Con el pulso controlado pero la ilusión desbordada, Pablo Herrera afronta otra temporada en la élite siendo consciente de todo lo que le va sucediendo. Ya no es aquel joven que se colgó la plata en Atenas 2004. “En aquel momento no era consciente de lo que acababa de lograr”, recuerda al tiempo que piensa lo que tiene por delante, siempre sin perder de vista que en el horizonte está Tokio 2020, los que pueden ser sus quintos Juegos, ahí es nada.

Estamos novenos del ránking mundial y olímpico, por tanto, no estamos clasificados matemáticamente pero sacando un par de buenos resultados a principios de año lo tendríamos ya hecho, aunque oficialmente no se cerrarán las listas hasta junio”.

Antes de que eso ocurra, el de Castellón de la Plana apura sus últimos días de vacaciones y de descanso antes de tomar un primer avión que le lleve a Tenerife para arrancar la pretemporada. “Eso será el principio y después, si no pasa nada, tendremos en Doha nuestro primer torneo”.

Sin embargo, tiene claro que haciendo pareja junto a su compañero Adrián Gavira, con quien lleva compartiendo carrera deportiva los últimos 12 años, va a reducir y seleccionar mejor el calendario.

“Vamos a reducir el calendario con el objetivo de llegar lo mejor posible a Tokio”

“Nos centraremos en los torneos cinco estrellas y también jugaremos alguno de cuatro estrellas, pero este año pasado llegamos a jugar unos 14 o 15 torneos, y llegamos al Mundial un poco saturados físicamente y también cansados mentalmente. Por eso, este año descartaremos torneos que sean muy seguidos».

El año pasado arrancamos bien, con un par de medallas, pero este año lo importante es llegar muy bien preparados a Tokio. Por lo tanto, se trata de sacar esos buenos resultados que nos garanticen la plaza y después pensar en los Juegos”, explica a Yo Soy Noticia el jugador de vóley playa valenciano.

Lo que está claro es que Pablo Herrera está ante la oportunidad de jugar sus quintos Juegos, pues ya estuvo en Atenas 2004, donde logró la medalla de plata haciendo pareja con un veterano como Javier Bosma, Pekín 2008, Londres 2012 y Río 2016. “No me da vértigo pensarlos, no es esa sensación, pero sí que es verdad que si echo la mirada atrás me doy cuenta de que hay pocos jugadores de vóley que hayan llegado a los cinco Juegos».

El tema está en el trabajo, en el entrenamiento diario, en ir año tras año y, si se van cumpliendo los objetivos te tomas esto como una recompensa. Pero sí es verdad que nunca me podría haber imaginado esto cuando empecé mi carrera”, añade.

Cambia el gesto cuando piensa en una posible medalla que suponga la guinda definitiva a una trayectoria formidable. “A ver, nosotros entrenamos para eso, para una medalla, eso está claro. Además, Adrián tiene muchas ganas, llevamos mucho tiempo juntos y la verdad es que sería muy bonito poder conseguirla”. Con el paso del tiempo y de las competiciones, Pablo Herrera se ha ido dando cuenta de lo complicado que es pisar el podio en unos Juegos.

Después de lo de Atenas y de ver pasar otros Juegos te das cuenta de lo complicado que es meterse en medallas. Con el paso del tiempo lo valoras mucho más”.

Queda Pablo Herrera para rato

Llegue o no la medalla, lo que no planea por su cabeza es la idea de la retirada. “No pienso que estos vayan a ser mis últimos Juegos, de momento no. Si físicamente estoy bien y los resultados van acompañando, hay que seguir. Además, tengo una muy buena relación con Adrián, ¿por qué no continuar? Aunque sí soy consciente que todo va a ir dependiendo del físico, de cómo me encuentre y de los resultados. Yo intento prepararme año a año e iré viendo poco a poco, paso a paso”, cuenta sobre sus planes futuros.

A pesar de llevar tantos años en la élite, es perfectamente consciente de que la repercusión de una cita olímpica no tiene parangón con absolutamente nada. “A nivel mediático no hay nada como unos Juegos Olímpicos. Es una cita que la vas preparando durante cuatro años, y lo haces pensando en las medallas. Luego te das cuenta de que para poder pelearlas tienes que llegar muy bien mental y físicamente, y luego también tener ese puntito de suerte que siempre hace falta”.

El futuro del vóley playa español

Sin pensar en el mañana, Pablo Herrera sí es consciente de la edad que tiene y de que España debe ir pensando en un relevo, en que salga un nuevo jugador que lleve el peso de este deporte sobre sus espaldas en los próximos años.

Ahora se está trabajando bien en Lorca, pero es verdad que hay un hueco generacional de casi diez años porque se dejó de trabajar un tiempo”.

Él mismo sabe lo complicado que es estar en la élite tanto tiempo sin tener baches importantes. “Hay un par de parejas nuevas ahora, que ya han sacado algunos resultados buenos, pero ahora van a tener que seguir trabajando mucho para poder seguir creciendo y compitiendo contra las mejores parejas del mundo”.

Lo que está claro es que el vóley playa español sigue estando en buenas manos con la presencia de un Pablo Herrera que acumula talento y experiencia y que forma un gran tándem con Adrián Gavira, una pareja totalmente consagrada en la élite, que tiene encarrilada su clasificación para los Juegos de Tokio, una cita en la que buscará su segunda medalla olímpica y completar un ciclo cuyo final todavía no se vislumbra en el horizonte.

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