Por el momento no es de obligatorio cumplimiento en España. Sin embargo, cada vez son más las entidades deportivas que lo solicitan para sus atletas.

A continuación te contamos, de la mano del doctor Erik Echeverría Zea, responsable del departamento de pruebas de esfuerzo de la Clínica Tecma, todo lo que debes saber sobre este sistema de evaluación física que además de evitar que sufras un susto mientras compites, puede ayudarte a mejorar tus objetivos.

¿Qué es una prueba de esfuerzo o ergometría?

Se trata de un examen médico en el que se valora la respuesta que tiene el organismo ante el ejercicio (esfuerzo), desde que el ejercicio es nulo (reposo y tumbado) hasta que el ejercicio es máximo (fatiga o agotamiento).

El doctor Echeverría, que cuenta con varios años de experiencia realizando este tipo de exámenes, destaca que es un procedimiento no invasivo (no requiere una incisión en la piel o la inserción de instrumentos o dispositivos médicos) que consiste en evaluar la condición física del deportista, realizándole una carga de esfuerzo progresiva.

¿En qué consiste?

La prueba dura entre 12 y 15 minutos si se realiza en un tapiz rodante o cinta de correr. Tiene una duración un poco mayor, entre 15 y 18 minutos, si se practica sobre una bicicleta estática, en kayak o piragua. Todo dependerá de la disciplina deportiva que practique la persona que va a someterse al examen.

Durante el mismo se monitoriza constantemente el corazón a través del electrocardiograma, que permite registrar todos y cada uno de sus latidos. Esto se realiza desde el reposo previo hasta la recuperación posterior.

Así se comprueba si la frecuencia cardiaca es la correcta en cada momento, si los latidos del corazón nacen del sitio adecuado, si aparecen o no isquemias y arritmias y –en este último caso- averiguar de qué tipo son. Se toma también la tensión arterial para descartar reacciones hipertensivas y valorar la respuesta vascular.

Además, se practica una prueba de esfuerzo directa o ergoespirometría, en la que se monitoriza la función respiratoria durante toda la prueba.

 

Mediante ella se establecen los umbrales ventilatorios aeróbico y anaeróbico, respectivamente, y el consumo máximo de oxígeno, que es el parámetro más representativo de la resistencia aeróbica o la capacidad del individuo de mantener un esfuerzo leve o moderado a lo largo del tiempo (lo que coloquialmente llamamos “fondo físico”).

¿Quién debe someterse a una prueba de esfuerzo?

Toda persona que va a iniciar o ya realiza una práctica deportiva. Se someterán a la prueba de esfuerzo como medida preventiva y con un objetivo de salud. La puede hacer cualquiera.

Se adapta el nivel de esfuerzo y el tipo de ejercicio a la edad y las características particulares de cada paciente.

Debería ser de obligado cumplimiento en todas las competiciones para disminuir el riesgo de muerte súbita en el deportista. En caso de tratarse de deportistas de cierto nivel (ya sea profesional o aficionado) lo aconsejable es que se sometan a una prueba de esfuerzo al menos una vez al año para poder mejorar los resultados de sus entrenamientos, además de conocer su estado físico.

¿En qué casos se debe abortar el examen?

En el momento en el que detectemos anomalías a nivel del electrocardiograma, o en el caso de que la persona presente alguna limitación física para la realización de la prueba.

¿Dónde y por quién debe llevarse a cabo?

En clínicas o centros especializados, y siempre la debe de realizar personal médico capacitado como expertos en educación física y deporte, cardiólogos o neumólogos, entre otros. En la Clínica Tecma, por ejemplo, la indica y supervisa en todo momento el médico especialista en Medicina de la Educación Física y el Deporte, con el apoyo de un diplomado universitario en enfermería.

En función de los antecedentes médicos y de los hábitos de sedentarismo, actividad física o deporte de cada uno, el médico propone la prueba de esfuerzo más adecuada.

¿Cuánto cuesta?

El precio de la prueba ronda los 120 euros. En la clínica Tecma apuntan que hasta el año 2013 las pruebas las solicitaban los deportistas de manera individual pero en los últimos cinco años, debido a la mayor concienciación e información al respecto, son los clubes los que solicitan realizar el test a sus deportistas consiguiendo rebajas en el precio en función del número de personas.

En el centro, un 60% de los deportistas que se someten a la prueba son ‘runners’, y un 40% ciclistas.

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