Después tendrá más horas lectivas, y al acabar ya por la tarde pondrá rumbo al pabellón para entrenar antes de regresar de nuevo a su domicilio, a veces llorando porque las cosas no le han salido en el entrenamiento como ella quería, cuando sea de noche. Pero es gimnasta, y ellas están hechas de otra pasta como también se demuestra en el confinamiento que estos días sufre todo el país.

Un deporte habituado a trabajar en la sombra mediática y que pese a ello no dejar de crecer en número de practicantes cada año no se viene abajo fácilmente, y con el Club de Gimnasia Rítmica Atzar de València repasamos las claves de una situación muy especial en una actividad que es mucho más de lo que la gente cree.

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Lo que el ojo no ve

Lo que el público no ve son las 20 horas semanales de trabajo que aquí acumulan las gimnastas, disciplinadas y comprometidas con un deporte que exige lo mejor de ellas tanto a nivel físico como psicológico. ¿Cómo si no iban a poder sobrellevar, siendo tan jóvenes, tanta responsabilidad sobre el tapiz y luego en la vida escolar?

Es su “droga”, apunta Noelia Villar, entrenadora y actual Directora Deportiva del Club Atzar, todo un referente autonómico y nacional que antes del estado de alarma decretado a raíz del coronavirus COVID-19 se guardó en la memoria el reciente éxito en el prestigioso Euskalgym de Bilbao.

Allí triunfaron sus gimnastas del conjunto Junior Absoluto (seleccionadas para la Copa de España) compitiendo contra representantes de todo el país, haciendo buena una preparación exhaustiva que deja en ‘pañales’ a todos aquellos que compran los argumentos de deportistas de élite en relación al exceso de trabajo o partidos.

Quejas que a las gimnastas, y sus familias que aquí se dejan el alma y también el dinero para que sus hijas persigan sus sueños deportivos, no pueden más que despertarles una irónica sonrisa. “Es un deporte que igual que te da muchas alegrías también te da muchas decepciones, son muchas horas de entrenamiento semanal invertido y compaginado con los estudios».

«Nosotras entrenamos todas las tardes de 3 a 4 horas, y además los fines de semana venimos o sino estamos con las competiciones”, señala Noelia, que fue campeona de España con el club en sus tiempos de gimnasta en activo, y tuvo que compaginar infinitas horas sobre el tapiz con una doble carrera universitaria siendo también entrenadora en aquellos años. “Este sacrificio les hace responsables, les organiza la cabeza para esforzarse más si cabe en el ‘cole’ y en el deporte, por eso es tan importante el apoyo familiar”, añade.

Lo corrobora Pablo Martí, padre de dos gimnastas del club como son Sara y Claudia Martí Domínguez, de 17 y 14 años de edad. “A veces te asalta la duda de si realmente es bueno que hagan tanto deporte, pero luego todo el mundo de su alrededor te dice que los deportistas de élite, nacional como en el caso de mis hijas, aprovechan el tiempo y son muy disciplinados”.

“Ellas sacan muy buenas notas y son buenas estudiantes, aprovechan el tiempo incluso los fines de semana sin estar tanto por ahí. En casa lo primero que les hemos dicho siempre es que harán gimnasia si no se resienten las notas, pero nos demuestran que es perfectamente compatible y los mismos profesores nos dicen que ellas son muy responsables. Sabemos que son capaces de sacar tiempo de donde sea porque son muchas horas entrenando, incluso 16 horas a la semana como le pasa ahora a la pequeña en el Club Atzar”, añade.

Gimnastas durante el confinamiento

La obligación de permanecer en casa ya dura más de una semana en España, y todavía quedan un mínimo de tres más por delante. Es duro para todos, mayores y pequeños, pero en el Club Atzar han buscado todo tipo de soluciones para incluso involucrar a papás y mamás. De nuevo las familias jugando un papel fundamental en la rutina deportiva de las gimnastas.

Les hemos marcado rutinas de 7 días a la semana porque son jóvenes y tienen mucha energía que quemar. No pasa nada si bajan el ritmo según la sesión, pero queremos que estén activas y entretenidas sabiendo que el entorno no es el habitual para ellas”, indica Noelia.

El entorno al que están habituados todos es el Velódromo Lluis Puig de València, un enorme recinto que ahora ha sido sustituido por los comedores de los domicilios particulares, donde se apartan objetos para mudar en improvisados ‘tapices’ de gimnasia rítmica. Las sillas o las botellas de agua se han convertido en material de entrenamiento, y las videollamadas en recursos que mantienen unida a esta ‘piña’ de deportistas, entrenadoras y familias que tanto se echa de menos.

“Lo malo de este confinamiento es la época, que para nosotros ahora era de mucha competición y donde habíamos clasificado a conjuntos para fase nacional, estábamos a tope de rendimiento. Pero tenemos un punto a favor y es que trabajamos muchísimo con nuestro cuerpo, por lo que quitando de aparatos que ahí sí que necesitamos altura, podemos adaptar el ejercicio dentro de casa. Para hacer el ballet con una silla de tu casa te sirve, o con la propia pared”.

Lo que más cuesta es no verse y las niñas son la que peor llevan este aspecto del confinamiento doméstico, pues los vínculos y familiaridad que se generan en torno a otras gimnastas y las entrenadoras no son fáciles de reemplazar estos días. Aunque la tecnología ayuda. “Nos mandan vídeos y hemos abierto directos online con la preparadora física de la federación española así como profesoras de ballet o cubbá para que la gente también se pueda apuntar, con la música lo hacemos todo más ameno”.

©FotoSportEventos.com
Fotografía Oficial RFEG

Los retos como el que marcaron de las fotos en el Día del Padre, el cardio y el baile además de las videollamadas para ver las caras de sus compañeras (clave en un deporte tan colectivo como éste) ayuda a mantener la motivación con el paso de los días, y como nos dice Noelia, el resto lo hace el apoyo familiar y la madurez y concentración que otorga a las gimnastas un deporte que para ellas lo es todo.

Las gimnastas somos de otra pasta, y estas niñas son así. Son muchas horas de sacrificio donde te juegas un trabajo de 4 o 6 meses en un minuto y medio o dos minutos sobre el tapiz, por eso se tienen que acostumbrar desde muy jóvenes a la presión y a la competitividad, a controlar los nervios. Eso también a la hora de los exámenes les puede ayudar a relajarse y dar todo lo que han preparado”.

“La gimnasia les enseña que no pasa nada por fracasar un día porque luego tienen otra oportunidad de demostrar lo que han trabajado. Eso es lo que más te enseña la gimnasia, que aunque hayas trabajado mucho por una cosa y no te salga debes volver a intentarlo a la siguiente, y al final cada una en su nivel puede llegar a conseguir su meta aunque sea difícil. Aquí las niñas han llorado más cuando ganan que cuando pierden, es emocionante”, reconoce la Directora Deportiva y también entrenadora de muchas de estas gimnastas del Club Atzar.

Disfrutar más allá de la fama o los millones

Solo 5 (7 contando a las suplentes) gimnastas de rítmica en todo el país adquieren fama y reconocimiento internacional representando al equipo español en competiciones como los Juegos Olímpicos. Desapercibidas pasan miles de gimnastas de multitud de clubes de todo el país que, como en el caso del Club Atzar, forman a su gente en valores que les sirven para toda la vida.

“Las familias saben que este deporte les enseña a sus hijas valores para el futuro”, recuerda Noelia, que además de entrenadora es un poco ‘mami’ y psicóloga con sus chicas del club. Son muchas horas a la semana, hasta 20, “y las familias saben que las cuidamos con mucho cariño y nos preocupamos porque aquí dentro somos su otra familia”. “Estoy más tiempo con ellas que con mis hermanos”, destaca.

Descartada la motivación económica nos queda, y es digno de mención una y otra vez, el deporte por diversión y como elemento de realización personal. Lo que en la gimnasia, con todo lo que hay que ofrecer física y psicológicamente para triunfar aunque sea a nivel local, es todavía más meritorio. “Solo se trata de alcanzar sus metas, hacer el deporte que les gusta y estar con sus compañeras. Por eso, por la cercanía que tenemos aquí, cuando tomas la decisión de dejarlo es un momento muy duro”, reconoce Noelia.

“En el fútbol base muchos creen que sus hijos les van a jubilar, pero aquí eso ni lo piensas. El ambiente es muy sano entre nosotros, y también con los padres y madres de las gimnastas de otros clubes. Quieres que gane tu hija y tu club, pero no te alegras del fallo o errores de las rivales, empatizas porque sabes el trabajo y sacrificio que hay detrás de cada ejercicio. No aplaudes el error ajeno como pasa en el fútbol”, señala Pablo, el papá de las dos gimnastas protagonistas en este reportaje.

Y la gimnasia no solo influye en la vida de sus hijas, pues en la de los padres pasa a ser un elemento integrador y capital en la planificación familiar. Los padres y madres se hablan por grupos de whatsapp, grupos de transporte, y organizan rutinas para alternar los días y turnos como ‘chóferes’ de varias niñas, y cada uno deja fuera del recinto sus filias y fobias para compartir todos, junto a sus hijas, la pasión por una gimnasia que les pone en tesituras impensables en otro contexto.

Somos una piña en el club de gimnasia y por eso te haces camisetas, o te pones una peluca para las competiciones. Hablo de gente seria como abogados o arquitectos, pero haces lo que sea por tus hijas”, concluye. ¿No es mágico lo que consigue este deporte?

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