Tokio iba a cambiar un poco las reglas de clasificación para los Juegos en el vóley playa. Los primeros preolímpicos daban la oportunidad a las parejas de clasificarse casi un año antes. Tres fases de grupos y una final que se disputaron en tan solo cinco días con dos plazas en juego.

“Eran muchos partidos seguidos con poco descanso debido a las horas de sol, porque anochecía muy pronto”, afirma Liliana.

Pese a que podían conseguirlo también por el ranking internacional donde hay quince plazas reservadas y ellas eran octavas, querían intentarlo. Al pasar las tres fases de grupos, solo les quedaba la final. Solo pensaban en una cosa: “ahora vamos a por todas”.

Ittlinger y Laboureur. Las alemanas fueron una de las pocas parejas capaces de derrotar a las españolas, aunque ahora había surgido un cambio para Lili: “Al habernos ganado antes, la presión estaba sobre ellas que eran las que tenían que volvernos a ganar”. Todo ello sumado a que querían la “revancha” y estaban dispuestas a pelear hasta el último punto, y no se iban a rendir. Efectivamente, consiguieron vencer a la pareja germana tras remontar un set en contra.

«Me quedé un poco parada porque estábamos tan metidas en el partido intentando no pensar de más, no me esperaba que la alemana sacara fuera. Pensé, ¿ya está? Me costó asimilarlo durante un momento, pero Elsa ya estaba ahí saltando, tirándose al suelo, llorando y me fui corriendo a por ella. Una alegría muy grande.”

Londres en 2012, Río de Janeiro en 2016… y ahora Tokio en 2020

Con el billete en la mano toca pensar en el futuro; son los terceros juegos de Liliana Fernández y Elsa Baquerizo. Dos ediciones consecutivas llegando a los octavos de final y ahora quieren mirar más arriba: “Vamos a ir con la idea de luchar por los puestos de arriba, de luchar por medalla y seguir con nuestro juego”.

Para conseguir un camino más asequible ahora toca pelear por ser cabeza de serie, ya que aunque tengan la plaza asegurada, deben seguir compitiendo para estar en un grupo más favorable cuando se haga el sorteo. “Ahora mismo estamos como segundas de grupo y es importante no caer, e incluso subir si se puede”, nos explicaba sobre su situación ahora mismo.

La conciliación de su maternidad con el deporte de élite

En muchas ocasiones, una gran carrera deportiva acaba para poder formar una familia. Hace más de dos años y medio que Liliana Fernández tomó la decisión de tener la suya propia. Tuvo el apoyo del Proyecto FER, entre otros patrocinadores, que respaldaron su decisión sin dudarlo.

“Necesitamos más empresas implicadas en el deporte minoritario. Aparte de apoyar a deportistas de élite ya hechos, también lo hacen con jóvenes promesas con proyección. Instituciones o fundaciones como Proyecto FER o la UCAM realizan una labor muy importante.”

Recientemente, Ona Carbonell ha decidido dejar el deporte en un segundo plano para dedicarle más tiempo a la familia. Ante esto ella solo ve dos vías: seguir estando a un nivel alto, en los Juegos Olímpicos e incluso optando a medalla pero renunciando a parte de su vida personal y familiar, o cambiar los objetivos a la baja. “La conciliación no existe en el deporte femenino”, afirma Lili.

En su caso sabía que quería seguir compitiendo: “volver y disputar otros Juegos”. Estuvo hasta el octavo mes de embarazo entrenando y se mantuvo “muy activa”. Esto le permitió volver al primer nivel con más facilidad. En todo momento ha tenido el apoyo de su marido, ya que entre los dos se han compaginado los horarios para que no le faltara de nada a su hijo y mientras ella luchaba por sus objetivos deportivos.

“Si hago una doble sesión en la playa prácticamente tengo una hora u hora y media de descanso, luego ya me meto en la segunda sesión. Si ese día tengo una de playa y luego pesas, ese día prácticamente llego a casa, me ducho, me cambio y me voy a hacer la sesión de pesas.”

Esos objetivos podrían cambiar después de Tokio, quizás ampliar la familia o dedicarle más tiempo de calidad a la que tienen. Lo que está claro es que Liliana Fernández viajará junto a Elsa Baquerizo a sus terceros Juegos Olímpicos. Con el sueño «indescriptible» de hacer sonar el himno de España en el Parque Shiokaze.

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