentes que existen.

«Debuté en Roth (Alemania) en el año 2006 y logré bajar de las diez horas, un tiempo que en aquel momento había hecho muy pocas chicas»

Y es que ella, a la hora de valorar todos sus resultados, tiene claro que lo que le llevó a conseguirlos fue su capacidad de sacrificio, su esfuerzo y su tenacidad. «No me considero una persona con grandes condiciones», explica.

Apenas un año después dejó la competición y pasó por un momento complicado. «Compaginaba el deporte con mi trabajo en la Federación Española de Triatlón. Acabé explotando. Fue muy duro», recuerda apesadumbrada.

«No podía con todo. Tuve que dejar pasar un tiempo, no quería competir, no quería entrenar… Fue un periodo de un gran bajón físico y mental»

Disfrutar del deporte

Y fue a partir de ese momento, cuando superó esa situación, cuando más empezó a disfrutar del deporte y de todo lo que lo rodea. «El deporte es mi forma de vida, sin el deporte no tengo una plenitud completa«. Nunca abandonó del todo la competición, pero siempre fue consciente de su situación y de que el paso de los años le habían hecho perder esa chispa que te da la juventud.

Luego llegó el embarazo y con él nuevos dolores. «Mi cuerpo cambió. Tuve que empezar de cero, pero con un buen trabajo de base poco a poco fue recuperando sus sensaciones. «Sigo disfrutando del deporte. Cree un grupo de mujeres que corren, ‘Muller en Forma’, que empezó siendo un grupo de unas 20 y ahora somos más de 90.  Mi finalidad es que esas mujeres monten en bici y así puedan tener esa experiencia que tuve yo y que tantas cosas buenas me ha aportado».

También valora positivamente el proyecto de ‘Women in Bike’. «Es un acierto, era algo impensable cuando yo empecé a montar en bicicleta, me veían como una extraterrestre».

«Hemos demostrado que nadie tiene que decirnos que no podemos montar en bici, nadar, salir a correr. Podemos hacer cualquier cosa, a cualquier edad. No hay ningún obstáculo que nos lo pueda impedir»

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