El mundo se paralizó hace unos meses a causa de la pandemia mundial que todavía nos acompaña. El coronavirus COVID-19 lo frenó todo. Todos los estamentos del planeta se vieron parados y, evidentemente y por desgracia, el deporte no iba a ser menos. Muchas competiciones tuvieron que parar, otras buscaron cómo volver, otras sí lo consiguieron… Ni siquiera los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se pudieron celebrar.

Todo dependía (y depende) de la situación de la pandemia. Y eso hizo que muchos equipos que soñaban con cumplir sus objetivos o luchar por llegar a lo más alto se quedaran de brazos cruzados o, simplemente, se dieran de morros con un comunicado que pusiera que sus respectivas ligas habían terminado.

Uno de los muchos ejemplos de esta última situación lo encontramos en el Club Voleibol Quartà. El primer equipo femenino estaba rozando con los dedos las finales autonómicas y la posibilidad de pelear por ascender a Primera Nacional. La tristeza inundó un vestuario que hoy vuelve a estar motivado en busca de un patrocinio y de un empujón definitivo. Así lo transmite Virginia Carbonell, una entrenadora orgullosa de comandar un bloque volcado con su club.

Estábamos en un grandísimo momento de juego y nos quedamos con la miel en los labios

Virginia Carbonell se hizo con los mandos del equipo la temporada anterior y poco a poco, las piezas fueron encajando. Tanto, que el nivel de juego alcanzado en febrero-marzo fue el mejor. Justo en el momento clave: «Fuimos de menos a más. Llegué la temporada pasada al equipo e iniciamos con un sistema de juego que fuimos mejorando. Estábamos en un nivel de juego brutal, las chicas trabajaban muy bien y teníamos muy buenas dinámicas y una gran unión entre todas nosotras«.

Todo parecía indicar que el camino del CV Quartà estaba reservado a las finales autonómicas, pero la espera de los comunicados solo fue un choque de realidad: «Terminó la temporada de manera abrupta y estábamos a punto de entrar a los puestos que daban acceso a las finales autonómicas y a la fase de ascenso. No teníamos nada claro, pero al final se terminó cancelando la competición. Las chicas se quedaron con la miel en los labios».

Y no es para menos. Los resultados no hicieron más que subir la confianza de un bloque que, de llegar a las finales, no tenía miedo a nada: «Los últimos partidos que jugamos fueron contra las primeras, las terceras, las cuartas… El calendario era muy complicado pero estábamos desplegando un gran juego y teníamos esa ilusión de ir a las finales. Contra las primeras ganamos, por ejemplo. Íbamos a llegar muy bien a esa fase».

La motivación como punto de partida

La unión y la motivación de un vestuario son, en muchísimas ocasiones, más importantes que un buen nivel de juego. El bloque del CV Quartà es el mejor ejemplo: «Empezamos el confinamiento y yo les mandaba trabajo físico para que lo fueran realizando. Enviaba ejercicios para seis de los siete días y lo hacían siempre. Lo compartían en muchas ocasiones por Redes Sociales y todo, por la ilusión. Fue algo brutal».

Luego llegaría la decepción ante la imposibilidad de regresar a la pista a luchar por los objetivos, pero la ilusión ha vuelto al equipo: «Claro, la cancelación fue un golpe duro. Pero hemos podido trabajar un poco durante un mes, sobre todo a nivel psicológico. Y las jugadoras ya están otra vez muy ilusionadas pensando en que esta temporada puede ser la nuestra».

Y así, bajo esa ilusión, Virginia Carbonell tiene todo preparado para volver al trabajo tanto en la pista como en casa si, por desgracia, se vuelve a parar todo: «Ellas quieren trabajar a tope y así vamos a trabajar. Estamos preparadas para todo. Ya volvimos con mucha cautela tras el confinamiento y si vuelve a ocurrir, vamos a intentar que cada una de ellas tenga un balón para que la desadaptación al juego no sea tan grande».

Los desplazamientos, los gastos que conlleva… No es sencillo

Pero entre motivación, ilusión y objetivos deportivos, el CV Quartà se encuentra con la cruda realidad de unas exigencias económicas a las que solo se pueden acceder con unos patrocinios que, por desgracia, todavía no llegan: «No es sencillo, pero sobre todo por los desplazamientos. De ascender y cumplir ese sueño pueden tocarte Ceuta, Melilla, Baleares… Comprar billetes para 15 personas sube mucho el presupuesto. Los avales, las fichas y la inscripción son caras, pero lo que realmente encarece son todos los gastos que conlleva«.

Eso sí, para conseguir algo hay que pelear por ello y las jugadoras del primer equipo no solo lo hacen sobre la pista: «Las jugadoras están muy motivadas con el proyecto y han preparado un dossier, se están moviendo… Pero es complicado. El patrocinio es muy difícil y algunas empresas quieren apostar solo por la élite pura y dura. Es difícil, pero las jugadoras están volcadas. Son unas cracks«.

Fotos: Club Voleibol Quartà.

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